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Enfermedad u hospitalización

Apoyo psicológico en enfermedad y hospitalización infantil

Una enfermedad no ocurre solo en el cuerpo del niño: ocurre en toda la casa. Y hay una parte de esto —el miedo a las pruebas, la adaptación, los hermanos— que sí se puede trabajar.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Coordinación médicaCon su pediatra o su equipo
También los hermanosSon los que más pasan desapercibidos
Presencial u onlineCompatible con ingresos y tratamientos
Qué pasa

La enfermedad la vive la familia entera

Miedo a lo médicoAdaptaciónAdherenciaHermanos
Ver terapia familiar

Un diagnóstico, un ingreso o un tratamiento largo colocan a un niño ante cosas para las que nadie está preparado: separarse de casa, pruebas que duelen, no entender qué le está pasando y notar que los adultos de alrededor están asustados.

Lo que aparece con más frecuencia es ansiedad ante los procedimientos médicos —agujas, pruebas, batas—, dificultades para dormir, retrocesos a etapas anteriores, irritabilidad y, en tratamientos largos, problemas de adherencia: negarse a tomar la medicación o a seguir las pautas.

Está bien documentado que preparar al niño antes de una prueba reduce su malestar, tanto durante como después. Explicarle qué va a pasar, en qué orden y qué va a notar, con lenguaje ajustado a su edad, no le asusta más: le da control.

Y hay alguien que casi siempre pasa desapercibido: los hermanos. Suelen recibir menos atención justo cuando más la necesitan, y con frecuencia se les pide una madurez que no les toca.

Cuándo pedir ayuda

Cuándo conviene un apoyo

Que un niño enfermo esté irritable, asustado o triste no es un problema psicológico: es una reacción normal a algo muy difícil.

Lo que sí conviene mirar es si se está quedando atascado o si está interfiriendo con el tratamiento.

Contadnos qué habéis notado
  • Pánico intenso ante las pruebas, las agujas o el hospital.
  • Se niega a tomar la medicación o a seguir las pautas.
  • Ha vuelto atrás: pipí en la cama, hablar como más pequeño, no separarse.
  • Pesadillas o miedo a dormir desde el ingreso.
  • Se ha aislado, o no quiere que le vean sus amigos.
  • Se culpa de estar enfermo, o cree que es un castigo.
  • No quiere volver al colegio después de la baja.
  • Un hermano ha cambiado de conducta desde que empezó todo.

También podéis venir vosotros solos. Sostener una enfermedad de un hijo desgasta mucho, y esa parte casi nunca se atiende.

El impulso de proteger lleva a no contarle lo que tiene, y un niño casi siempre sabe que pasa algo: lo lee en vuestras caras y en las llamadas a media voz. Lo que hace la falta de información no es tranquilizarle, es dejarle rellenar los huecos con algo peor, y de paso quitarle a quién preguntar. Conviene explicarle qué tiene con palabras que entienda, qué se va a hacer y qué va a notar, sin adornos y sin promesas que no podéis cumplir —«no te va a doler nada»—, porque si duele pierde la confianza justo cuando más la necesita. Y decidle de forma explícita que no es culpa suya: muchos niños lo piensan y casi ninguno lo pregunta.
Tratamiento

Darle control sobre lo que sí se puede

No se trata de que la enfermedad deje de dar miedo, sino de que tenga herramientas para las partes concretas: la prueba del martes, el ingreso, la vuelta al colegio.

Y de sostener a la familia entera, incluidos los hermanos, que suelen quedarse fuera del foco.

Ver qué ha entendido

Qué sabe, qué se ha imaginado y qué se está callando. Casi siempre hay una versión propia peor que la real.

Preparar los procedimientos

Explicar antes qué va a pasar y en qué orden, y entrenar herramientas para el momento. Reduce el malestar de forma medible.

Trabajar la adherencia

Cuando se niega a la medicación o al tratamiento, entender qué hay detrás y buscar una fórmula que pueda sostener.

Recuperar la normalidad

Colegio, amigos y rutinas, en la medida en que la enfermedad lo permita. Es lo que más protege el ánimo.

Atender a la familia

Pautas para vosotros, espacio para los hermanos y ayuda para sostener el desgaste, que es largo.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Le contamos lo que tiene?
Sí, con palabras ajustadas a su edad. La falta de información no le protege: le deja rellenar los huecos con algo peor y sin nadie a quien preguntar. En consulta os ayudamos a preparar esa conversación.
Le aterran las agujas y las pruebas.
Es de los motivos más frecuentes y de los que mejor responden. Prepararle antes reduce el malestar de forma medible, y se entrenan herramientas concretas para el momento.
Se niega a tomar la medicación.
Detrás casi nunca hay cabezonería: hay miedo, efectos secundarios o la sensación de no tener control sobre nada. Se trabaja lo que haya debajo y se busca una fórmula que pueda sostener.
Su hermano está raro desde que empezó todo.
Es muy habitual y suele pasar desapercibido. Los hermanos reciben menos atención justo cuando más la necesitan, y a veces se les pide una madurez que no les toca. También se les puede atender.
¿Podemos ir nosotros sin él?
Sí. Sostener la enfermedad de un hijo desgasta mucho y esa parte casi nunca se atiende. Podéis venir a por pautas, a ordenar lo vuestro o las dos cosas.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación incluida. Las sesiones con vosotros y la coordinación con su equipo médico o con el colegio no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que la enfermedad no se lleve también lo demás

Contadnos vuestra situación y os decimos en qué podemos ayudar.

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