Tratamiento de los problemas de comportamiento en adolescentes
Cuando la convivencia se ha convertido en una negociación permanente y cada norma acaba en discusión, el problema ya no es una norma concreta: es el circuito que se ha montado alrededor de ellas.
Hablamos de problemas de comportamiento cuando el desafío a las normas, la agresividad verbal, las mentiras, el absentismo o las conductas de riesgo dejan de ser episodios sueltos y se convierten en el modo habitual de funcionar.
Lo que sostiene el patrón está muy estudiado y se llama ciclo coercitivo. Funciona así: se pone una norma, él protesta, sube el tono, y en algún punto alguien cede para que aquello acabe. Él aprende que aumentar la intensidad funciona, y vosotros aprendéis que ceder trae paz. A la siguiente, los dos empezáis un escalón más arriba.
Nadie diseña eso a propósito. Se monta solo, a base de agotamiento, y por eso no se deshace hablando: se deshace cambiando las respuestas de forma sistemática.
Y como en la ira, conviene mirar debajo: un porcentaje alto de los problemas de conducta esconde otra cosa —ansiedad, ánimo bajo, acoso, consumo, dificultades no detectadas—. Tratar la conducta sin mirar eso suele durar poco.
Cuándo deja de ser rebeldía normal
Cuestionar las normas es parte de la adolescencia y, hasta cierto punto, es sano: así construye su criterio.
Lo que hay que mirar es la frecuencia, si hay daño a terceros y si le está costando cosas serias.
Contadnos qué habéis notado- Cada norma acaba en discusión, sea cual sea.
- Miente de forma habitual, también en cosas sin importancia.
- Falta a clase, o ha acumulado partes y sanciones.
- Ha desaparecido sin avisar, o incumple horarios de forma sistemática.
- Hay agresividad verbal, o física, hacia vosotros o hermanos.
- Conductas de riesgo: consumo, peleas, conducción, dinero.
- Ha cambiado de grupo de amigos de golpe.
- En casa habéis dejado de poner normas para no discutir.
Ese último punto es el que más nos cuentan y el que menos se dice en voz alta. No es rendirse: es agotamiento, y tiene arreglo. Si lo que domina son los estallidos más que el desafío, empezad por la ira y la impulsividad.
Cambiar el circuito, no ganar la discusión
El objetivo no es que obedezca. Es que la convivencia deje de decidirse a gritos y que él recupere margen para tomar mejores decisiones.
Se combina trabajo individual con él y entrenamiento con vosotros. Y si el conflicto ha alcanzado a toda la casa, se plantea terapia familiar.
Evaluar qué hay debajo
Ansiedad, ánimo, consumo, acoso o dificultades no detectadas. La conducta suele ser el síntoma, no la causa.
Mapear el circuito
Qué situaciones se repiten, qué hace cada uno y en qué punto se cede. Verlo escrito suele ser revelador.
Ordenar las normas
Pocas, claras y sostenibles. Una norma que no se puede cumplir hace más daño que no tenerla.
Consecuencias en frío
Pequeñas, inmediatas y siempre. Es lo contrario del castigo enorme puesto en caliente que luego se levanta.
Trabajo con él
Solución de problemas, control del impulso y qué quiere para sí mismo. Sin esta parte, solo hay contención.
Reconstruir lo bueno
Recuperar momentos que no sean de conflicto. Sin eso, las normas no se sostienen mucho tiempo.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Esto es culpa nuestra?
No quiere venir a terapia.
Hemos probado a castigarle de todo y nada funciona.
¿Y si el problema son sus amigos?
¿Habláis con el instituto?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que en casa se pueda volver a convivir
Contadnos cómo está la convivencia y os decimos por dónde se empieza.


