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Suegros

Terapia para los problemas con los suegros y la familia política

Un comentario sobre cómo educáis. Una visita que se alarga. Un consejo que nadie ha pedido. Por separado no es nada, y sumado lleva años erosionando la convivencia.

Enfoque sistémicoMiramos el conjunto, no a uno
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
ConfidencialidadLo que se dice aquí no sale de aquí
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

El problema casi nunca es el suegro

Consejos no pedidosComparacionesVisitasQuién responde
Ver la terapia de pareja

Cuando una pareja llega por esto, casi siempre viene con una lista de episodios concretos. Y casi siempre el conflicto de verdad no está en ninguno de ellos: está en quién pone el límite y quién no lo pone.

La secuencia se repite. Uno se siente invadido y se lo cuenta a su pareja. La pareja defiende a sus padres, o no dice nada por no montar un lío. El primero se siente solo, y la próxima vez ya no lo cuenta: lo aguanta y lo acumula.

Ahí la familia política ha dejado de ser el tema. El tema es que uno de los dos siente que no le cubren las espaldas, y eso duele mucho más que cualquier comentario sobre la cena.

La regla que resuelve la mayoría de estos casos es sencilla de decir y difícil de hacer: cada uno habla con sus propios padres. No porque sea más justo, sino porque es lo único que funciona sin dejar heridas.

Señales

Cuando la visita se prepara con antelación

Esto rara vez se cuenta como un problema. Se cuenta como anécdotas, y con el tiempo se convierte en tensión de fondo.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido hablarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Antes de una comida familiar hay tensión en casa.
  • Alguno evita ir, o busca excusas para acortar la visita.
  • Se dan consejos sobre la crianza que nadie ha pedido.
  • Se comparan vuestros hijos con los de otros de la familia.
  • Uno de los dos siente que su pareja no le defiende.
  • Se hacen comentarios sobre el dinero, la casa o el trabajo.
  • Se aparece sin avisar o se alarga la estancia sin preguntar.
  • Discutís entre vosotros después de cada encuentro.

Que sean episodios pequeños no significa que sean poca cosa. Lo que desgasta es la suma, no cada uno por separado.

El acuerdo que más conflictos evita es que cada uno hable con sus propios padres. No porque el otro no tenga razón, sino porque un límite puesto por el hijo se recibe como un límite; puesto por la nuera o el yerno se recibe como un ataque, y la conversación se acaba antes de empezar. Eso significa que el que tiene que decir lo incómodo es, casi siempre, el que menos molesto está. Cuesta, y es exactamente el punto donde se atasca la mayoría de las parejas.
Tratamiento

Poner el límite juntos, decirlo por separado

El objetivo no es cortar con nadie ni ganar una discusión familiar. Es que la pareja deje de estar en bandos distintos.

Se trabaja normalmente con la pareja. En algunos casos se invita a la familia extensa, pero solo cuando tiene sentido y con todos de acuerdo.

Separar los hechos del hueco

Qué pasó exactamente y qué dolió de verdad. Casi siempre lo segundo tiene que ver con la pareja, no con los suegros.

Ver la secuencia

Quién dice qué, quién calla y qué entiende el otro de ese silencio. El bucle se repite con distintos episodios.

Acordar los límites

Pocos y concretos: avisos antes de venir, temas que no se opinan, decisiones que no se consultan. Los dos tienen que poder sostenerlos.

Ensayar la conversación

Se practica aquí lo que se va a decir, quién lo dice y cómo se responde si la otra parte se ofende. Que se ofenda no significa que esté mal dicho.

Sostenerlo la segunda vez

El límite se prueba siempre. Lo difícil no es ponerlo, es mantenerlo cuando vuelve a saltarse.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las familias

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Tienen que venir mis suegros?
Normalmente no. Se trabaja con la pareja, porque ahí es donde está el nudo. Solo se les invita si tiene sentido y todos están de acuerdo, y nunca para que salgan señalados.
Mi pareja no ve el problema.
Es lo habitual: quien creció con esa familia lo ve normal. No hace falta que esté de acuerdo para empezar, solo que acepte oír cómo lo vive el otro sin defenderse.
¿Esto es terapia de pareja o familiar?
La mayoría de las veces es terapia de pareja con la familia extensa en el mapa. En la primera sesión se ve cuál encaja mejor y os lo decimos.
¿Vais a decirnos que cortemos con ellos?
No. Cortar es un recurso muy excepcional y casi nunca el primero. Lo que se trabaja es el límite, que permite mantener la relación sin pagar el precio de siempre.
¿Y si el problema son mis padres y no los suyos?
Funciona exactamente igual. Aquí no se mira de quién es la familia, se mira la secuencia. Y el que tiene que hablar con ellos sigue siendo su hijo.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de 60 minutos. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que la próxima comida familiar no empiece con tensión

Contadnos qué pasa y os decimos si podemos ayudaros.

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