Ideación suicida en adolescentes: qué hacer
Si has llegado aquí porque tu hijo ha dicho algo que te ha asustado: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida. Atiende las 24 horas, es gratuita y es confidencial. Si crees que hay riesgo ahora mismo, llama al 112. Y después sigue leyendo.
Pensar en morir no es querer morir
La ideación suicida abarca un rango muy amplio. Va desde pensamientos pasivos —«ojalá no me despertara mañana»— hasta ideas mucho más concretas. No todas significan lo mismo ni implican el mismo riesgo, y distinguirlo es parte de la evaluación.
Lo que casi siempre hay debajo no es un deseo de morir, sino un dolor que se ha vuelto insoportable y la creencia de que no va a cambiar nunca. La desesperanza pesa más que la tristeza, y es sobre eso sobre lo que se interviene.
A esta edad se suman dos factores: la impulsividad propia de la adolescencia, con un sistema de freno todavía en desarrollo, y la tendencia a vivir el presente como si fuera definitivo. Una ruptura o una humillación pueden sentirse como el final de todo.
Y algo que conviene saber desde el principio: esto se trata, y se trata bien. La ideación suicida no es una sentencia, es un síntoma, y hay tratamientos con evidencia sólida para reducirla. Si además hay autolesiones, se valoran juntas: muchas veces comparten raíz.
Lo que no conviene dejar pasar
Muchas de estas señales aparecen sueltas en adolescentes que están bien. Lo que enciende la alarma es que se acumulen, o que haya un cambio claro respecto a como estaba.
Ante cualquiera de ellas, preguntar directamente es lo correcto.
Contadnos qué habéis notado- Habla de morir, de desaparecer o de no ser una carga.
- Dice que nada va a cambiar, o que no le ve sentido a nada.
- Se despide de forma rara, o regala cosas que le importaban.
- Se ha aislado de todo el mundo de golpe.
- Ha aumentado el consumo de alcohol u otras sustancias.
- Busca o comparte contenido sobre el tema en redes.
- Ha habido una pérdida, una ruptura o una humillación reciente.
- Después de semanas hundido, aparece de pronto tranquilo y decidido.
Esa última llama poco la atención y es de las más importantes: una calma repentina tras una temporada muy mala puede significar que ha tomado una decisión. Consultadlo igual.
Primero seguridad, después el dolor de debajo
El tratamiento tiene dos tiempos, y el orden no es negociable. Primero se asegura que esté a salvo. Después se trabaja lo que le ha traído hasta aquí.
Los enfoques con más evidencia a estas edades son la terapia dialéctico-conductual y la terapia cognitivo-conductual centrada en la prevención del suicidio.
Evaluación del riesgo
Qué tipo de ideas hay, desde cuándo, si ha habido intentos previos y con qué apoyo cuenta. Se valora siempre y de forma explícita.
Plan de seguridad
Un documento hecho con él: sus señales, qué hará en cada paso, a quién llamará y qué se retira de casa. Es lo primero que sale de la consulta.
Reducir el acceso
Medicación, sustancias y objetos peligrosos fuera del alcance. Es una de las medidas más eficaces que existen, y esa parte os toca a vosotros.
Tratar lo de debajo
Casi siempre hay depresión, trauma, acoso o consumo. La ideación baja cuando eso empieza a moverse.
Recuperar razones
Reconstruir vínculos, planes y motivos para seguir. La desesperanza se combate con futuro concreto, no con discursos.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Le pregunto directamente? ¿No le daré la idea?
Me ha pedido que no se lo cuente a nadie.
¿Cuándo es una urgencia y cuándo puedo pedir cita?
¿Nos vais a contar lo que os diga en consulta?
¿Hay que ingresarle?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Esto se trata, y se trata bien
Llamadnos y os decimos qué hacer hoy. Si es urgente, 024 las 24 horas o 112.


