Tratamiento de los problemas de sueño en niños
Cuando un niño no duerme, no duerme nadie. Y lo que empieza siendo una mala racha se convierte en un hábito bastante rápido, porque de madrugada todos hacemos lo que sea para que aquello acabe.
Dormirse solo también se aprende
Entre los seis y los doce años, las recomendaciones sitúan las necesidades de sueño entre nueve y doce horas. Dormir bastante menos de forma habitual se nota durante el día, y casi nunca en forma de sueño: se nota en irritabilidad, en despistes y en peor rendimiento.
Los dos motivos que más llegan a consulta son la resistencia a acostarse —mil peticiones, un vaso de agua, otro cuento, no me dejes solo— y los despertares nocturnos en los que necesita que alguien vuelva a estar para volver a dormirse.
Detrás del segundo suele haber lo que se llaman asociaciones de inicio de sueño: se ha dormido con vosotros al lado, meciéndose o con la tele puesta, y cuando se despierta a mitad de la noche —lo que hacemos todos varias veces— necesita las mismas condiciones para volver a dormirse. No es capricho: es que ha aprendido a dormirse así.
Y hay una tercera pieza que conviene descartar siempre: la ansiedad. Muchos problemas de sueño infantil son en realidad miedo, a la oscuridad o a separarse, y entonces el plan es otro.
Cuándo deja de ser una mala racha
Alguna noche mala la tiene todo el mundo, y los cambios —una mudanza, un cambio de colegio, una enfermedad— desordenan el sueño de forma temporal.
Lo que conviene mirar es si se ha instalado y qué está costando durante el día.
Contadnos qué habéis notado- Tarda más de media hora en dormirse casi todas las noches.
- La rutina de acostarse se ha convertido en una negociación larga.
- Se despierta varias veces y necesita que vayáis.
- Solo se duerme si estáis con él, o acaba en vuestra cama.
- Duerme bastante menos de lo que le corresponde por edad.
- Está irritable, despistado o le han bajado las notas.
- Le da miedo la oscuridad o quedarse solo.
- Lleváis meses sin dormir vosotros tampoco.
Si hay ronquidos fuertes, pausas al respirar o mucha somnolencia diurna, consultadlo con su pediatra antes: puede haber una causa médica. Con la adolescencia el sueño cambia de reglas: ahí lo trabajamos como sueño en adolescentes.
Que aprenda a dormirse solo
El objetivo no es que duerma esta noche a base de lo que sea, sino que adquiera la capacidad de dormirse y de volver a dormirse por sí mismo.
Se hace con un plan adaptado a vuestro caso y, sobre todo, sostenible: un plan que no podéis cumplir a las tres de la mañana no sirve de nada.
Registro de sueño
Dos semanas anotando horarios reales, despertares y qué hacéis en cada uno. Casi siempre aparece un patrón que nadie había visto.
Descartar lo de debajo
Si lo que hay es miedo o ansiedad por separación, el plan cambia por completo. Se valora antes de empezar.
Ordenar la rutina
Horarios, secuencia previa, pantallas y siestas. Es donde más se gana y lo primero que se toca.
Retirar las asociaciones
Ir soltando de forma gradual lo que necesita para dormirse, en pasos que él pueda tolerar.
Manejar los despertares
Qué hacer exactamente cuando se despierta, acordado de antemano para no improvisar de madrugada.
Mantenerlo
Qué hacer después de unas vacaciones, una enfermedad o un viaje, que es cuando se suele perder lo ganado.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Cuántas horas debería dormir?
Solo se duerme si me quedo con él.
¿Le dejamos llorar?
Acaba en nuestra cama todas las noches.
¿Le podemos dar melatonina?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Que en casa se vuelva a dormir
Contadnos cómo son las noches y os decimos por dónde se empieza.

