Cuando cuidar a un familiar te está consumiendo
Cuidas a tu padre, a tu madre o a quien haga falta. Lo haces porque quieres, y a la vez estás agotada, enfadada y con una culpa enorme por estarlo.
Cuidar mucho tiempo desgasta, y eso no se elige
La sobrecarga del cuidador no es debilidad ni falta de cariño. Es lo que le pasa a cualquier persona que sostiene durante años una tarea sin horario, sin relevo y sin final previsible.
Tiene una forma reconocible: cansancio que no se arregla durmiendo, irritabilidad con quien menos lo merece, dejar de ver a gente, dejar de hacer lo que os gustaba, y una culpa que aparece justo cuando se piensa en descansar.
Lo que casi nadie dice en voz alta es el enfado. Enfado con el familiar al que se cuida, con los hermanos que no aparecen, con una vida que se ha quedado en pausa. Sentirlo no os hace mala persona: os hace una persona agotada.
Y hay una parte que es de toda la familia, no solo de quien cuida. El reparto casi nunca se decide: se instala, normalmente sobre quien vive más cerca o quien dijo que sí la primera vez.
Lo que se nota antes de reconocerlo
Casi nadie pide ayuda por esto hasta que ya lleva mucho tiempo. Suele consultarse por otra cosa y aparece aquí.
No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres que se mantengan, ya tiene sentido mirarlo.
Contadnos qué está pasando- Estás cansada todo el tiempo y dormir no lo arregla.
- Saltas por cosas pequeñas y luego te sientes fatal.
- Has dejado de ver a tus amigos o de hacer lo que te gustaba.
- Sientes culpa cada vez que piensas en descansar.
- Hay enfado con el familiar al que cuidas y no puedes decirlo.
- Hay reproches entre hermanos sobre quién hace más.
- Han aparecido molestias físicas: dolores, insomnio, contracturas.
- Piensas que si tú paras no lo hace nadie.
Reconocer que no podéis con todo no es fallarle a nadie. Es la única forma de poder seguir cuidando.
Sostenerlo sin romperte
El objetivo no es que cuidéis menos ni que os sintáis culpables por cuidar. Es que la carga deje de recaer entera sobre una sola persona.
Se puede trabajar individualmente con quien cuida, o con los hermanos y la familia si el nudo está en el reparto. Muchas veces se hacen las dos cosas.
Poner cifras a la carga
Cuántas horas, qué tareas, qué has dejado de hacer. Verlo en un papel suele ser la primera vez que se dimensiona.
Permitir el enfado
Nombrar lo que no se puede decir en casa. La culpa baja mucho cuando el enfado deja de ser un secreto.
Reabrir el reparto
Sesiones con los hermanos si hace falta. Se habla de tareas concretas, no de quién quiere más al padre.
Recuperar terreno propio
Dos o tres cosas tuyas que vuelvan a la semana, con horario. Sin esto, todo lo demás no aguanta.
Recursos de fuera
Ayuda a domicilio, centro de día, respiro familiar. Usarlos no es abandonar a nadie: es lo que permite seguir.
Lo que más nos preguntan las familias
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsAppMe da vergüenza quejarme, hay quien está peor.
Siento rabia hacia mi madre y no lo soporto.
Mis hermanos no ayudan y no sé cómo plantearlo.
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