Cuando los padres no os ponéis de acuerdo en la crianza
Uno pone el límite y el otro lo levanta. Uno cree que hay que apretar y el otro que hay que entender. Y en medio hay un niño que ya ha aprendido a quién pedirle cada cosa.
Dos criterios distintos acaban exagerándose
Que dos personas eduquen distinto no es el problema. Es lo esperable: venís de dos casas distintas, con dos historias distintas. El problema aparece cuando esa diferencia se convierte en un tira y afloja.
Lo que suele pasar es que cada uno se va al extremo para compensar al otro. Si uno afloja, el otro aprieta más. Si uno aprieta, el otro suaviza para equilibrar. Y cuanto más lo hace uno, más lo hace el otro. Al final ninguno de los dos educa como educaría solo.
El hijo aprende rápido dónde está cada puerta, y eso no le convierte en un manipulador: le convierte en alguien que ha entendido el mapa de su casa. Pero le coloca en un sitio incómodo, porque acaba siendo el motivo de la discusión de sus padres.
Y hay una consecuencia que casi nadie ve venir: el que sostiene los límites se queda solo con el papel de malo de la película, y acaba resentido tanto con el hijo como con su pareja.
El niño ya sabe a quién preguntar
Esto rara vez se nombra. Se nota en pequeñas cosas del día a día que se han vuelto normales.
No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido sentarse a mirarlo.
Contadnos qué está pasando- Sabe perfectamente a cuál de los dos pedirle cada cosa.
- Un permiso lo da uno y el otro se entera después.
- Discutís sobre la educación delante de él.
- Alguno ha dicho «tú siempre le consientes» o «tú siempre le riñes».
- Uno de los dos se ha quedado con todo el trabajo de poner límites.
- Se corrige al otro en el momento, delante del niño.
- Después de cada episodio hay una conversación tensa entre vosotros.
- Alguno ha dejado de intervenir para no discutir.
Que el niño sepa a quién pedir las cosas no es culpa suya. Es información sobre cómo funciona la casa.
Un criterio común, no un ganador
El objetivo no es que uno convenza al otro. Es construir un criterio de los dos que ninguno tendría por separado.
Se trabaja sobre todo con los adultos. Los hijos entran en algunos tramos, según la edad y lo que haga falta reparar.
Escuchar los dos criterios
De dónde viene cada uno y qué teme cada uno si se hace a la manera del otro. Casi siempre hay un miedo razonable debajo.
Ver el tira y afloja
Cómo un extremo alimenta al otro, y en qué punto empezó. Verlo dibujado quita la sensación de que el otro lo hace por fastidiar.
Acordar lo importante
Tres o cuatro criterios comunes que los dos podáis sostener de verdad. En el resto, cada uno a su manera y sin corregirse.
Repartir el desgaste
Que sostener los límites no recaiga siempre en el mismo. El papel de malo se turna o desaparece.
Reparar con el hijo
Si ha estado en medio mucho tiempo, se le explica el cambio y se le saca de ese lugar de forma explícita.
Lo que más nos preguntan las familias
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Esto no es terapia de pareja?
Estamos separados y educamos distinto.
Mi pareja no cree que haga falta venir.
¿Hay una forma correcta de educar?
¿Y si uno de los dos es demasiado duro?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que vuestro hijo deje de estar en medio
Contadnos en qué no coincidís y os decimos si podemos ayudaros a acordarlo.


