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Abuso sexual infantil

Tratamiento del abuso sexual infantil en Murcia

Si acabas de enterarte, lo primero que necesitas saber es esto: con tratamiento y con un adulto que le crea, la mayoría de los niños se recupera. Y lo segundo, que no hace falta que te lo cuente entero para empezar a ayudarle.

Psicólogas sanitariasColegiadas en Murcia
Terapia centrada en el traumaTF-CBT, el tratamiento con más respaldo
Contigo dentroLa familia es parte del tratamiento
Sin interrogatoriosNo le pedimos que lo cuente otra vez
Qué le pasa

Lo que deja no es solo el recuerdo

CulpaSilencioAlertaConfusión
Ver trauma infantil

El abuso sexual infantil no deja una sola huella, y casi nunca la que se espera. Lo que más daño hace a largo plazo no suele ser el recuerdo de los hechos, sino lo que el niño concluyó sobre sí mismo mientras ocurrían.

Casi siempre concluye lo mismo: que tuvo algo que ver. Que no dijo que no, que no lo contó antes, que en algún momento no le desagradó del todo. Esa culpa es el núcleo del daño, y es la parte que no se resuelve sola con el tiempo.

Y hay una circunstancia que agrava todo lo demás: en la mayoría de los casos quien abusa no es un desconocido, sino alguien de su entorno y de su confianza. Eso rompe algo más que la seguridad: rompe el criterio del niño para saber en quién fiarse.

Por eso las señales son tan variadas y tan poco específicas. Un niño que ha pasado por esto puede volverse retraído o irritable, dejar de dormir, empeorar en clase, dejar de querer ir a un sitio concreto, o no mostrar nada durante meses.

Señales

Señales que no prueban nada

Conviene decirlo con claridad, porque hay mucha lista circulando por internet: ninguna señal, por sí sola, demuestra que ha habido abuso. Todas las que aparecen aquí pueden tener otras explicaciones.

Lo que sí orienta es el conjunto y, sobre todo, el cambio: que aparezcan varias a la vez y que haya un antes y un después.

Contadnos qué habéis notado
  • Cambió de forma clara a partir de un momento, sin que sepáis por qué.
  • Evita quedarse con una persona concreta, o con un sitio concreto.
  • Ha vuelto atrás: pipí en la cama, miedo a dormir solo, hablar como más pequeño.
  • Conocimiento o conductas sexuales que no encajan con su edad.
  • Se ha vuelto muy retraído, o al revés, muy irritable.
  • Molestias físicas repetidas sin causa médica, o miedo al contacto.
  • Dice frases sueltas que no encajan y luego cambia de tema.
  • Se hace daño, o dice que preferiría no estar.

Si hay riesgo inmediato para el niño, llama al 112. Si necesitas orientación antes de decidir qué hacer, la Fundación ANAR atiende a familias en el 600 50 51 52. Y si en algún momento aparecen ideas de hacerse daño, consultadlo sin esperar a la cita.

Los primeros minutos después de que un niño lo cuenta pesan mucho en cómo se recupera después. Cuatro cosas ayudan, y las cuatro cuestan. La primera: creerle y decírselo con esas palabras. La segunda: decirle que ha hecho bien en contarlo y que no ha hecho nada malo, aunque a ti te parezca obvio, porque para él no lo es. La tercera: sostener la cara. Tu miedo y tu rabia son legítimos, pero si los ve, aprende que esto es demasiado grande para contarlo, y se calla. Y la cuarta, la que más cuesta: no preguntar más de lo imprescindible. No le pidas detalles ni le hagas repetirlo. Aparte de que revivirlo sin preparación le hace daño, un interrogatorio bienintencionado puede contaminar su relato y complicar lo que venga después. Anota lo que te dijo con sus palabras exactas, tan pronto como puedas, y busca ayuda profesional y legal. Contarlo entero es tarea de la terapia, no tuya.
Tratamiento

Que deje de definir quién es

El tratamiento con más respaldo para esto es la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, diseñada específicamente para menores que han sufrido abuso sexual y para sus familias. Va por fases y ninguna se salta.

La familia entra desde el principio, en sesiones propias. No es un acompañamiento simbólico: cómo reaccione el adulto de referencia es uno de los factores que más predice la recuperación, y eso también se trabaja.

Seguridad primero

Que el entorno lo sea de verdad, y que tenga forma de calmarse cuando se activa. Sin esto no se toca nada más.

Entender qué le pasa al cuerpo

Explicarle a su nivel por qué reacciona así. Que deje de pensar que le pasa algo raro.

Trabajar con vosotros

Sesiones con la familia: qué decir, qué no, cómo sostener sin sobreproteger, qué hacer con vuestra propia rabia.

Poner el relato en palabras

Cuando ya tiene herramientas, y solo entonces, se construye el relato poco a poco y a su ritmo. Nunca de una vez.

Desmontar la culpa

La parte central. Lo que concluyó sobre sí mismo se revisa de forma explícita, porque es lo que queda si no se toca.

Recuperar su vida

Volver a lo suyo: amigos, cuerpo, confianza, futuro. Que el abuso sea algo que le pasó, no lo que es.

Quién lo trata

La persona del equipo que lleva esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Se lo pregunto directamente?
Mejor no interrogar. Puedes abrir la puerta con algo general —«te noto raro últimamente, ¿ha pasado algo?»— y esperar. Si lo cuenta él, sirve; si lo cuenta porque le has insistido, puede complicar el proceso legal además de hacerle daño. Ante la duda, consulta antes de preguntar.
Me lo contó hace meses y no hice nada. ¿Llego tarde?
No. El tratamiento funciona igual años después, y de hecho gran parte de la consulta llega así. Que no supieras qué hacer entonces no cambia lo que puedes hacer ahora.
¿Tengo que denunciar para que le tratéis?
No. El tratamiento psicológico no depende de que haya denuncia. Dicho eso, ante un delito contra un menor existe obligación legal de comunicarlo, y te orientaremos sobre a quién acudir. Son dos caminos distintos y pueden ir en paralelo.
No quiere hablar del tema. ¿Se puede hacer algo?
Sí, y es lo normal al principio. Las primeras sesiones no van del suceso: van de que se sienta seguro y de darle recursos. Al relato se llega cuando puede sostenerlo, y hay niños que tardan meses. No se fuerza.
Fue alguien de la familia. ¿Cómo se maneja eso?
Es la situación más frecuente y la más difícil, porque además del daño hay que sostener lo que se rompe alrededor: lealtades, incredulidad de otros familiares, presión para no hablar. Se trabaja, pero con una condición previa que no es negociable: que el niño esté a salvo de esa persona.
¿Le va a marcar toda la vida?
No necesariamente, y esa es la parte que casi nadie cuenta. La mayoría de los niños que reciben tratamiento y son creídos por un adulto se recupera. Lo que sí deja secuelas duraderas es el silencio: que nadie lo supiera, o que nadie hiciera nada.
¿Hablamos?

Que no cargue con esto él solo

Cuéntanos lo que sepas, aunque sea poco y aunque no estés seguro.

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