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Sobrecarga del cuidador

Cuando cuidar a un familiar te está consumiendo

Cuidas a tu padre, a tu madre o a quien haga falta. Lo haces porque quieres, y a la vez estás agotada, enfadada y con una culpa enorme por estarlo.

Enfoque sistémicoSe mira a la familia, no solo a quien cuida
Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Sin juiciosAquí se puede decir todo en voz alta
60 minutos80 € la sesión, sin subidas
Qué está pasando

Cuidar mucho tiempo desgasta, y eso no se elige

AgotamientoCulpaAislamientoEnfado
Ver terapia para adultos

La sobrecarga del cuidador no es debilidad ni falta de cariño. Es lo que le pasa a cualquier persona que sostiene durante años una tarea sin horario, sin relevo y sin final previsible.

Tiene una forma reconocible: cansancio que no se arregla durmiendo, irritabilidad con quien menos lo merece, dejar de ver a gente, dejar de hacer lo que os gustaba, y una culpa que aparece justo cuando se piensa en descansar.

Lo que casi nadie dice en voz alta es el enfado. Enfado con el familiar al que se cuida, con los hermanos que no aparecen, con una vida que se ha quedado en pausa. Sentirlo no os hace mala persona: os hace una persona agotada.

Y hay una parte que es de toda la familia, no solo de quien cuida. El reparto casi nunca se decide: se instala, normalmente sobre quien vive más cerca o quien dijo que sí la primera vez.

Señales

Lo que se nota antes de reconocerlo

Casi nadie pide ayuda por esto hasta que ya lleva mucho tiempo. Suele consultarse por otra cosa y aparece aquí.

No hace falta que se cumplan todas. Con dos o tres que se mantengan, ya tiene sentido mirarlo.

Contadnos qué está pasando
  • Estás cansada todo el tiempo y dormir no lo arregla.
  • Saltas por cosas pequeñas y luego te sientes fatal.
  • Has dejado de ver a tus amigos o de hacer lo que te gustaba.
  • Sientes culpa cada vez que piensas en descansar.
  • Hay enfado con el familiar al que cuidas y no puedes decirlo.
  • Hay reproches entre hermanos sobre quién hace más.
  • Han aparecido molestias físicas: dolores, insomnio, contracturas.
  • Piensas que si tú paras no lo hace nadie.

Reconocer que no podéis con todo no es fallarle a nadie. Es la única forma de poder seguir cuidando.

En casi ninguna familia hubo una conversación donde se decidiera quién iba a cuidar. Se fue quedando en quien vivía más cerca, quien tenía el horario más flexible o quien no supo decir que no la primera vez. Diez años después eso se ha convertido en lo normal, y quien pide ayuda parece que está reclamando un favor en vez de revisar un acuerdo que nunca se hizo. Sentarse a repartirlo de nuevo —aunque el reparto acabe siendo parecido— cambia por completo cómo se lleva.
Tratamiento

Sostenerlo sin romperte

El objetivo no es que cuidéis menos ni que os sintáis culpables por cuidar. Es que la carga deje de recaer entera sobre una sola persona.

Se puede trabajar individualmente con quien cuida, o con los hermanos y la familia si el nudo está en el reparto. Muchas veces se hacen las dos cosas.

Poner cifras a la carga

Cuántas horas, qué tareas, qué has dejado de hacer. Verlo en un papel suele ser la primera vez que se dimensiona.

Permitir el enfado

Nombrar lo que no se puede decir en casa. La culpa baja mucho cuando el enfado deja de ser un secreto.

Reabrir el reparto

Sesiones con los hermanos si hace falta. Se habla de tareas concretas, no de quién quiere más al padre.

Recuperar terreno propio

Dos o tres cosas tuyas que vuelvan a la semana, con horario. Sin esto, todo lo demás no aguanta.

Recursos de fuera

Ayuda a domicilio, centro de día, respiro familiar. Usarlos no es abandonar a nadie: es lo que permite seguir.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan las familias

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
Me da vergüenza quejarme, hay quien está peor.
Que exista alguien peor no hace que tú estés bien. La sobrecarga se mide por lo que te está costando a ti, no comparándola con nadie.
Siento rabia hacia mi madre y no lo soporto.
Es de lo más frecuente y de lo que menos se dice. El enfado no cancela el cariño: convive con él. Poder decirlo en un sitio seguro suele aliviar mucho.
Mis hermanos no ayudan y no sé cómo plantearlo.
Se prepara aquí: qué pedir, a quién y con qué palabras. Las peticiones concretas se conceden mucho más que los reproches generales, aunque el reproche esté justificado.
¿Tengo que venir con mi familia?
No necesariamente. Se puede empezar tú sola y, si el nudo está en el reparto, se invita a los hermanos más adelante. Tú decides el ritmo.
¿Esto es depresión?
A veces la sobrecarga acaba en un cuadro depresivo y entonces se trata también como tal. Se valora en la evaluación. Mira la página de depresión si te reconoces ahí.
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si vienes tú sola, 60 € la sesión individual. Si viene la familia, 80 €. Aquí están todas las tarifas.
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Cuéntanos cómo es tu semana y te decimos si podemos ayudarte.

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