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Problemas de alimentación

Tratamiento de los problemas de alimentación en niños

Si las comidas se han convertido en una hora de pelea diaria, el problema ya no es solo lo que come: es lo que ha pasado a significar sentarse a la mesa.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Coordinación médicaCon su pediatra siempre
Reparto de papelesVosotros qué, él cuánto
Sin obligar ni premiarLas dos cosas empeoran
Qué pasa

Cada uno tiene su papel en la mesa

NeofobiaSelectividadPresiónPelea
Ver trastornos alimentarios en adolescentes

Hay una etapa entre los dos y los seis años en la que rechazar alimentos nuevos es normal y esperable: se llama neofobia alimentaria y forma parte del desarrollo. Que un niño de esa edad sea tiquismiquis casi nunca es un problema clínico.

El principio que mejor ordena todo esto reparte los papeles con claridad: los adultos deciden qué se come, cuándo y dónde; el niño decide si come y cuánto. Cuando esa frontera se cruza —insistir, obligar, perseguirle con la cuchara, premiar con postre— es cuando aparecen los problemas de verdad.

Porque la presión funciona al revés de lo que parece: aumenta el rechazo al alimento y convierte la comida en un terreno de conflicto. Y una vez que la mesa es un campo de batalla, comer deja de ser una necesidad y pasa a ser una discusión que hay que ganar.

Aparte está el trastorno por evitación o restricción de la ingesta, que es otra cosa: come muy poco o muy poca variedad por textura, por miedo a atragantarse o por falta de interés, sin que tenga nada que ver con el peso ni con la imagen. Ahí sí hay que intervenir.

Cuándo consultar

Cuándo deja de ser ser tiquismiquis

Comer poco algunos días, tener manías y rechazar lo nuevo entra dentro de lo normal en la infancia.

Lo que conviene consultar es cuando hay repercusión física, cuando la variedad se ha reducido mucho o cuando la mesa se ha vuelto insoportable.

Contadnos qué habéis notado
  • La lista de alimentos que acepta se ha ido reduciendo.
  • Rechaza grupos enteros: todo lo verde, todo lo que tenga tropezones.
  • Rechaza por textura, color o porque los alimentos se toquen.
  • Las comidas duran mucho y acaban en llanto o en gritos.
  • Le da miedo atragantarse o vomitar.
  • Ha dejado de crecer o de ganar peso como debería.
  • No come en el comedor del colegio ni en casa de otros.
  • En casa se cocinan dos menús distintos todos los días.

Antes de empezar conviene una valoración con su pediatra: la parte física y el crecimiento se vigilan siempre, y algunas causas médicas hay que descartarlas.

«Una cucharada más», «no te levantas hasta que acabes», «si te lo comes hay postre»: las tres estrategias más usadas y las tres aumentan el rechazo a medio plazo. Obligar convierte ese alimento en algo asociado a un mal rato. Premiar con otro alimento le enseña que lo que hay en el plato debe de ser malo, si hace falta pagarle por comerlo. Lo que sí funciona es más aburrido y más lento: ofrecer sin insistir, poner en la mesa lo que hay sin cocinar aparte, sentarse todos a la vez, y aceptar que hacen falta muchas exposiciones a un alimento nuevo antes de que se acepte. Y que le vea comerlo a vosotros pesa más que cualquier explicación.
Tratamiento

Bajar la tensión y ampliar poco a poco

El primer objetivo casi nunca es que coma más: es que la mesa deje de ser un conflicto. Sin eso, cualquier avance dura dos días.

Después se amplía la variedad, y se hace por aproximaciones muy pequeñas, sin obligar en ningún momento.

Ver qué está pasando

Qué come, qué rechaza y por qué motivo, cuánto duran las comidas y qué hace cada uno. Con registro, no de memoria.

Devolver los papeles

Vosotros decidís qué, cuándo y dónde; él decide si come y cuánto. Retirar la presión es el primer cambio y el más difícil.

Ordenar la rutina

Horarios, sin picoteo entre horas, comidas con un límite de tiempo y todos sentados a la vez.

Ampliar por pasos

De tolerar el alimento en la mesa a tocarlo, olerlo y probarlo. Cada paso se repite hasta que le aburre.

Si hay miedo, tratarlo

Cuando el rechazo viene de miedo a atragantarse o de una mala experiencia, se trabaja como una fobia, con exposición gradual.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Come muy poco. ¿Es normal?
Los niños regulan bastante bien su ingesta y comen menos de lo que los adultos esperamos, sobre todo en las etapas de menor crecimiento. Lo que decide no es la cantidad que os parece poca, es su curva de crecimiento, y eso lo valora su pediatra.
¿Le obligo a probarlo?
No. Obligar aumenta el rechazo a ese alimento y convierte la comida en un conflicto. Ofrecer sin insistir, muchas veces y sin drama, funciona mucho mejor aunque sea más lento.
¿Y si no come, le doy otra cosa?
Cocinar un menú aparte le enseña que si espera lo suficiente llega la alternativa. Se pone lo que hay, incluyendo siempre algo que sí acepte, y no pasa nada por que una comida coma menos.
Solo come pasta, pan y embutido.
Cuando la lista se ha reducido tanto conviene consultarlo. Puede ser selectividad marcada o un trastorno por evitación de la ingesta, que sí requiere intervención y se trabaja por pasos.
¿Esto puede acabar en un trastorno alimentario?
Son cuadros distintos: aquí no hay preocupación por el peso ni por la imagen. Lo que sí conviene evitar es que la comida quede asociada a conflicto y control. Si aparece preocupación por el cuerpo, eso es otra cosa.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con su pediatra o el colegio no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que sentarse a la mesa deje de ser una batalla

Contadnos cómo son las comidas y os decimos por dónde se empieza.

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