Apoyo psicológico a niños ante la separación de los padres
La investigación es clara en algo que tranquiliza y responsabiliza a la vez: lo que más pesa en cómo lo lleva un hijo no es la separación, es el conflicto que ve entre vosotros después.
Separarse no daña a un hijo por sí mismo. Lo que se asocia con peores resultados es la exposición sostenida al conflicto: las discusiones delante, los mensajes que se le hacen llegar a través de él, hablar mal del otro y la presión por posicionarse.
En un niño aparecen además dos cosas muy propias de la edad. La primera es la culpa: por su forma de pensar, es frecuente que crea que algo que hizo o dejó de hacer tuvo que ver. Casi nunca lo dice, y hay que preguntárselo de forma explícita.
La segunda es el conflicto de lealtades: la sensación de que estar bien con uno es traicionar al otro. Agota, es silencioso y es de lo que más se enquista.
Y como en cualquier pérdida, es habitual que vuelva atrás durante un tiempo: pipí en la cama, hablar como más pequeño, no querer separarse. Suele remitir si el clima se calma. Buena parte de las familias que llegan a nuestra consulta de Murcia vienen justo en ese momento.
Cuándo conviene que hable con alguien de fuera
La mayoría de los niños se adapta con el tiempo si el clima en casa se calma. La terapia no es obligatoria por haberse separado.
Lo que sí conviene mirar es si esto se está quedando enganchado.
Contadnos qué habéis notado- Dice o insinúa que es culpa suya.
- Hace de mensajero entre vosotros, o pregunta por el otro con miedo.
- Evita hablar de uno delante del otro.
- Ha vuelto atrás: pipí en la cama, rabietas, no dormir solo.
- Ha bajado el rendimiento o no quiere ir al colegio.
- Se ha vuelto responsable de más de lo que le toca.
- Se niega a ir a casa de uno de los dos.
- Dolores de tripa o de cabeza sin causa médica desde entonces.
Si dice que no quiere ir con uno de los dos, conviene entender el motivo antes de forzar y antes de ceder. Casi nunca es lo que parece a primera vista.
Sacarle de en medio
El trabajo tiene dos patas y la de los padres pesa tanto como la del niño.
Con él, un sitio neutral donde poder decir lo que en casa no puede. Con vosotros, pautas concretas para bajar el ruido, que es lo que de verdad cambia su pronóstico.
Ver qué ha entendido
Qué le han contado, qué se ha imaginado por su cuenta y qué se está callando. Casi siempre hay huecos rellenados con algo peor.
Quitarle la culpa
De forma explícita y repetida. A esta edad no basta con decirlo una vez ni con darlo por sabido.
Deshacer las lealtades
Trabajar la idea de que querer a uno resta al otro, que es de lo que más culpa genera y menos se verbaliza.
Rutinas y previsibilidad
Saber dónde está cada día y con qué normas. La incertidumbre es un desgaste constante.
Pautas para vosotros
Qué se habla delante de él, cómo se comunica lo práctico sin usarle de mensajero y cómo sostener límites parecidos en dos casas.
La persona del equipo que lleva esto
Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Le va a perjudicar la separación?
¿Cómo se lo contamos?
¿Podemos venir por separado?
¿Le vais a preguntar con quién quiere vivir?
Ha vuelto a hacerse pis por la noche.
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que no cargue con lo que no le toca
Contadnos cómo está la situación y os decimos qué se puede hacer.



