Tratamiento de los trastornos de la alimentación en adolescentes
Si hay algo que la investigación deja claro en trastornos alimentarios es esto: el tiempo que pasa hasta empezar el tratamiento es uno de los factores que más pesa en el pronóstico. Ante la duda, se consulta.
Los trastornos de la conducta alimentaria se parecen en el fondo y se distinguen en la forma. La anorexia nerviosa restringe la ingesta con un miedo intenso a ganar peso. La bulimia nerviosa alterna atracones con conductas compensatorias. El trastorno por atracón tiene los atracones sin la compensación.
Existe además el trastorno por evitación o restricción de la ingesta, que aparece antes y no tiene que ver con el peso ni con la imagen: come muy poco o muy poca variedad por textura, por miedo a atragantarse o por falta de interés. Se confunde a menudo con ser muy tiquismiquis.
Debajo de casi todos hay lo mismo: la comida se ha convertido en la forma de manejar algo que no se maneja de otra manera. Angustia, exigencia, una sensación de no controlar nada más.
Hay un dato que conviene tener claro: el peso no es el criterio. Existen cuadros graves con peso completamente normal, y esperar a que se note en la báscula es perder los meses que más valen.
Lo que aparece antes de que se note
Casi nunca empieza por dejar de comer. Empieza por cambios pequeños que se explican solos: quiere comer más sano, se ha apuntado al gimnasio, ha dejado el azúcar.
Lo que enciende la alarma es que se acumulen y que se vuelvan rígidos.
Contadnos qué habéis notado- Ha eliminado grupos enteros de alimentos, y la lista crece.
- Evita comer con la familia o con amigos, siempre con excusa.
- Va al baño justo después de comer.
- Corta la comida en trozos muy pequeños, o come muy despacio.
- Ejercicio que no admite descanso ni excepciones.
- Se mira, se pesa o se pellizca muchas veces al día.
- Cambios de ánimo fuertes alrededor de las comidas.
- Desaparece comida de casa, o aparecen envoltorios escondidos.
Ante la duda, consultad. Una valoración que descarta no cuesta nada; esperar seis meses a ver si se pasa, sí. Muchas veces lo primero que se ve es la preocupación por la imagen corporal, y también merece consulta por sí sola.
Recuperar salud primero, entender después
El tratamiento es siempre coordinado con su médico o pediatra: hay una parte física que hay que vigilar y que no es negociable.
A partir de ahí, en menores el enfoque de elección es el tratamiento familiar, con vosotros dentro desde la primera sesión.
Evaluación y control médico
Qué está pasando, desde cuándo y en qué estado físico está. Esta parte se coordina y no espera.
Restablecer la alimentación
Con pautas concretas para casa y con vosotros al mando de las comidas mientras haga falta. Es lo primero, siempre.
Bajar la angustia asociada
Herramientas para sostener el malestar que aparece al comer sin recurrir a la compensación.
Trabajar lo de debajo
Exigencia, control, imagen corporal, ansiedad o algo que pasó. Es lo que evita que vuelva en otra forma.
Devolverle la autonomía
Ir traspasándole el control de su alimentación según se sostiene. Esa transición es parte del tratamiento, no el final.
Prevenir recaídas
Que reconozca sus propias señales tempranas y sepa qué hacer, también dentro de un año.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsAppCome, pero muy poco y muy raro. ¿Es un TCA?
¿Es culpa nuestra?
Dice que está bien y que le dejemos en paz.
¿Hay que ingresarle?
¿Cuánto dura el tratamiento?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Cuanto antes se empieza, mejor
Contadnos qué habéis notado. Una valoración que descarta no cuesta nada.


