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Comunicación

Terapia para los problemas de comunicación en la pareja

Empieza por los platos y acaba en algo de hace cuatro años. Uno insiste, el otro se cierra, y a las dos horas nadie recuerda de qué iba pero los dos están heridos.

Enfoque sistémico y EFTSe trabaja el vínculo, no la razón
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Sin árbitroAquí nadie da la razón a nadie
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

No discutís por lo que creéis que discutís

ReprocheDefensaSilencioVuelta a empezar
Ver la terapia de pareja

Cuando una pareja lleva tiempo discutiendo lo mismo, el tema ha dejado de importar. Los platos, el móvil o la suegra son solo la puerta de entrada a una conversación que se repite igual con cualquier excusa.

La secuencia más habitual tiene dos papeles. Uno persigue: insiste, reclama, sube el tono, porque necesita que el otro reaccione. El otro se retira: se calla, se va, contesta con monosílabos, porque cree que así evita que empeore.

Y aquí está la trampa: cuanto más persigue uno, más se retira el otro; y cuanto más se retira, más tiene que insistir el primero. Ninguno de los dos lo hace por fastidiar. Los dos están intentando arreglar la misma cosa por caminos que se anulan.

Debajo de casi todas esas discusiones hay siempre la misma pregunta, aunque nunca se formule así: ¿estás ahí si te necesito? Por eso responder al contenido —quién tenía razón sobre los platos— no arregla nada. Y por eso trabajar los estilos de apego suele desatascar discusiones de años.

Señales

Cuando ya sabéis cómo va a acabar

Casi ninguna pareja llega diciendo que tiene un problema de comunicación. Llegan diciendo que están cansados.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • La misma discusión vuelve cada pocas semanas con otro tema encima.
  • Uno insiste y el otro se cierra o se va de la habitación.
  • Hay temas que ya se sabe que no se pueden sacar.
  • Se sacan cosas de hace años en mitad de una discusión de hoy.
  • Uno de los dos ha dejado de contar cosas para evitar la bronca.
  • Se responde con ironía o con desprecio más de lo que os gustaría.
  • Después de discutir se hace como si nada, sin arreglar nada.
  • Discutís también delante de los hijos.

Que se pase el enfado no significa que se haya resuelto. Si el tema vuelve, es que sigue ahí.

Retirarse de una discusión no es indiferencia: casi siempre es desbordamiento. Cuando alguien se cierra, su cuerpo suele estar en plena activación —pulso alto, sensación de bloqueo— y callar es lo único que se le ocurre para que no vaya a peor. El problema es que el otro lo lee como desprecio, insiste más fuerte, y confirma que había que cerrarse. Entender esto suele ser el primer alivio real: no es que al otro le dé igual, es que no puede en ese momento. Y eso se entrena.
Tratamiento

Salir del bucle, no ganarlo

El objetivo no es que aprendáis a discutir mejor. Es que la conversación deje de acabar siempre en el mismo sitio.

Se trabaja con los dos. Hay sesiones individuales dentro del proceso, pero lo que se trata es la relación, no cada uno por separado.

Primera sesión, los dos

Cada uno cuenta cómo lo vive. Las dos versiones son verdad y la diferencia entre ellas ya es material de trabajo.

Dibujar el bucle

Quién persigue, quién se retira y en qué punto exacto se dispara. Verlo escrito quita mucha culpa de encima.

Lo que hay debajo

Qué necesidad no dicha hay detrás del reproche y qué miedo hay detrás del silencio. Ahí es donde se produce el cambio.

Practicarlo aquí

Las conversaciones difíciles se ensayan en consulta, con nosotros parando la secuencia cuando arranca.

Llevarlo a casa

Acuerdos concretos para el día a día: cómo parar a tiempo, cómo volver después y cómo retomar lo que quedó a medias.

Quién lo trata

Las personas del equipo que llevan esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con alguna de ellas con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las parejas

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Mi pareja dice que el problema soy yo.
Es lo habitual, y por eso venís los dos. Aquí no se reparte la culpa: se mira la secuencia, y en una secuencia siempre participan dos, aunque uno hable más alto.
Él nunca quiere hablar de nada.
Quien se retira no suele ser el que menos siente: suele ser el que antes se desborda. Se trabaja bajando la activación antes que pidiéndole que hable más.
¿Vais a decir quién tiene razón?
No. Si diéramos la razón a uno, la terapia se acabaría en dos sesiones y la pareja también. Lo que se busca es el patrón, no el ganador.
Llevamos años así, ¿esto se cambia?
Los años importan menos de lo que parece. Lo que pesa es que el bucle sea reconocible y que los dos quieran mover algo. Con eso se trabaja bien.
¿Hay sesiones individuales?
Sí, normalmente una con cada uno al principio. Lo que se cuenta ahí es confidencial, con una condición que se explica antes: no se guardan secretos que hagan imposible la terapia.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de pareja, de 60 minutos. Las sesiones individuales dentro del proceso van al mismo precio. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que la próxima discusión acabe en otro sitio

Contadnos cómo suelen acabar y os decimos si podemos ayudaros.

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