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Trastornos de la alimentación

Tratamiento de los trastornos de la alimentación en adolescentes

Si hay algo que la investigación deja claro en trastornos alimentarios es esto: el tiempo que pasa hasta empezar el tratamiento es uno de los factores que más pesa en el pronóstico. Ante la duda, se consulta.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Tratamiento familiarEl de más evidencia en menores
Cuanto antes, mejorEl tiempo cuenta de verdad
Coordinación médicaCon su pediatra o su médico
Qué le pasa

No va de comida: va de control

RestricciónAtracónCompensaciónControl
Ver TCA en adultos

Los trastornos de la conducta alimentaria se parecen en el fondo y se distinguen en la forma. La anorexia nerviosa restringe la ingesta con un miedo intenso a ganar peso. La bulimia nerviosa alterna atracones con conductas compensatorias. El trastorno por atracón tiene los atracones sin la compensación.

Existe además el trastorno por evitación o restricción de la ingesta, que aparece antes y no tiene que ver con el peso ni con la imagen: come muy poco o muy poca variedad por textura, por miedo a atragantarse o por falta de interés. Se confunde a menudo con ser muy tiquismiquis.

Debajo de casi todos hay lo mismo: la comida se ha convertido en la forma de manejar algo que no se maneja de otra manera. Angustia, exigencia, una sensación de no controlar nada más.

Hay un dato que conviene tener claro: el peso no es el criterio. Existen cuadros graves con peso completamente normal, y esperar a que se note en la báscula es perder los meses que más valen.

Señales tempranas

Lo que aparece antes de que se note

Casi nunca empieza por dejar de comer. Empieza por cambios pequeños que se explican solos: quiere comer más sano, se ha apuntado al gimnasio, ha dejado el azúcar.

Lo que enciende la alarma es que se acumulen y que se vuelvan rígidos.

Contadnos qué habéis notado
  • Ha eliminado grupos enteros de alimentos, y la lista crece.
  • Evita comer con la familia o con amigos, siempre con excusa.
  • Va al baño justo después de comer.
  • Corta la comida en trozos muy pequeños, o come muy despacio.
  • Ejercicio que no admite descanso ni excepciones.
  • Se mira, se pesa o se pellizca muchas veces al día.
  • Cambios de ánimo fuertes alrededor de las comidas.
  • Desaparece comida de casa, o aparecen envoltorios escondidos.

Ante la duda, consultad. Una valoración que descarta no cuesta nada; esperar seis meses a ver si se pasa, sí. Muchas veces lo primero que se ve es la preocupación por la imagen corporal, y también merece consulta por sí sola.

Durante décadas se culpó a las familias de los trastornos alimentarios. Hoy sabemos que eso era falso y que además hacía daño. El tratamiento con más respaldo científico para la anorexia en adolescentes es el tratamiento familiar, y su premisa es justo la contraria: sois vosotros quienes estáis en mejor posición para ayudar, con apoyo y con pautas muy concretas. En las primeras fases eso significa que tomáis vosotros las decisiones sobre la alimentación, no para imponeros, sino porque en ese momento quien decide no es él, es el trastorno. Según avanza, se le va devolviendo el control.
Tratamiento

Recuperar salud primero, entender después

El tratamiento es siempre coordinado con su médico o pediatra: hay una parte física que hay que vigilar y que no es negociable.

A partir de ahí, en menores el enfoque de elección es el tratamiento familiar, con vosotros dentro desde la primera sesión.

Evaluación y control médico

Qué está pasando, desde cuándo y en qué estado físico está. Esta parte se coordina y no espera.

Restablecer la alimentación

Con pautas concretas para casa y con vosotros al mando de las comidas mientras haga falta. Es lo primero, siempre.

Bajar la angustia asociada

Herramientas para sostener el malestar que aparece al comer sin recurrir a la compensación.

Trabajar lo de debajo

Exigencia, control, imagen corporal, ansiedad o algo que pasó. Es lo que evita que vuelva en otra forma.

Devolverle la autonomía

Ir traspasándole el control de su alimentación según se sostiene. Esa transición es parte del tratamiento, no el final.

Prevenir recaídas

Que reconozca sus propias señales tempranas y sepa qué hacer, también dentro de un año.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Come, pero muy poco y muy raro. ¿Es un TCA?
Puede serlo. No hace falta dejar de comer ni perder mucho peso: existen cuadros graves con peso normal. Lo que se valora es la rigidez, el malestar y qué está haciendo la comida en su vida. En niños más pequeños suele ser otra cosa: mirad los problemas de alimentación en niños.
¿Es culpa nuestra?
No. Esa idea se sostuvo durante años y está desmentida. Hoy el tratamiento de elección en menores es el familiar precisamente porque sois el recurso más potente que tiene, no la causa.
Dice que está bien y que le dejemos en paz.
Es muy característico: la falta de conciencia de enfermedad forma parte del cuadro, sobre todo en anorexia. No es que os esté mintiendo, es que en ese momento no lo ve. Por eso el tratamiento no espera a que él lo pida.
¿Hay que ingresarle?
En la mayoría de los casos no. El ingreso se valora cuando hay riesgo médico o cuando lo ambulatorio no consigue frenar el deterioro. Lo habitual es tratamiento ambulatorio con seguimiento médico.
¿Cuánto dura el tratamiento?
Suele ser largo, y conviene saberlo desde el principio para no desanimarse a los dos meses. Los datos son consistentes en una cosa: cuanto antes se empieza, mejor y más corto.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el pediatra o el instituto no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Cuanto antes se empieza, mejor

Contadnos qué habéis notado. Una valoración que descarta no cuesta nada.

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