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Autolesiones

Tratamiento de las autolesiones en adolescentes

Descubrirlo asusta muchísimo, y lo primero que conviene saber es que casi nunca es lo que parece: la mayoría de los adolescentes que se autolesionan no quieren morir, quieren dejar de sentir lo que sienten.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
Terapia dialéctico-conductualLa de más evidencia a estas edades
Con vosotros dentroTambién hay pautas para casa
Sin juicioNi sermones ni castigos
Qué le pasa

Una forma de apagar una emoción que desborda

RegulaciónAlivio breveVergüenzaRepetición
Cómo trabajamos con menores

La autolesión no suicida es hacerse daño de forma deliberada sin intención de morir. Y su función, en la inmensa mayoría de los casos, es regular una emoción insoportable: cuando la angustia sube tanto que no cabe, el dolor físico la corta en seco.

Ese alivio es real y es inmediato. Por eso se repite. No es un capricho ni una moda, aunque a veces se aprenda de otros: es la herramienta que ha encontrado para algo que no sabe manejar de otra manera.

Los estudios internacionales sitúan en torno al 17% la proporción de adolescentes que se ha autolesionado alguna vez, con más frecuencia entre los 12 y los 15 años. Es mucho más común de lo que se cree, y también mucho más silencioso.

Y hay que decir las dos cosas a la vez: no es un intento de suicidio, pero sí es uno de los predictores más consistentes de riesgo futuro. Por eso no se minimiza nunca, aunque las lesiones sean superficiales.

Señales

Lo que se ve, y lo que se esconde

La vergüenza es enorme, así que casi todo el trabajo de un adolescente que se autolesiona consiste en que no se note.

Estas son las señales que con más frecuencia lo destapan.

Contadnos qué habéis notado
  • Marcas, cortes o quemaduras, sobre todo en brazos, muslos o abdomen.
  • Manga larga o pantalón largo con cualquier temperatura.
  • Explicaciones que no encajan sobre heridas repetidas.
  • Evita cambiarse delante de nadie, la piscina o el gimnasio.
  • Guarda objetos cortantes sin motivo claro.
  • Cambios bruscos de ánimo y periodos de encierro en el cuarto.
  • Contenido en redes sobre autolesión, o amigos que lo hacen.
  • Dice cosas como «no siento nada» o «así al menos siento algo».

Si aparece cualquier mención a querer morir —eso ya es ideación suicida—, no lo tratéis como parte de lo mismo: consultadlo sin esperar. El 024 atiende las 24 horas y el 112 para una urgencia.

Vuestra reacción los primeros minutos condiciona si os lo vuelve a contar. Lo que ayuda: mantener la calma aunque por dentro no la tengáis, curar la herida sin dramatizar, y preguntar por lo que sentía antes en lugar de por la marca. Lo que no ayuda: gritar, castigar, pedirle que prometa que no lo hará más o revisarle el cuerpo cada noche. Los pactos de «prométeme que no» no funcionan y añaden un fracaso más. Y una petición concreta: guardad sin aspavientos lo que tengáis a mano en casa. No es desconfianza, es reducir el acceso en el momento de más impulso.
Tratamiento

Cambiar la herramienta, no prohibirla

Quitarle la autolesión sin darle nada a cambio no funciona, porque le estaríamos retirando lo único que hoy le sirve para bajar la angustia.

La terapia dialéctico-conductual adaptada a adolescentes es el tratamiento con más respaldo para reducir la autolesión, y consiste precisamente en construir alternativas antes de retirar la conducta.

Evaluar función y riesgo

Para qué le sirve, qué la dispara, con qué frecuencia, y si hay ideación suicida por debajo. Esto se valora siempre y de forma explícita.

Análisis en cadena

Reconstruir con él paso a paso un episodio concreto: qué pasó, qué pensó, qué sintió. Es lo que revela dónde se puede intervenir.

Habilidades de tolerancia

Recursos concretos para sostener el pico de angustia sin actuar. Son los que sustituyen a la conducta cuando ya está en marcha.

Regulación emocional

Aprender a identificar y bajar la emoción antes de que llegue al punto en el que solo cabe la autolesión.

Pautas para casa

Cómo responder cuando ocurre, cómo hablar del tema y cómo reducir el acceso sin convertir la casa en una vigilancia.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Lo hace para llamar la atención?
Casi nunca. La función más frecuente es regular una emoción que le desborda, y lo habitual es justo lo contrario: esconderlo con mucho esfuerzo. Tratarlo como una llamada de atención suele cerrar la puerta a que lo cuente.
¿Significa que quiere suicidarse?
No. La autolesión no suicida se hace sin intención de morir. Ahora bien, sí es uno de los predictores más consistentes de riesgo futuro, así que se valora siempre y nunca se minimiza.
¿Le quito el móvil y le vigilo?
La vigilancia constante y los castigos suelen empeorarlo: aumentan la vergüenza y hacen que lo esconda mejor. Sí tiene sentido reducir el acceso a lo que usa, hecho sin aspavientos y explicado.
No quiere hablar del tema conmigo.
Es lo normal, y no significa que no vaya a hablarlo con nadie. Muchos adolescentes cuentan en consulta lo que no pueden contar en casa. Vuestro papel no es que os lo cuente todo, es que sepa que puede.
¿Hace falta ingreso o medicación?
En la mayoría de los casos no. El tratamiento es psicológico y ambulatorio. Si hay riesgo alto o un cuadro grave por debajo se valora coordinación con psiquiatría, siempre acompañando a la terapia.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el instituto no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Darle otra forma de aguantar lo que siente

Contadnos qué habéis visto y os decimos por dónde se empieza.

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