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Familias reconstituidas

Terapia para familias reconstituidas en Murcia

Dos casas, dos historias y unas normas que no coinciden. La pareja funciona, y aun así en casa hay una tensión de fondo que nadie sabe muy bien cómo nombrar.

Enfoque sistémicoMiramos el conjunto, no a uno
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Las dos casas en el mapaAunque solo venga una
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

Una familia nueva no empieza de cero

Dos historiasNormas distintasEl lugar de cada unoLealtades
Ver hijos en medio de la separación

Una familia reconstituida no es una familia que empieza: es una familia que se junta con historia previa, con costumbres ya hechas y con vínculos que existían antes que la pareja.

De ahí salen casi todas las fricciones. Los hijos no eligieron esta casa. La nueva pareja llega a un sitio donde ya había normas. Y todos intentan comportarse como si esto fuera lo mismo que una familia de siempre, cuando no lo es y no tiene por qué serlo.

El error más común es querer ir rápido: exigir cariño desde el principio, que la nueva pareja ejerza de padre o madre desde el primer mes, o llamar familia a algo que todavía se está construyendo. El vínculo se gana con tiempo compartido, no con títulos.

Y hay una regla que resuelve muchísimo: al principio, las normas y las consecuencias las pone el padre o la madre biológico. La nueva pareja las sostiene, no las dicta. Eso cambia por completo cómo se recibe cada límite.

Señales

Cuando cada uno sabe que sobra un poco

La mayoría de estas familias funcionan razonablemente bien. Lo que las agota es una tensión de fondo constante.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Los hijos comparan constantemente con la otra casa.
  • La nueva pareja siente que no pinta nada cuando hay que poner un límite.
  • Se han oído frases como «tú no eres mi padre» o «tú no eres mi madre».
  • Las normas cambian según en qué casa esté cada uno.
  • Alguno de los hijos se ha ido replegando desde que empezó la convivencia.
  • Hay celos entre los hijos de uno y los del otro.
  • La pareja discute por los hijos del otro más que por los propios.
  • Se evitan ciertos temas para no romper la paz.

Que un hijo tarde en aceptar a la nueva pareja no significa que no vaya a hacerlo. Significa que necesita tiempo, y el tiempo aquí es de años, no de meses.

Durante los primeros años, las normas y las consecuencias las pone el padre o la madre biológico, y la nueva pareja las sostiene. No es una cuestión de autoridad ni de rango: es que un límite puesto por alguien con quien todavía no hay vínculo se recibe como una imposición de un extraño, y quema el poco terreno ganado. La nueva pareja construye relación por otro lado —tiempo juntos, cosas compartidas, estar disponible— y con los años acaba pudiendo poner límites sin que salte nada.
Tratamiento

Darle a cada uno un lugar que pueda ocupar

El objetivo no es convertir esto en una familia tradicional. Es que cada uno tenga un sitio claro y que las reglas del juego dejen de cambiar.

Se trabaja con la pareja, con los hijos según la edad, y con la familia entera en algunos tramos. La otra casa entra en el mapa aunque no venga nadie de allí.

Dibujar las dos casas

Quién es quién, quién vive dónde, qué normas hay en cada sitio y qué se espera de cada uno. Casi nunca está dicho en voz alta.

Colocar a la nueva pareja

Qué papel ocupa ahora y cuál no le toca todavía. Quitarle el papel de padre o madre suele aliviar a todos, incluida ella.

Acordar las normas de esta casa

Pocas, claras y aplicables a todos los que viven aquí. Que en la otra casa sean distintas es normal y no hay que igualarlo.

Dar espacio a los vínculos previos

Que cada padre tenga tiempo a solas con sus hijos. Sin eso, el hijo siente que ha perdido a su padre además de haber ganado una casa.

Ir despacio a propósito

Objetivos por meses, no por semanas. La literatura habla de años para que una familia reconstituida se sienta familia, y saberlo quita mucha presión.

Quién lo trata

La persona del equipo que lleva esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las familias

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Mi hijo no acepta a mi pareja, ¿qué hago?
Lo primero, no exigirle cariño: no funciona y agrava. Se pide respeto y convivencia, no afecto. El afecto llega con tiempo compartido, si llega, y muchas veces llega.
¿Puede mi pareja castigar a mis hijos?
Al principio, mejor no. El límite lo pone quien ya tenía vínculo y la pareja lo sostiene. Con los años eso se va abriendo de forma natural, sin necesidad de decretarlo.
En la otra casa hay otras normas y es un caos.
Las normas de cada casa no tienen por qué coincidir, y pelear por igualarlas suele salir mal. Lo que sí importa es que dentro de cada casa sean estables.
¿Tienen que venir los hijos?
Depende de la edad y del momento. Se empieza con los adultos y se les invita cuando tiene sentido, nunca con la sensación de que vienen a que les corrijan.
¿Y si el conflicto es con mi ex?
Se trabaja aparte, porque es otro nudo. Mira hijos en medio de la separación, que es donde se aborda la coparentalidad.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de 60 minutos, vengan dos personas o cinco. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que esta casa acabe siendo vuestra

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