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Imagen corporal

Terapia para la imagen corporal en adolescentes

No gustarse en algún momento de la adolescencia es casi universal. Otra cosa es que el cuerpo se convierta en el asunto que ocupa el día entero y empiece a decidir a qué planes va y a cuáles no.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Comprobación y evitaciónLos dos motores del problema
Con vosotros dentroHay comentarios que conviene retirar
Detección tempranaEs antesala frecuente de un TCA
Qué le pasa

El cuerpo pasa a ocupar todo el espacio mental

InsatisfacciónComprobaciónComparaciónEvitación
Ver trastornos de la alimentación

La insatisfacción corporal en la adolescencia es tan frecuente que hace años se la llamó descontento normativo. Que sea frecuente no la hace inofensiva: es uno de los factores de riesgo mejor establecidos para desarrollar un trastorno alimentario y para la depresión.

El problema se mantiene con dos conductas. La comprobación: mirarse una y otra vez, pellizcarse, pesarse, medir si la ropa aprieta. Y la evitación: no ir a la piscina, no salir en fotos, taparse. Las dos alivian un segundo y mantienen el foco puesto ahí.

Y no es solo cosa de chicas. En los chicos suele aparecer al revés —querer más volumen, más músculo—, con entrenamiento excesivo, dietas rígidas y a veces suplementación sin control. Se detecta mucho más tarde, porque se confunde con hacer deporte.

Cuando la preocupación se centra en un defecto que los demás apenas perciben y ocupa horas al día, hay que valorar además un trastorno dismórfico corporal, que tiene su propio tratamiento.

Señales

Cuándo deja de ser no gustarse

Casi todo el mundo tiene algo que se cambiaría. Lo que hay que mirar es cuánto tiempo le ocupa y qué le está quitando.

Si ha empezado a renunciar a planes por su cuerpo, la línea ya se ha cruzado.

Contadnos qué habéis notado
  • Se mira o se pesa muchas veces al día.
  • Tarda muchísimo en vestirse, o se cambia de ropa sin parar.
  • Rechaza playa, piscina, vestuarios o fotos.
  • Comenta su cuerpo con mucha dureza, o el de otros.
  • Sigue cuentas centradas en cuerpos, dietas o gimnasio.
  • Ha cambiado de forma llamativa cómo come o cuánto entrena.
  • Pregunta constantemente si se le nota algo.
  • El tema del cuerpo aparece en casi todas las conversaciones.

Si además hay cambios claros en la alimentación, conviene valorarlo cuanto antes: en trastornos alimentarios, el tiempo hasta el tratamiento es uno de los factores que más pesa en el pronóstico.

Los comentarios sobre cuerpos hacen daño aunque sean elogios, y aunque no vayan dirigidos a él. Decirle «qué bien te veo, has adelgazado» le enseña que su cuerpo se evalúa y que había un antes peor. Hablar mal del propio cuerpo delante de él le enseña que eso es lo normal. Y comentar el cuerpo de otras personas, aunque sea de alguien de la tele, le confirma que todo el mundo está mirando. Lo que sí ayuda: hablar de lo que su cuerpo hace en lugar de cómo se ve, y sacar el tema del peso de las conversaciones de casa.
Tratamiento

Devolverle el cuerpo a su sitio

El objetivo no es que se encuentre guapísimo. Es que el cuerpo deje de ser el tema principal del día y deje de decidir a qué va y a qué no.

Se trabaja con terapia cognitivo-conductual, que es el enfoque con más evidencia en imagen corporal, y con alfabetización sobre lo que consume en redes.

Mapear comprobación y evitación

Cuántas veces al día se mira, se pesa o se tapa, y a qué ha dejado de ir. Casi siempre es más de lo que él creía.

Reducir las comprobaciones

De forma gradual y pactada. Es lo que más rápido baja el tiempo que el cuerpo le ocupa en la cabeza.

Recuperar lo evitado

Volver a los planes que había ido soltando, por orden de dificultad. Ahí es donde se rompe la creencia.

Trabajar la comparación

Qué consume, cómo le afecta y qué está comparando exactamente. Sin prohibir el móvil, que rara vez funciona.

Un cuerpo que sirve

Desplazar el foco de cómo se ve a qué le permite hacer, y reconstruir su valía sobre cosas que no dependen del espejo.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿No es normal a su edad?
Es muy frecuente, sí, y por eso pasa desapercibido. Frecuente no es lo mismo que inofensivo: la insatisfacción corporal es uno de los factores de riesgo mejor establecidos para un trastorno alimentario.
Le decimos que está estupenda y no sirve.
Es normal que no sirva, porque el problema no es la información. De hecho los comentarios sobre su cuerpo, incluso buenos, refuerzan que su cuerpo se evalúa. Funciona mejor sacar el tema de las conversaciones de casa.
Mi hijo entrena muchísimo. ¿Eso también cuenta?
Sí, y se detecta mucho más tarde porque parece salud. Cuando el entrenamiento es rígido, no admite descanso y hay dietas o suplementos por medio, merece la misma valoración.
¿Le quito las redes sociales?
Prohibirlas de golpe suele durar poco y abrir otra guerra. Se trabaja qué cuentas sigue, qué siente al verlas y cómo funciona lo que ve. Cambiar el consumo funciona mejor que cortar el acceso.
¿Cuándo hay que preocuparse de verdad?
Cuando aparecen cambios en la forma de comer, cuando el cuerpo le está quitando planes o cuando el tema le ocupa horas al día. Ahí conviene valorar también un trastorno alimentario, sin esperar.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el instituto no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que el cuerpo deje de ocupar todo el día

Contadnos qué habéis notado y os decimos si hace falta hacer algo.

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