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Baja tolerancia a la frustración

Terapia para la baja tolerancia a la frustración en niños

Pierde una partida y se le acaba el mundo. Le sale mal un dibujo y lo rompe. No es que esté malcriado: es que aguantar el malestar es una habilidad, y todavía no la tiene.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Trabajo con los padresSe entrena en casa a diario
Se entrenaComo cualquier otra habilidad
Empezar por lo pequeñoEsperas cortas antes que largas
Qué le pasa

Aguantar el malestar es una habilidad

EsperaErrorPerderCambio de plan
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La tolerancia a la frustración es la capacidad de sostener un malestar sin actuar de inmediato para quitárselo de encima. No viene de serie: se va construyendo durante la infancia, junto con la maduración de las áreas cerebrales que se encargan del control.

Por eso hay una parte que es normal por edad. Lo que hace pensar en un problema es que la reacción sea muy desproporcionada, que dure mucho rato, que aparezca ante cosas mínimas y que le esté costando cosas: amigos que ya no quieren jugar con él, tareas que abandona, conflictos diarios en casa.

Las cuatro situaciones donde más se ve son siempre las mismas: esperar, equivocarse, perder y que cambie el plan. Si os fijáis, casi todas las explosiones caen en una de esas cuatro.

Y suele ir de la mano de otra cosa: si además se juzga con mucha dureza cuando falla, lo que hay debajo es también un problema de autoestima, y se trabaja a la vez.

Señales

Cuándo deja de encajar con su edad

Enfadarse al perder o al no conseguir algo es normal, sobre todo en los más pequeños.

Lo que hay que mirar es la intensidad, cuánto dura y si le está quitando cosas.

Contadnos qué habéis notado
  • Se hunde o explota al perder a cualquier cosa.
  • Rompe lo que está haciendo si no le sale a la primera.
  • Abandona antes de intentarlo, para no fallar.
  • No soporta esperar, ni unos minutos.
  • Se descoloca por completo si cambia un plan.
  • Los enfados duran mucho rato y cuesta muchísimo bajarlos.
  • Se insulta a sí mismo cuando se equivoca.
  • Los amigos han empezado a no querer jugar con él.

Si además está irritable de fondo casi todos los días y ha dejado de disfrutar de cosas, conviene valorar también el estado de ánimo. Y si ya es adolescente y lo que dominan son los estallidos, mira la ira e impulsividad en adolescentes.

Cuando la rabieta es enorme y estáis agotados, ceder funciona: para en treinta segundos. Y ese es exactamente el problema, porque le enseña cuánto hay que subir para conseguirlo. Lo que sí funciona es sostener la decisión con calma y sin discursos —los sermones en pleno enfado no llegan—, acompañar el malestar sin quitárselo y hablar después, cuando ya ha bajado. Dos apuntes más: evitad quitarle todas las dificultades del camino, porque cada pequeña frustración superada es una repetición de entrenamiento; y reconocedle cuando aguante, aunque sea poco, porque eso es justo lo que queremos que crezca.
Tratamiento

Entrenar el aguante en dosis pequeñas

No se trabaja evitándole la frustración, sino al revés: dándole frustraciones del tamaño que hoy puede manejar y acompañándole mientras las sostiene.

Y a estas edades se entrena sobre todo jugando, porque el juego trae incorporadas las cuatro situaciones difíciles: esperar turno, perder, equivocarse y que cambien las reglas.

Identificar los disparadores

Cuál de las cuatro situaciones le cuesta más y cómo reacciona en cada una. Casi nunca son las cuatro por igual.

Ponerle nombre

Que reconozca la emoción antes de que le desborde y sepa cómo se llama lo que le está pasando por dentro.

Herramientas para el momento

Qué hacer cuando nota que sube, practicado hasta que le sale solo. Explicado en frío, nunca en pleno enfado.

Entrenar jugando

Juegos donde tenga que esperar, perder y equivocarse, con dificultad graduada. Es la parte que de verdad lo mueve.

Pautas para casa

Cómo sostener sin ceder, cómo acompañar el enfado y cómo reconocer los avances pequeños.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿No será que está malcriado?
Casi nunca es eso. Tolerar el malestar es una habilidad que se desarrolla, y hay niños a quienes les cuesta más por temperamento. Lo que sí influye es lo que ocurre después de la rabieta, y eso se puede cambiar.
Cedemos porque no podemos más.
Es comprensible y es humano. El problema es que ceder le enseña cuánto hay que subir para conseguirlo. Por eso las pautas se diseñan para que las podáis sostener de verdad, no para un día bueno.
¿Le dejamos ganar para que no se enfade?
Perder de vez en cuando es parte del entrenamiento. Evitarle todas las derrotas le deja sin práctica justo en lo que necesita. Otra cosa es graduar la dificultad, que sí se hace.
Los enfados le duran una hora.
Ahí conviene mirar dos cosas: si hay algo más debajo —ansiedad, ánimo— y qué está pasando durante esa hora. La duración se acorta bastante cuando cambia la respuesta del entorno.
¿A qué edad debería tolerar mejor?
Va mejorando de forma progresiva durante toda la infancia, y sigue madurando en la adolescencia. Más que la edad, lo que orienta es si le está costando cosas: amigos, tareas, convivencia.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el colegio no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que equivocarse deje de ser una catástrofe

Contadnos cómo son los enfados y os decimos por dónde se empieza.

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