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Estilos de apego

Los estilos de apego en la pareja

Uno necesita hablarlo ya y el otro necesita espacio para poder pensar. Ninguno de los dos está haciendo nada mal, y aun así se hacen daño cada vez.

Terapia centrada en emocionesEl apego es su terreno
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Sin etiquetasEl apego describe, no define
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué es

Cómo aprendiste que se quiere

SeguroAnsiosoEvitativoDesorganizado
Ver problemas de comunicación

El estilo de apego es la forma en que cada uno aprendió, muy pronto, qué esperar de las personas importantes: si estarían cuando hicieran falta, y qué había que hacer para que estuvieran. Eso deja una manera de reaccionar cuando el vínculo se tambalea.

De forma muy resumida: quien tiene un apego más ansioso se acerca cuando siente amenaza y necesita resolverlo ya, porque la distancia le resulta insoportable. Quien lo tiene más evitativo se aleja para regularse, porque la intensidad le desborda y necesita espacio antes de poder hablar.

Los dos están haciendo lo mismo: intentar sentirse seguros. El problema es que lo que calma a uno es exactamente lo que alarma al otro. Perseguir confirma al que huye que va a ser invadido; retirarse confirma al que persigue que va a ser abandonado. Y así el baile se acelera solo.

Conviene decir dos cosas. El apego no es una etiqueta ni un diagnóstico: describe una tendencia, no una condena. Y se puede cambiar: una relación que responde de otra forma, sostenida en el tiempo, modifica el patrón.

Señales

El baile de perseguir y alejarse

Nadie llega a consulta hablando de apego. Se llega diciendo que uno agobia y el otro es frío.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Uno necesita resolverlo en el momento y el otro necesita irse.
  • Cuanto más insiste uno, más se cierra el otro.
  • Se ha dicho «me agobias» y también «eres un témpano».
  • Un silencio de horas se vive como un abandono.
  • A uno le cuesta pedir sin sonar a reproche.
  • Al otro le cuesta decir lo que siente aunque lo sienta.
  • Después de una discusión, uno quiere hablar y el otro dormir.
  • Este mismo patrón ya estaba en relaciones anteriores.

Que se repita en varias relaciones no significa que el problema seas tú. Significa que hay un aprendizaje antiguo que se activa siempre igual.

El que persigue no es un pesado y el que se aleja no es un insensible. Las mediciones fisiológicas muestran algo que sorprende a casi todas las parejas: quien se retira suele tener la activación por las nubes, más incluso que quien insiste. Callar no es indiferencia, es lo único que se le ocurre para que no vaya a peor. Entender esto suele ser el primer momento de alivio de verdad en la terapia, porque de golpe la conducta del otro deja de leerse como un ataque y pasa a leerse como lo que es: miedo.
Tratamiento

Cambiar el baile, no a la persona

El objetivo no es que uno se vuelva menos ansioso ni que el otro se vuelva más expresivo. Es que dejéis de activaros mutuamente el mismo mecanismo.

Se trabaja sobre todo desde la terapia centrada en emociones, que es el enfoque con más apoyo para esto en pareja.

Identificar el estilo de cada uno

Sin etiquetas ni diagnósticos: cómo reacciona cada uno cuando el vínculo se tambalea y de dónde le viene.

Dibujar el baile

El bucle completo, con quién se mueve primero y qué dispara al otro. Verlo fuera quita a los dos el papel de culpable.

Nombrar el miedo

Qué teme de verdad cada uno debajo del reproche o del silencio. Es la parte que casi nunca se ha dicho en voz alta.

Responder distinto

Que el que huye aprenda a quedarse un poco más y el que persigue a pedir sin acusar. Se practica aquí, no en casa.

Reparar las veces que falla

Va a volver a pasar. Lo que cambia una relación no es no fallar, es saber volver rápido y sin factura.

Quién lo trata

Las personas del equipo que llevan esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con alguna de ellas con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las parejas

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

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¿El apego se puede cambiar?
Sí. Se llama seguridad ganada y está bien documentada: una relación que responde de otra forma, sostenida en el tiempo, modifica el patrón. No es rápido, pero ocurre.
¿Y si mi pareja no quiere venir?
Se puede empezar solo. Trabajar tu parte del baile cambia la secuencia, porque el otro deja de recibir lo que le disparaba. Muchas veces acaba entrando.
Me pasa lo mismo en todas mis relaciones.
Es la señal más clara de que hay un patrón de apego debajo. No significa que elijas mal: significa que reaccionas igual ante lo mismo, y eso se trabaja.
¿Esto no es echarle la culpa a la infancia?
No. Entender de dónde viene algo no exime de nada ni sirve para señalar a nadie. Sirve para dejar de vivirlo como un defecto de carácter y poder cambiarlo.
¿Cuántas sesiones hacen falta?
Para el patrón de apego suelen hacer falta más que para un motivo puntual: entre doce y veinte sesiones. En la evaluación os damos una estimación real.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de pareja, de 60 minutos. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que dejéis de bailar el mismo baile

Contadnos cómo suele empezar y os decimos si podemos ayudaros.

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