Terapia para la imagen corporal en adolescentes
No gustarse en algún momento de la adolescencia es casi universal. Otra cosa es que el cuerpo se convierta en el asunto que ocupa el día entero y empiece a decidir a qué planes va y a cuáles no.
El cuerpo pasa a ocupar todo el espacio mental
La insatisfacción corporal en la adolescencia es tan frecuente que hace años se la llamó descontento normativo. Que sea frecuente no la hace inofensiva: es uno de los factores de riesgo mejor establecidos para desarrollar un trastorno alimentario y para la depresión.
El problema se mantiene con dos conductas. La comprobación: mirarse una y otra vez, pellizcarse, pesarse, medir si la ropa aprieta. Y la evitación: no ir a la piscina, no salir en fotos, taparse. Las dos alivian un segundo y mantienen el foco puesto ahí.
Y no es solo cosa de chicas. En los chicos suele aparecer al revés —querer más volumen, más músculo—, con entrenamiento excesivo, dietas rígidas y a veces suplementación sin control. Se detecta mucho más tarde, porque se confunde con hacer deporte.
Cuando la preocupación se centra en un defecto que los demás apenas perciben y ocupa horas al día, hay que valorar además un trastorno dismórfico corporal, que tiene su propio tratamiento.
Cuándo deja de ser no gustarse
Casi todo el mundo tiene algo que se cambiaría. Lo que hay que mirar es cuánto tiempo le ocupa y qué le está quitando.
Si ha empezado a renunciar a planes por su cuerpo, la línea ya se ha cruzado.
Contadnos qué habéis notado- Se mira o se pesa muchas veces al día.
- Tarda muchísimo en vestirse, o se cambia de ropa sin parar.
- Rechaza playa, piscina, vestuarios o fotos.
- Comenta su cuerpo con mucha dureza, o el de otros.
- Sigue cuentas centradas en cuerpos, dietas o gimnasio.
- Ha cambiado de forma llamativa cómo come o cuánto entrena.
- Pregunta constantemente si se le nota algo.
- El tema del cuerpo aparece en casi todas las conversaciones.
Si además hay cambios claros en la alimentación, conviene valorarlo cuanto antes: en trastornos alimentarios, el tiempo hasta el tratamiento es uno de los factores que más pesa en el pronóstico.
Devolverle el cuerpo a su sitio
El objetivo no es que se encuentre guapísimo. Es que el cuerpo deje de ser el tema principal del día y deje de decidir a qué va y a qué no.
Se trabaja con terapia cognitivo-conductual, que es el enfoque con más evidencia en imagen corporal, y con alfabetización sobre lo que consume en redes.
Mapear comprobación y evitación
Cuántas veces al día se mira, se pesa o se tapa, y a qué ha dejado de ir. Casi siempre es más de lo que él creía.
Reducir las comprobaciones
De forma gradual y pactada. Es lo que más rápido baja el tiempo que el cuerpo le ocupa en la cabeza.
Recuperar lo evitado
Volver a los planes que había ido soltando, por orden de dificultad. Ahí es donde se rompe la creencia.
Trabajar la comparación
Qué consume, cómo le afecta y qué está comparando exactamente. Sin prohibir el móvil, que rara vez funciona.
Un cuerpo que sirve
Desplazar el foco de cómo se ve a qué le permite hacer, y reconstruir su valía sobre cosas que no dependen del espejo.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿No es normal a su edad?
Le decimos que está estupenda y no sirve.
Mi hijo entrena muchísimo. ¿Eso también cuenta?
¿Le quito las redes sociales?
¿Cuándo hay que preocuparse de verdad?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que el cuerpo deje de ocupar todo el día
Contadnos qué habéis notado y os decimos si hace falta hacer algo.


