Terapia para los celos entre hermanos
Los celos entre hermanos son normales y casi universales. Otra cosa es cuando la convivencia se ha vuelto una guerra diaria o cuando uno de ellos ha empezado a apagarse.
No compiten por juguetes: compiten por vosotros
Los celos entre hermanos aparecen porque hay un recurso que de verdad es limitado: vuestra atención. No es un defecto de carácter ni una maldad, es una respuesta lógica a tener que compartir a las personas más importantes de su vida.
Se disparan sobre todo en momentos concretos: la llegada de un hermano, una etapa en la que uno necesita más —una enfermedad, un problema escolar—, o cuando uno de los dos destaca mucho en algo.
Lo que más los alimenta no son las peleas, es la comparación. Y ojo, porque compara todo el rato aunque vosotros no lo hagáis en voz alta: mide los tiempos, los tonos y a quién se le pide más. Cuando la comparación sí se verbaliza, aunque sea a favor de uno, el efecto es peor.
Otra pieza importante son los roles que se van fijando: el responsable, el gracioso, el difícil. Una vez repartidos, cada uno tiende a sostener el suyo, y el que lleva el papel de difícil lo interpreta cada vez mejor.
Cuándo dejan de ser normales
Discutir, competir y chivarse forma parte de tener hermanos, y de hecho es donde se aprende a negociar.
Lo que conviene mirar es la intensidad, si hay daño y si alguno lo está pasando mal de verdad.
Contadnos qué habéis notado- Peleas diarias que ya no se resuelven solas.
- Hay agresiones físicas, o alguno acaba llorando siempre.
- Uno ha vuelto atrás: pipí en la cama, hablar como más pequeño.
- Uno se ha apagado, o ha dejado de pedir cosas.
- Se compara constantemente con su hermano y sale perdiendo.
- Rechaza al hermano de forma sostenida, no solo en el enfado.
- Uno rompe o esconde cosas del otro.
- La convivencia en casa gira alrededor de sus conflictos.
Un detalle que orienta: si el que parece llevarse bien con todos es el que ha dejado de dar problemas y de pedir cosas, ese también necesita atención.
Ajustar el reparto, no repartir culpas
El trabajo casi nunca consiste en corregir al que se porta peor. Consiste en mirar cómo está repartida la atención, qué roles se han fijado y cómo se gestionan los conflictos.
Se trabaja con vosotros y, según el caso, con los hermanos juntos o por separado.
Ver el reparto real
A quién se atiende más, a quién se le exige más y qué papel ha acabado ocupando cada uno. Suele haber sorpresas.
Tiempo exclusivo
Ratos cortos y previsibles con cada uno. Es la medida sencilla que más cambia las cosas.
Cambiar cómo se gestionan las peleas
Dejar de buscar culpables, no arbitrar todo y enseñarles a resolver ellos lo que puedan resolver.
Deshacer los roles
Sacar a cada uno del papel en el que se ha quedado, empezando por el que lleva el de difícil.
Trabajar con quien lo necesite
Si uno de ellos ha desarrollado un problema de autoestima o de ánimo, eso se trata aparte.
La persona del equipo que lleva esto
Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Es normal que se lleven tan mal?
Intervenimos en cada pelea y no mejora.
Uno se ha vuelto insoportable desde que nació el pequeño.
¿Al mayor le pedimos que ceda?
El otro no se queja nunca. ¿Está bien?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Que en casa deje de haber una guerra diaria
Contadnos cómo se llevan y os decimos por dónde se empieza.



