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Celos entre hermanos

Terapia para los celos entre hermanos

Los celos entre hermanos son normales y casi universales. Otra cosa es cuando la convivencia se ha vuelto una guerra diaria o cuando uno de ellos ha empezado a apagarse.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Trabajo con los padresEl reparto se ajusta en casa
Sin culpablesNo se trata de quién empezó
Tiempo a solasLa medida que más funciona
Qué pasa

No compiten por juguetes: compiten por vosotros

AtenciónComparaciónRolPeleas
Ver autoestima infantil

Los celos entre hermanos aparecen porque hay un recurso que de verdad es limitado: vuestra atención. No es un defecto de carácter ni una maldad, es una respuesta lógica a tener que compartir a las personas más importantes de su vida.

Se disparan sobre todo en momentos concretos: la llegada de un hermano, una etapa en la que uno necesita más —una enfermedad, un problema escolar—, o cuando uno de los dos destaca mucho en algo.

Lo que más los alimenta no son las peleas, es la comparación. Y ojo, porque compara todo el rato aunque vosotros no lo hagáis en voz alta: mide los tiempos, los tonos y a quién se le pide más. Cuando la comparación sí se verbaliza, aunque sea a favor de uno, el efecto es peor.

Otra pieza importante son los roles que se van fijando: el responsable, el gracioso, el difícil. Una vez repartidos, cada uno tiende a sostener el suyo, y el que lleva el papel de difícil lo interpreta cada vez mejor.

Señales

Cuándo dejan de ser normales

Discutir, competir y chivarse forma parte de tener hermanos, y de hecho es donde se aprende a negociar.

Lo que conviene mirar es la intensidad, si hay daño y si alguno lo está pasando mal de verdad.

Contadnos qué habéis notado
  • Peleas diarias que ya no se resuelven solas.
  • Hay agresiones físicas, o alguno acaba llorando siempre.
  • Uno ha vuelto atrás: pipí en la cama, hablar como más pequeño.
  • Uno se ha apagado, o ha dejado de pedir cosas.
  • Se compara constantemente con su hermano y sale perdiendo.
  • Rechaza al hermano de forma sostenida, no solo en el enfado.
  • Uno rompe o esconde cosas del otro.
  • La convivencia en casa gira alrededor de sus conflictos.

Un detalle que orienta: si el que parece llevarse bien con todos es el que ha dejado de dar problemas y de pedir cosas, ese también necesita atención.

De todas las medidas que se pueden tomar, la que mejor resultado da es también la más sencilla: un rato a solas con cada uno, corto pero exclusivo y previsible. Quince minutos al día, sin hermanos, sin móvil y sin aprovechar para corregir nada. No hace falta que sea largo: hace falta que sea suyo y que sepa cuándo toca. Y tres cosas que conviene retirar: comparar en voz alta aunque sea a favor de uno, buscar quién empezó cada pelea —casi nunca se averigua y siempre deja a alguien de culpable— y pedirle al mayor que ceda por ser el mayor, que es el origen de muchos rencores que duran décadas.
Tratamiento

Ajustar el reparto, no repartir culpas

El trabajo casi nunca consiste en corregir al que se porta peor. Consiste en mirar cómo está repartida la atención, qué roles se han fijado y cómo se gestionan los conflictos.

Se trabaja con vosotros y, según el caso, con los hermanos juntos o por separado.

Ver el reparto real

A quién se atiende más, a quién se le exige más y qué papel ha acabado ocupando cada uno. Suele haber sorpresas.

Tiempo exclusivo

Ratos cortos y previsibles con cada uno. Es la medida sencilla que más cambia las cosas.

Cambiar cómo se gestionan las peleas

Dejar de buscar culpables, no arbitrar todo y enseñarles a resolver ellos lo que puedan resolver.

Deshacer los roles

Sacar a cada uno del papel en el que se ha quedado, empezando por el que lleva el de difícil.

Trabajar con quien lo necesite

Si uno de ellos ha desarrollado un problema de autoestima o de ánimo, eso se trata aparte.

Quién lo trata

La persona del equipo que lleva esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Es normal que se lleven tan mal?
Discutir y competir es normal y hasta útil: es donde aprenden a negociar. Lo que no es normal es que haya daño constante o que uno lo esté pasando mal de verdad.
Intervenimos en cada pelea y no mejora.
Arbitrar todas las peleas suele empeorarlas, porque convierte cada conflicto en un juicio con ganador. Se trabaja qué peleas se dejan resolver a ellos y en cuáles sí hay que entrar.
Uno se ha vuelto insoportable desde que nació el pequeño.
Es de los motivos más frecuentes y suele responder rápido. Lo que hay detrás no es maldad, es una pérdida de posición. El tiempo exclusivo es la medida que más lo alivia.
¿Al mayor le pedimos que ceda?
Es un reflejo muy común y conviene revisarlo. Pedir siempre al mayor por ser el mayor genera rencores duraderos y le enseña que sus necesidades van después. Se busca otro criterio.
El otro no se queja nunca. ¿Está bien?
Conviene mirarlo. A veces el hermano que no da problemas es el que ha aprendido a no pedir para no molestar, y ese también necesita su sitio.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos. Si el trabajo pasa a ser con toda la familia, se hace como terapia familiar, que son 80 € la sesión. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que en casa deje de haber una guerra diaria

Contadnos cómo se llevan y os decimos por dónde se empieza.

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