Terapia para los problemas de comunicación en la pareja
Empieza por los platos y acaba en algo de hace cuatro años. Uno insiste, el otro se cierra, y a las dos horas nadie recuerda de qué iba pero los dos están heridos.
No discutís por lo que creéis que discutís
Cuando una pareja lleva tiempo discutiendo lo mismo, el tema ha dejado de importar. Los platos, el móvil o la suegra son solo la puerta de entrada a una conversación que se repite igual con cualquier excusa.
La secuencia más habitual tiene dos papeles. Uno persigue: insiste, reclama, sube el tono, porque necesita que el otro reaccione. El otro se retira: se calla, se va, contesta con monosílabos, porque cree que así evita que empeore.
Y aquí está la trampa: cuanto más persigue uno, más se retira el otro; y cuanto más se retira, más tiene que insistir el primero. Ninguno de los dos lo hace por fastidiar. Los dos están intentando arreglar la misma cosa por caminos que se anulan.
Debajo de casi todas esas discusiones hay siempre la misma pregunta, aunque nunca se formule así: ¿estás ahí si te necesito? Por eso responder al contenido —quién tenía razón sobre los platos— no arregla nada. Y por eso trabajar los estilos de apego suele desatascar discusiones de años.
Cuando ya sabéis cómo va a acabar
Casi ninguna pareja llega diciendo que tiene un problema de comunicación. Llegan diciendo que están cansados.
No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.
Contadnos qué está pasando- La misma discusión vuelve cada pocas semanas con otro tema encima.
- Uno insiste y el otro se cierra o se va de la habitación.
- Hay temas que ya se sabe que no se pueden sacar.
- Se sacan cosas de hace años en mitad de una discusión de hoy.
- Uno de los dos ha dejado de contar cosas para evitar la bronca.
- Se responde con ironía o con desprecio más de lo que os gustaría.
- Después de discutir se hace como si nada, sin arreglar nada.
- Discutís también delante de los hijos.
Que se pase el enfado no significa que se haya resuelto. Si el tema vuelve, es que sigue ahí.
Salir del bucle, no ganarlo
El objetivo no es que aprendáis a discutir mejor. Es que la conversación deje de acabar siempre en el mismo sitio.
Se trabaja con los dos. Hay sesiones individuales dentro del proceso, pero lo que se trata es la relación, no cada uno por separado.
Primera sesión, los dos
Cada uno cuenta cómo lo vive. Las dos versiones son verdad y la diferencia entre ellas ya es material de trabajo.
Dibujar el bucle
Quién persigue, quién se retira y en qué punto exacto se dispara. Verlo escrito quita mucha culpa de encima.
Lo que hay debajo
Qué necesidad no dicha hay detrás del reproche y qué miedo hay detrás del silencio. Ahí es donde se produce el cambio.
Practicarlo aquí
Las conversaciones difíciles se ensayan en consulta, con nosotros parando la secuencia cuando arranca.
Llevarlo a casa
Acuerdos concretos para el día a día: cómo parar a tiempo, cómo volver después y cómo retomar lo que quedó a medias.
Las personas del equipo que llevan esto
Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con alguna de ellas con quien te vas a sentar.
Lo que más nos preguntan las parejas
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsAppMi pareja dice que el problema soy yo.
Él nunca quiere hablar de nada.
¿Vais a decir quién tiene razón?
Llevamos años así, ¿esto se cambia?
¿Hay sesiones individuales?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Que la próxima discusión acabe en otro sitio
Contadnos cómo suelen acabar y os decimos si podemos ayudaros.




