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Dependencia emocional

Terapia para la dependencia emocional en la pareja

Sabes que no estás bien, has pensado en dejarlo muchas veces y no puedes. Y cada vez que vuelves te cuesta más explicártelo, hasta a ti misma.

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50 a 60 minutos60 € individual · 80 € en pareja
Qué está pasando

No es falta de carácter

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La dependencia emocional no va de querer mucho. Va de que el bienestar entero depende de cómo esté la relación ese día: si él está bien, estás bien; si se enfada o se distancia, se cae todo.

Se sostiene sobre un miedo muy concreto —quedarse sola, no valer sin el otro— y sobre un aprendizaje: que cediendo se evita el conflicto. Lo que empezó como flexibilidad se convierte, con los años, en haber renunciado a casi todo lo propio sin darse cuenta.

Hay un patrón que confunde mucho y que tiene explicación: las relaciones intermitentes enganchan más que las estables. Cuando el afecto llega de forma impredecible, cada vez que llega alivia muchísimo, y ese alivio es lo que ata. Por eso las relaciones que peor sientan son a menudo las más difíciles de dejar.

Y no siempre hay que dejarlo. A veces la dependencia se trabaja dentro de la relación, con los dos, recuperando terreno propio. Otras veces lo que hay debajo es una relación que hace daño, y entonces el trabajo es otro.

Señales

Cuando tu día depende de su humor

Esto rara vez se nombra como dependencia. Se nombra como querer mucho, o como estar pasando una mala racha larga.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Tu estado de ánimo depende de cómo esté la relación ese día.
  • Has dejado de ver a gente o de hacer cosas que te gustaban.
  • Cedes casi siempre para que no haya conflicto.
  • Has pensado en dejarlo varias veces y siempre vuelves.
  • Te justificas ante los demás por seguir con él.
  • Sientes ansiedad cuando tarda en contestar.
  • Ya no sabes muy bien qué quieres tú.
  • Piensas que no serías capaz de estar sola.

Haber vuelto muchas veces no significa que seas débil. Significa que la relación funciona de una forma que engancha, y eso se puede entender y cambiar.

La mayoría de la gente que llega con esto ya ha oído mil veces que tiene que dejarlo, y por eso ha dejado de contarlo. Ese consejo no ayuda: si fuera cuestión de decidirlo, ya estaría hecho. Aquí el trabajo empieza por entender qué sostiene el vínculo y por recuperar terreno propio —gente, actividades, criterio—, porque desde ahí sí se puede decidir. Unas veces la conclusión es cambiar la relación y otras es salir de ella, pero la decisión llega después de recuperarse, no antes.
Tratamiento

Recuperar lo tuyo primero

El objetivo no es que dejes la relación ni que la salves. Es que vuelvas a tener una vida que no dependa de cómo esté ella.

Se puede trabajar individualmente, en pareja, o las dos cosas. Con mucha frecuencia se empieza a solas y se valora después si tiene sentido traer al otro.

Ver el patrón

Qué pasa antes de ceder, qué se siente al hacerlo y qué se evita con eso. Se dibuja el ciclo completo, incluidas las vueltas.

Entender de dónde viene

Qué historia hay detrás del miedo a quedarse sola. Casi siempre viene de mucho antes de esta relación.

Recuperar terreno

Gente, actividades, decisiones propias. Se empieza por lo pequeño, porque es lo que devuelve la sensación de poder elegir.

Aprender a sostener el conflicto

Decir que no y aguantar el malestar que viene después sin salir corriendo a arreglarlo. Se entrena aquí.

Decidir desde otro sitio

Cuando ya hay vida propia, la decisión sobre la relación se toma con la cabeza clara. Sea la que sea.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las parejas

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

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¿Me vais a decir que lo deje?
No. Eso ya te lo ha dicho todo el mundo y no ha servido. Aquí se trabaja para que puedas decidir tú, con criterio propio y sin la urgencia de nadie.
¿Puedo venir sin mi pareja?
Sí, y es lo más frecuente. Se empieza a solas y más adelante se valora si tiene sentido trabajar también en pareja.
He vuelto muchas veces, ¿es un caso perdido?
Nada de eso. Las vueltas forman parte del patrón, no son un fracaso personal. Entender por qué se vuelve es justo lo que permite dejar de hacerlo.
¿Esto es lo mismo que amor?
No. El amor no exige renunciar a lo propio ni deja el ánimo colgando del humor del otro. Se puede querer mucho y no depender, y eso es lo que se busca.
¿Y si hay maltrato?
Se valora siempre en la primera sesión. Si hay control, aislamiento o miedo, no se trabaja como terapia de pareja: se aborda tu seguridad primero y se te orienta sobre los recursos que existen.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión individual y 80 € la de pareja. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que vuelvas a tener vida propia

Cuéntanos qué te está pasando y te decimos si podemos ayudarte.

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