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Problemas de identidad

Terapia para los problemas de identidad en adolescentes

Preguntarse quién es uno es la tarea principal de la adolescencia, y probar cosas forma parte del trabajo. Lo que no es normal es la sensación de no ser nadie cuando no hay nadie delante.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Explorar sin etiquetarProbar es parte del proceso
Trabajo con valoresQué le importa a él, no a otros
Con vosotros dentroSostener sin dirigir
Qué le pasa

Explorar está bien: no ser nadie no

ExploraciónPertenenciaValoresAutonomía
Ver autoestima en adolescentes

Construir una identidad propia es la tarea evolutiva central de la adolescencia. Por eso cambia de estilo, de música, de grupo y de opiniones: está probando, y eso es exactamente lo que toca hacer a esa edad.

El problema no es la búsqueda. El problema aparece cuando esa búsqueda se atasca en dos sitios. Uno: se adapta tanto a cada grupo que se pierde —es una persona con unos amigos y otra distinta con otros, y cuando está solo no sabe cuál es—. Dos: se cierra demasiado pronto, adoptando entero el guion de la familia o del grupo sin haberlo elegido.

Debajo suele aparecer una sensación difícil de explicar: un vacío, la impresión de estar interpretando un papel, o de que hay algo que a los demás les vino de serie y a él no.

Cuando eso viene acompañado de relaciones muy intensas e inestables y de un miedo enorme al abandono, conviene además una valoración más amplia, porque puede estar apuntando a otra cosa.

Señales

Cuándo deja de ser búsqueda

Cambiar de gustos y de grupo no es una señal de alarma: es el proceso funcionando.

Lo que conviene mirar es si le está generando malestar y si le deja sin criterio propio.

Contadnos qué habéis notado
  • Es una persona distinta según con quién esté.
  • Le cuesta responder qué le gusta a él, sin mirar al grupo.
  • Depende por completo de un grupo o de una pareja para saber quién es.
  • Habla de sentirse vacío, o de estar actuando.
  • Cambia de forma radical y muy rápida de intereses, imagen o amistades.
  • Le angustia mucho decidir su futuro, hasta bloquearse.
  • Adopta opiniones enteras sin haberlas pensado.
  • Se anula constantemente para no perder a alguien.

Si además hay relaciones muy intensas e inestables, miedo intenso al abandono o autolesiones, conviene una valoración más amplia sin esperar.

La tentación cuando un hijo no sabe quién es consiste en decírselo vosotros, y es lo que menos ayuda. Si cada exploración se recibe con burla —el pelo, la música, la ropa, la forma de hablar— aprende a esconder el proceso, no a saltárselo. Y si se le empuja hacia un guion concreto, lo que sale es una identidad prestada que se cae a los veinticinco. Lo que sí ayuda: tomarse en serio lo que le interesa aunque a vosotros os parezca una tontería, preguntar más que opinar, y sostener los límites de siempre en lo que importa. Los límites no impiden explorar: son el suelo desde el que se explora.
Tratamiento

Construir un criterio propio

El trabajo no consiste en decirle quién es. Consiste en darle las herramientas para averiguarlo y el margen para equivocarse por el camino.

Se apoya sobre todo en el trabajo con valores de las terapias contextuales y en herramientas narrativas.

Poner nombre a lo que le pasa

Entender que la sensación de no saber quién es tiene explicación y tiene un momento evolutivo. Eso ya baja mucha angustia.

Clarificar valores

Qué le importa de verdad a él, separado de lo que se espera en casa y de lo que premia su grupo. Es el núcleo del trabajo.

Decidir desde ahí

Aprender a elegir según sus valores y no según quién esté delante. Se practica con decisiones pequeñas.

Sostener el desacuerdo

Poder decir que no y discrepar sin sentir que va a perder al grupo. Sin esto, cualquier identidad es prestada.

Continuidad

Reconstruir el hilo entre quién era, quién es y quién quiere ser. Esa continuidad es justo lo que da la sensación de ser alguien.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Cambia de estilo y de amigos cada dos meses. ¿Es preocupante?
En principio no: probar es el trabajo de esa edad. Lo que se mira es si le genera malestar, si depende del grupo para saber quién es y si le está quitando criterio propio.
No sabe qué quiere estudiar y le angustia muchísimo.
Es un motivo de consulta frecuente y no siempre es orientación vocacional: muchas veces es miedo a equivocarse y a decepcionar. Se trabaja la decisión, pero sobre todo lo que hay debajo.
Es completamente distinto según con quién esté.
Adaptarse al contexto es normal; el problema es cuando no queda nada debajo. Si al estar solo no sabe cuál de esas versiones es él, ahí sí merece la pena trabajarlo.
¿Le estamos presionando nosotros sin darnos cuenta?
A veces sí, y casi siempre sin intención. Se trabaja también con vosotros: cómo sostener límites y a la vez dejar sitio para que explore. No son cosas incompatibles.
¿Esto tiene que ver con la identidad de género?
Son cosas distintas. Esta página trata la construcción de la identidad personal en general. Si lo que hay son dudas sobre la identidad de género, eso se aborda en su propia página.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el instituto no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que sepa quién es cuando no hay nadie delante

Contadnos qué habéis notado y os decimos si hace falta hacer algo.

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