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Cambios de etapa

Cuando un cambio de etapa descoloca a toda la familia

Nace un hijo, os mudáis, el mayor se va de casa, alguien se jubila. No ha pasado nada malo y, aun así, en casa lleva meses sin funcionar nada como antes.

Enfoque sistémicoMiramos el conjunto, no a uno
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Sin culpablesAquí no se reparten responsabilidades
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

Los cambios buenos también descolocan

NacimientoMudanzaNido vacíoJubilación
Ver la terapia familiar

Una familia es un equilibrio: quién hace qué, quién decide qué, quién habla con quién. Ese equilibrio tarda años en formarse y funciona sin que nadie lo piense.

Un cambio de etapa lo rompe de golpe. No porque el cambio sea malo —un nacimiento, un ascenso, un hijo que se independiza suelen ser buenas noticias— sino porque obliga a repartir otra vez todos los papeles y nadie ha acordado los nuevos.

Eso explica algo que desconcierta mucho: estáis mal y no sabéis por qué, porque objetivamente no ha pasado nada. Y como no hay un motivo presentable, cada uno acaba pensando que el problema es el otro.

Las crisis de etapa son normales y tienen un final. Lo que las alarga es intentar seguir funcionando con el reparto de antes, cuando ya no cabe. También pasa cuando el cambio es duro: un duelo o la enfermedad de un familiar reorganizan una casa entera.

Señales

Estáis mal y no hay un motivo

Lo que más despista de estas crisis es que no hay un culpable ni un episodio al que señalar.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres que se mantengan, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Discutís por cosas pequeñas que antes no discutíais.
  • Alguien se ha quedado con mucha más carga que el resto.
  • Se echa de menos cómo era antes, aunque el cambio se eligiera.
  • Han desaparecido las rutinas que os sostenían.
  • Alguno se ha ido replegando y ya no participa.
  • Hay reproches sobre quién hace más.
  • Cuesta hablar del tema sin que alguien se sienta culpable.
  • Lleváis meses así y no mejora solo.

Que el cambio fuera deseado no os obliga a llevarlo bien. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez.

La mayoría de las familias en crisis de etapa creen que se han estropeado, y lo que ha pasado es que el reparto que tenían ya no da de sí. Un bebé, una casa nueva o un hijo que se va no cambian a las personas: cambian los tiempos, el espacio y las tareas. Cuando cada uno intenta seguir haciendo lo mismo de antes con menos margen, la fricción es inevitable. Y no se arregla esforzándose más, se arregla repartiendo otra vez.
Tratamiento

Repartir otra vez lo que ya no cabe

El objetivo no es volver a como estabais. Es construir el equilibrio que toca ahora, con lo que hay ahora.

Suelen ser procesos cortos. Cuando el motivo es un cambio de etapa concreto, la familia se reorganiza rápido en cuanto se nombra lo que está pasando.

Situar el cambio

Qué cambió exactamente, cuándo, y qué dejó de funcionar a partir de ahí. Poner fecha ordena mucho.

Ver el reparto de antes

Quién hacía qué y por qué funcionaba. Hay cosas que conviene recuperar y otras que ya no tienen sitio.

Nombrar lo que se ha perdido

Todo cambio, aunque sea bueno, deja algo atrás. Poder decirlo en voz alta quita mucha culpa.

Acordar el reparto nuevo

Tareas, tiempos y espacios, con nombres y apellidos. Concreto y revisable, no un pacto de intenciones.

Recuperar rutinas

Dos o tres momentos fijos que os vuelvan a juntar. Suelen ser lo primero que se pierde y lo que más se nota.

Quién lo trata

La persona del equipo que lleva esto

Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las familias

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
El cambio lo elegimos nosotros, ¿podemos quejarnos?
Sí. Elegir algo no obliga a llevarlo bien, y sentir alivio y pérdida a la vez es lo más común del mundo. No poder decirlo es lo que lo complica.
Acabamos de tener un hijo y solo discutimos.
Es la crisis de etapa más frecuente y una de las que mejor responden. El problema casi nunca es el bebé: es que el reparto de dos no vale para tres y nadie ha acordado el nuevo.
Los hijos se han ido y la casa se ha quedado rara.
Se llama nido vacío y es una etapa, no un fallo. Suele destapar conversaciones de pareja aplazadas durante años. Se trabaja, y muchas veces con muy buenos resultados.
¿Esto se pasa solo con el tiempo?
Muchas veces sí, en unos meses. Se consulta cuando lleva demasiado, cuando alguien lo está pasando muy mal o cuando ya han aparecido reproches que van a dejar poso.
¿Cuántas sesiones suelen hacer falta?
Menos que en otros motivos. Con un cambio de etapa identificado, entre seis y ocho suele ser suficiente. Os damos una estimación real en la evaluación.
¿Cuánto cuesta la sesión?
80 € la sesión de 60 minutos, vengan dos personas o cinco. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que la casa vuelva a funcionar, aunque sea de otra manera

Contadnos qué cambió y os decimos si podemos ayudaros.

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