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Ira e impulsividad

Tratamiento de la ira e impulsividad en adolescentes

Explota por algo mínimo, dice cosas de las que se arrepiente a los diez minutos y en casa ya nadie sabe cómo hablarle sin que salte. La buena noticia es que la regulación emocional se aprende.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
El pico dura minutosY eso se puede entrenar
Con vosotros dentroLa escalada se corta en casa
Buscamos lo de debajoLa ira casi nunca viene sola
Qué le pasa

Un acelerador maduro y un freno a medio hacer

ActivaciónUmbral bajoEscaladaArrepentimiento
Cómo trabajamos con menores

La adolescencia tiene una asimetría conocida: los sistemas que generan emoción y buscan recompensa maduran antes que la corteza prefrontal, que es la que frena. El acelerador va por delante del freno, y eso explica bastante de lo que veis en casa.

Sobre esa base, la ira funciona así: sube muy rápido, alcanza un pico y baja sola. El pico dura minutos. El problema es lo que hace durante esos minutos, no la emoción en sí.

Y hay algo que suele sorprender: la ira rara vez es el problema de fondo. Debajo de un adolescente que estalla suele haber ansiedad, ánimo bajo, algo que pasó o la sensación permanente de no dar la talla. La ira es la parte visible.

También conviene decir lo obvio: enfadarse no es un trastorno. Lo que se valora es la frecuencia, la intensidad desproporcionada respecto al motivo y si le está costando relaciones, sanciones o problemas reales.

Señales

Cuándo deja de ser carácter

Todos los adolescentes contestan mal y dan portazos. Lo que hay que mirar es si el enfado se ha vuelto el modo por defecto y qué le está costando.

Si esto se repite varias veces por semana y ya condiciona la convivencia, merece una consulta.

Contadnos qué habéis notado
  • Pasa de cero a cien por cosas que antes no le afectaban.
  • Dice cosas muy hirientes y luego se arrepiente de verdad.
  • Rompe cosas, da portazos o golpea paredes.
  • En casa se anda con pies de plomo para no encenderle.
  • Ha tenido partes, sanciones o peleas en el instituto.
  • Se mete en líos por decisiones tomadas en caliente.
  • Después del estallido se queda hundido o se encierra.
  • Está irritable de fondo casi todos los días, no solo al explotar.

Ese último punto importa: la irritabilidad constante es uno de los modos en que se presenta la depresión en adolescentes, así que se valora siempre. Y cuando a los estallidos se suman normas rotas y líos fuera de casa, mira los problemas de comportamiento más amplios.

Discutir con alguien que está en el pico de ira no sirve de nada, y no porque no tengáis razón: es que en ese momento no puede procesarlo. Lo que funciona es aplazar —«así no puedo hablar contigo, seguimos en un rato»— y cumplirlo, retomándolo después de verdad. Lo que alimenta la escalada es subir el tono, sacar la lista de agravios pasados o poner en caliente un castigo enorme que luego no se sostiene. Y hay algo incómodo pero cierto: la escalada la hacen dos. Trabajar cómo respondéis vosotros no es culparos, es usar la única palanca disponible en el momento en que ocurre.
Tratamiento

Ganar los diez segundos que hoy no tiene

El objetivo no es que deje de enfadarse. Es que entre el disparador y la respuesta quepa algo más que un impulso.

Se trabaja con entrenamiento en regulación emocional y solución de problemas, y con pautas para casa. Las dos cosas a la vez: solo con él, el cambio se pierde al cruzar la puerta.

Buscar lo de debajo

Descartar ansiedad, depresión, trauma o consumo. Si hay algo por debajo, tratar solo la ira es tapar una gotera.

Identificar la subida

Aprender a notar las señales del cuerpo antes del pico. No se puede frenar lo que se detecta cuando ya ha pasado.

Herramientas para el pico

Qué hacer en esos minutos: salir, respirar, aplazar. Practicado en consulta, no explicado en teoría.

Pensar antes de responder

Trabajar las interpretaciones automáticas —«me está vacilando»— y entrenar otras formas de responder.

Pautas para vosotros

Cómo no entrar en la escalada, cómo poner consecuencias en frío y cómo retomar la conversación después.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿No es la edad?
En parte sí: el freno todavía se está construyendo. Pero la edad explica, no justifica ni resuelve. Si le está costando relaciones, sanciones o la convivencia en casa, se puede trabajar y merece la pena.
Solo explota con nosotros, fuera es un encanto.
Es lo más habitual, y suele significar dos cosas: que en casa se siente lo bastante seguro para soltarlo y que ha aprendido que aquí funciona. Ninguna de las dos es un fallo vuestro, y las dos se trabajan.
¿Y si en el enfado nos ha llegado a empujar o a romper cosas?
Ahí ya no es solo regulación: hay un límite de seguridad y se aborda de forma explícita, con pautas claras y a veces con apoyo externo. No conviene esperar a ver si se pasa.
Le castigamos y da igual.
Los castigos grandes puestos en caliente casi nunca se sostienen, y cuando no se cumplen enseñan que las consecuencias son negociables. Funciona mejor poco, en frío y siempre. Eso se trabaja con vosotros.
¿Necesita medicación?
Para la ira en sí, no. El tratamiento es psicológico. Si por debajo hay un cuadro que la requiera, se valora con su médico o psiquiatra, siempre junto a la terapia.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el instituto no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que el enfado deje de decidir por él

Contadnos cómo son los estallidos y os decimos por dónde se empieza.

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