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Comunicación

Terapia para los problemas de comunicación en la familia

No es que no habléis. Es que ya sabéis cómo va a acabar antes de empezar, así que unos levantan la voz y otros se callan para no encender la mecha.

Enfoque sistémicoMiramos el conjunto, no a uno
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Sin culpablesAquí no se reparten responsabilidades
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

La discusión no es el problema: es el bucle

El mismo temaEl mismo finalNadie escuchaSilencios largos
Ver la terapia familiar

Casi ninguna familia llega diciendo «no nos comunicamos». Llegan diciendo que siempre acaban igual: uno levanta la voz, otro se va, otro se calla, y al día siguiente nadie lo menciona.

Eso no es falta de palabras. Es una secuencia aprendida. Lo que uno dice hace que el otro responda de una manera, y esa respuesta confirma al primero que tenía razón en ponerse así. El bucle se cierra solo y ya no depende de quién empezó.

Por eso preguntar «¿quién tiene razón?» no lleva a ningún sitio. Cuando una secuencia lleva años funcionando, todos la sostienen sin querer, incluido el que sufre más.

Lo que sí lleva a algún sitio es ver la secuencia entera desde fuera. Cuando cada uno reconoce su parte del bucle —no su culpa, su parte— deja de hacer falta ganar la discusión. Y ahí es donde se puede cambiar algo.

Señales

Cuando hablar sale más caro que callarse

Muchas familias no notan que hay un problema de comunicación: notan que están cansadas, o que en casa se respira raro.

No hace falta que se cumplan todas. Con reconocer dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • La misma discusión vuelve cada pocas semanas con otro tema encima.
  • Alguien ha dejado de contar cosas para evitar la bronca.
  • Se habla más por el grupo de WhatsApp que en la mesa.
  • Los mensajes se dan a través de un tercero: «díselo tú».
  • Hay temas que ya se sabe que no se pueden sacar.
  • Las conversaciones empiezan por una cosa y acaban en otra de hace años.
  • Alguien se levanta y se va, o se encierra en su cuarto.
  • Al día siguiente se hace como si nada hubiera pasado.

Que se pase el enfado no significa que se haya arreglado. Si el mismo tema vuelve, es que sigue ahí.

Callarse para no discutir parece la opción prudente, y casi siempre es la que más caro sale. Un silencio largo no se lee como calma: se lee como reproche, y el otro responde a lo que ha entendido, no a lo que no se dijo. Así se acumulan conversaciones pendientes que un día salen todas juntas por un motivo pequeño, y entonces la desproporción hace que nadie se tome en serio lo que había debajo.
Tratamiento

Cambiar la secuencia, no las personas

No se trata de aprender frases bonitas ni de repartir turnos de palabra. Se trata de que el bucle deje de cerrarse en el mismo sitio.

Se trabaja con quienes convivan o tengan un vínculo que pese. No hace falta que vengan todos a todas las sesiones, pero sí que estén al principio.

Primera sesión, todos

Necesitamos oír cómo lo vive cada uno. Las versiones no coinciden casi nunca, y esa diferencia ya es información.

Dibujar el bucle

Qué dice uno, cómo lo entiende el otro, qué responde entonces. Verlo escrito quita mucha culpa de encima.

Encontrar la salida

En qué punto exacto de la secuencia se puede hacer algo distinto, y quién está en mejor posición para hacerlo primero.

Practicarlo aquí

Las conversaciones difíciles se ensayan en consulta antes de llevarlas a casa, con nosotros parando cuando hace falta.

Llevarlo a la mesa

Tareas concretas entre sesiones y revisión de qué funcionó y qué no. Sin deberes imposibles.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las familias

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Tenemos que venir todos?
A la primera sesión sí, siempre que se pueda. Después se ajusta: hay tramos que se trabajan con dos y tramos con la familia entera. Si alguien se niega en redondo, se empieza con quien sí quiere y muchas veces acaba entrando.
Mi hijo adolescente no quiere venir.
Es lo más normal del mundo y no bloquea nada. Se empieza con los adultos y se le invita más adelante, cuando ya no llega con la sensación de que viene a que le riñan.
¿Vais a decir quién tiene la culpa?
No, y no por diplomacia: porque no serviría. Cuando un bucle lleva años funcionando lo sostienen todos. Lo que se busca es la secuencia, no el culpable.
Llevamos años así, ¿esto se cambia?
Los años importan menos de lo que parece. Lo que pesa es que el bucle sea reconocible y que haya al menos dos personas dispuestas a mover algo. Con eso se puede trabajar.
¿Y si lo que falla es la pareja y no la familia?
Se ve en la primera sesión y os lo decimos. Si lo que está atascado es la relación entre vosotros dos, la puerta es la terapia de pareja.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de 60 minutos, vengan dos personas o cinco. No se cobra aparte por número de asistentes. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que la próxima conversación acabe en otro sitio

Contadnos cómo suelen acabar en casa y os decimos si podemos ayudaros.

Sin compromiso En el centro de Murcia u online Confidencialidad garantizada