Terapia para los problemas de identidad en adolescentes
Preguntarse quién es uno es la tarea principal de la adolescencia, y probar cosas forma parte del trabajo. Lo que no es normal es la sensación de no ser nadie cuando no hay nadie delante.
Explorar está bien: no ser nadie no
Construir una identidad propia es la tarea evolutiva central de la adolescencia. Por eso cambia de estilo, de música, de grupo y de opiniones: está probando, y eso es exactamente lo que toca hacer a esa edad.
El problema no es la búsqueda. El problema aparece cuando esa búsqueda se atasca en dos sitios. Uno: se adapta tanto a cada grupo que se pierde —es una persona con unos amigos y otra distinta con otros, y cuando está solo no sabe cuál es—. Dos: se cierra demasiado pronto, adoptando entero el guion de la familia o del grupo sin haberlo elegido.
Debajo suele aparecer una sensación difícil de explicar: un vacío, la impresión de estar interpretando un papel, o de que hay algo que a los demás les vino de serie y a él no.
Cuando eso viene acompañado de relaciones muy intensas e inestables y de un miedo enorme al abandono, conviene además una valoración más amplia, porque puede estar apuntando a otra cosa.
Cuándo deja de ser búsqueda
Cambiar de gustos y de grupo no es una señal de alarma: es el proceso funcionando.
Lo que conviene mirar es si le está generando malestar y si le deja sin criterio propio.
Contadnos qué habéis notado- Es una persona distinta según con quién esté.
- Le cuesta responder qué le gusta a él, sin mirar al grupo.
- Depende por completo de un grupo o de una pareja para saber quién es.
- Habla de sentirse vacío, o de estar actuando.
- Cambia de forma radical y muy rápida de intereses, imagen o amistades.
- Le angustia mucho decidir su futuro, hasta bloquearse.
- Adopta opiniones enteras sin haberlas pensado.
- Se anula constantemente para no perder a alguien.
Si además hay relaciones muy intensas e inestables, miedo intenso al abandono o autolesiones, conviene una valoración más amplia sin esperar.
Construir un criterio propio
El trabajo no consiste en decirle quién es. Consiste en darle las herramientas para averiguarlo y el margen para equivocarse por el camino.
Se apoya sobre todo en el trabajo con valores de las terapias contextuales y en herramientas narrativas.
Poner nombre a lo que le pasa
Entender que la sensación de no saber quién es tiene explicación y tiene un momento evolutivo. Eso ya baja mucha angustia.
Clarificar valores
Qué le importa de verdad a él, separado de lo que se espera en casa y de lo que premia su grupo. Es el núcleo del trabajo.
Decidir desde ahí
Aprender a elegir según sus valores y no según quién esté delante. Se practica con decisiones pequeñas.
Sostener el desacuerdo
Poder decir que no y discrepar sin sentir que va a perder al grupo. Sin esto, cualquier identidad es prestada.
Continuidad
Reconstruir el hilo entre quién era, quién es y quién quiere ser. Esa continuidad es justo lo que da la sensación de ser alguien.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsAppCambia de estilo y de amigos cada dos meses. ¿Es preocupante?
No sabe qué quiere estudiar y le angustia muchísimo.
Es completamente distinto según con quién esté.
¿Le estamos presionando nosotros sin darnos cuenta?
¿Esto tiene que ver con la identidad de género?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que sepa quién es cuando no hay nadie delante
Contadnos qué habéis notado y os decimos si hace falta hacer algo.


