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Normas y límites

Poner normas y límites en casa sin que estalle todo

Las normas están puestas. El problema es que se saltan, que negociarlas agota y que a la tercera vez se cede, porque nadie tiene fuerzas para otra bronca a las once de la noche.

Enfoque sistémicoMiramos el conjunto, no a uno
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Pautas concretasNada de teoría, cosas que se hacen
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

Una norma que se negocia cada día no es una norma

Se saltanSe negocianSe cedenSe olvidan
Ver problemas de conducta

Casi nunca faltan normas. Lo que falta es que se sostengan. Y sostenerlas no es cuestión de carácter: es cuestión de que estén claras, sean pocas y las diga la casa entera, no solo el que está de peor humor ese día.

Cuando una norma se negocia cada vez, deja de ser una norma y pasa a ser una propuesta de partida. El niño o el adolescente no está siendo manipulador: ha aprendido, con datos, que insistir funciona. Y funciona porque alguna vez funcionó.

El otro punto donde se cae es la consecuencia. Si es enorme —un mes sin móvil— no se cumple, y si no se cumple enseña que las consecuencias son de mentira. Una consecuencia pequeña que se aplica siempre pesa más que una enorme que no se aplica nunca.

Y hay un tercer factor que se ve poco: cuando los adultos no van a una, la norma se cae sola. De eso va la página de cuando los padres no os ponéis de acuerdo.

Señales

Cuando en casa manda quien más aguanta

La mayoría de las familias que llegan por esto no vienen diciendo «no sabemos poner límites». Vienen agotadas.

No hace falta que se cumplan todas. Si os reconocéis en dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Cada norma hay que repetirla varias veces y acaba en discusión.
  • Se cede por cansancio y luego da rabia haber cedido.
  • Uno pone el límite y el otro lo levanta a la media hora.
  • Los castigos son enormes y no se llegan a cumplir.
  • En casa se grita más de lo que os gustaría.
  • Las pantallas y los horarios son una negociación diaria.
  • Alguien ha dicho «contigo se porta mejor que conmigo».
  • Los hermanos tienen normas distintas y ya nadie recuerda por qué.

Ceder de vez en cuando no rompe nada. Lo que rompe es que ceder sea la forma habitual de terminar el conflicto.

Una casa con quince normas no tiene quince normas: tiene quince ocasiones de discutir. Lo que funciona es reducirlas a las tres o cuatro que de verdad importan, decirlas en positivo —qué se hace, no qué no se hace—, dejar claro qué pasa si no se cumplen y elegir consecuencias que podáis aplicar un martes cualquiera estando cansados. Si una consecuencia solo es aplicable en un buen día, no sirve.
Tratamiento

Menos normas y que se cumplan

El objetivo no es tener una casa obediente. Es que la convivencia deje de consumir toda la energía de todos.

Se trabaja con los adultos y, según la edad, también con los hijos. Que ellos participen en fijar algunas normas es lo que hace que las defiendan.

Ver qué hay puesto

Qué normas existen de verdad, cuáles se cumplen, cuáles no y qué pasa exactamente cuando alguien se las salta.

Reducir la lista

Quedarse con las pocas que importan y soltar las que solo generan fricción. Menos frentes, más firmeza en los que quedan.

Acordarlas entre los adultos

Antes de decirlas en voz alta. Una norma que los adultos no comparten no llega al lunes siguiente.

Consecuencias que se puedan aplicar

Pequeñas, inmediatas y sostenibles. Se ensayan aquí, incluido lo que decís cuando el otro se enfada.

Revisar y ajustar

Qué funcionó y qué no, sin dramatizar los tropiezos. Una norma que no funciona se cambia, no se grita más fuerte.

Quién lo trata

La persona del equipo que lleva esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las familias

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Esto es cosa de mi hijo, ¿por qué venimos todos?
Porque una norma es un acuerdo entre personas, no una orden que se emite. Cambiar solo al hijo obliga a que él sostenga todo el cambio, y eso no aguanta dos semanas.
¿No es demasiado tarde con dieciséis años?
No, pero cambia la forma. Con un adolescente las normas se negocian de otra manera y hay que dejarle terreno propio. Lo que no cambia es que tienen que ser pocas y sostenerse.
Mi pareja me deja siempre de malo.
Es una de las cosas que más desgasta y tiene arreglo. El acuerdo se cierra entre los adultos antes de comunicar nada, y ese trabajo es parte de la terapia.
¿Poner límites no le va a hacer daño?
Al contrario. Un niño que sabe dónde están los bordes vive más tranquilo, porque no tiene que comprobarlos cada día. Lo que hace daño es el límite arbitrario, el que depende del humor.
¿Cuántas sesiones hacen falta?
Para un motivo de convivencia acotado suelen bastar entre seis y diez, con revisiones espaciadas después. En la evaluación os damos una estimación real, no un número para animar.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de 60 minutos, vengan dos personas o cinco. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que en casa mande el acuerdo y no el cansancio

Contadnos cómo va un día normal y os decimos por dónde se empieza.

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