Terapia para la baja tolerancia a la frustración en niños
Pierde una partida y se le acaba el mundo. Le sale mal un dibujo y lo rompe. No es que esté malcriado: es que aguantar el malestar es una habilidad, y todavía no la tiene.
Aguantar el malestar es una habilidad
La tolerancia a la frustración es la capacidad de sostener un malestar sin actuar de inmediato para quitárselo de encima. No viene de serie: se va construyendo durante la infancia, junto con la maduración de las áreas cerebrales que se encargan del control.
Por eso hay una parte que es normal por edad. Lo que hace pensar en un problema es que la reacción sea muy desproporcionada, que dure mucho rato, que aparezca ante cosas mínimas y que le esté costando cosas: amigos que ya no quieren jugar con él, tareas que abandona, conflictos diarios en casa.
Las cuatro situaciones donde más se ve son siempre las mismas: esperar, equivocarse, perder y que cambie el plan. Si os fijáis, casi todas las explosiones caen en una de esas cuatro.
Y suele ir de la mano de otra cosa: si además se juzga con mucha dureza cuando falla, lo que hay debajo es también un problema de autoestima, y se trabaja a la vez.
Cuándo deja de encajar con su edad
Enfadarse al perder o al no conseguir algo es normal, sobre todo en los más pequeños.
Lo que hay que mirar es la intensidad, cuánto dura y si le está quitando cosas.
Contadnos qué habéis notado- Se hunde o explota al perder a cualquier cosa.
- Rompe lo que está haciendo si no le sale a la primera.
- Abandona antes de intentarlo, para no fallar.
- No soporta esperar, ni unos minutos.
- Se descoloca por completo si cambia un plan.
- Los enfados duran mucho rato y cuesta muchísimo bajarlos.
- Se insulta a sí mismo cuando se equivoca.
- Los amigos han empezado a no querer jugar con él.
Si además está irritable de fondo casi todos los días y ha dejado de disfrutar de cosas, conviene valorar también el estado de ánimo. Y si ya es adolescente y lo que dominan son los estallidos, mira la ira e impulsividad en adolescentes.
Entrenar el aguante en dosis pequeñas
No se trabaja evitándole la frustración, sino al revés: dándole frustraciones del tamaño que hoy puede manejar y acompañándole mientras las sostiene.
Y a estas edades se entrena sobre todo jugando, porque el juego trae incorporadas las cuatro situaciones difíciles: esperar turno, perder, equivocarse y que cambien las reglas.
Identificar los disparadores
Cuál de las cuatro situaciones le cuesta más y cómo reacciona en cada una. Casi nunca son las cuatro por igual.
Ponerle nombre
Que reconozca la emoción antes de que le desborde y sepa cómo se llama lo que le está pasando por dentro.
Herramientas para el momento
Qué hacer cuando nota que sube, practicado hasta que le sale solo. Explicado en frío, nunca en pleno enfado.
Entrenar jugando
Juegos donde tenga que esperar, perder y equivocarse, con dificultad graduada. Es la parte que de verdad lo mueve.
Pautas para casa
Cómo sostener sin ceder, cómo acompañar el enfado y cómo reconocer los avances pequeños.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿No será que está malcriado?
Cedemos porque no podemos más.
¿Le dejamos ganar para que no se enfade?
Los enfados le duran una hora.
¿A qué edad debería tolerar mejor?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Que equivocarse deje de ser una catástrofe
Contadnos cómo son los enfados y os decimos por dónde se empieza.


