Terapia para los problemas con los suegros y la familia política
Un comentario sobre cómo educáis. Una visita que se alarga. Un consejo que nadie ha pedido. Por separado no es nada, y sumado lleva años erosionando la convivencia.
El problema casi nunca es el suegro
Cuando una pareja llega por esto, casi siempre viene con una lista de episodios concretos. Y casi siempre el conflicto de verdad no está en ninguno de ellos: está en quién pone el límite y quién no lo pone.
La secuencia se repite. Uno se siente invadido y se lo cuenta a su pareja. La pareja defiende a sus padres, o no dice nada por no montar un lío. El primero se siente solo, y la próxima vez ya no lo cuenta: lo aguanta y lo acumula.
Ahí la familia política ha dejado de ser el tema. El tema es que uno de los dos siente que no le cubren las espaldas, y eso duele mucho más que cualquier comentario sobre la cena.
La regla que resuelve la mayoría de estos casos es sencilla de decir y difícil de hacer: cada uno habla con sus propios padres. No porque sea más justo, sino porque es lo único que funciona sin dejar heridas.
Cuando la visita se prepara con antelación
Esto rara vez se cuenta como un problema. Se cuenta como anécdotas, y con el tiempo se convierte en tensión de fondo.
No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido hablarlo.
Contadnos qué está pasando- Antes de una comida familiar hay tensión en casa.
- Alguno evita ir, o busca excusas para acortar la visita.
- Se dan consejos sobre la crianza que nadie ha pedido.
- Se comparan vuestros hijos con los de otros de la familia.
- Uno de los dos siente que su pareja no le defiende.
- Se hacen comentarios sobre el dinero, la casa o el trabajo.
- Se aparece sin avisar o se alarga la estancia sin preguntar.
- Discutís entre vosotros después de cada encuentro.
Que sean episodios pequeños no significa que sean poca cosa. Lo que desgasta es la suma, no cada uno por separado.
Poner el límite juntos, decirlo por separado
El objetivo no es cortar con nadie ni ganar una discusión familiar. Es que la pareja deje de estar en bandos distintos.
Se trabaja normalmente con la pareja. En algunos casos se invita a la familia extensa, pero solo cuando tiene sentido y con todos de acuerdo.
Separar los hechos del hueco
Qué pasó exactamente y qué dolió de verdad. Casi siempre lo segundo tiene que ver con la pareja, no con los suegros.
Ver la secuencia
Quién dice qué, quién calla y qué entiende el otro de ese silencio. El bucle se repite con distintos episodios.
Acordar los límites
Pocos y concretos: avisos antes de venir, temas que no se opinan, decisiones que no se consultan. Los dos tienen que poder sostenerlos.
Ensayar la conversación
Se practica aquí lo que se va a decir, quién lo dice y cómo se responde si la otra parte se ofende. Que se ofenda no significa que esté mal dicho.
Sostenerlo la segunda vez
El límite se prueba siempre. Lo difícil no es ponerlo, es mantenerlo cuando vuelve a saltarse.
Lo que más nos preguntan las familias
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Tienen que venir mis suegros?
Mi pareja no ve el problema.
¿Esto es terapia de pareja o familiar?
¿Vais a decirnos que cortemos con ellos?
¿Y si el problema son mis padres y no los suyos?
¿Cuánto cuesta la sesión?
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Que la próxima comida familiar no empiece con tensión
Contadnos qué pasa y os decimos si podemos ayudaros.


