Entrenamiento en habilidades sociales para adolescentes
Hay chicos que no se relacionan porque les da miedo y otros que no se relacionan porque nadie les ha enseñado cómo. Desde fuera se parecen, pero no se trabajan igual.
Relacionarse también se aprende
Las habilidades sociales son conductas concretas y se aprenden como cualquier otra: iniciar una conversación, entrar en un grupo que ya está hablando, sostener el tema, cerrar sin quedar raro, pedir algo, decir que no, discrepar sin romper y arreglar un malentendido.
Algunos adolescentes no las han desarrollado por falta de oportunidades —cambios de centro, una etapa de aislamiento, poco contacto fuera del aula— y otros porque nunca las han visto funcionar de cerca. El resultado se parece a la timidez y no es lo mismo.
La pregunta que lo aclara: ¿sabe cómo hacerlo y el miedo se lo impide, o lo intenta y no le sale? Lo primero es ansiedad social; lo segundo, falta de habilidades. A menudo aparecen juntas, y por eso se evalúa antes de elegir el enfoque.
Y hay una consecuencia que preocupa más de lo que se dice: sin recursos para poner límites, es mucho más fácil acabar aceptando cosas que no quiere solo por no quedarse fuera.
Lo que se ve desde fuera
Casi nunca se plantea como un problema de habilidades: se cuenta como que no le escriben, que no le invitan o que siempre acaba enfadado con alguien.
Lo importante es si se repite en distintos sitios y desde hace tiempo.
Contadnos qué habéis notado- No consigue entrar en un grupo, aunque lo intente.
- Las conversaciones se le acaban a los treinta segundos.
- Le cuesta interpretar bromas, ironías o gestos.
- Interrumpe, habla solo de lo suyo o no cede el turno.
- Se mete en conflictos por cómo dice las cosas, no por lo que dice.
- Acepta planes o favores que no quiere por miedo a quedarse fuera.
- No le invitan a planes, o deja de ir porque no sabe estar.
- Se relaciona bien por escrito y fatal en persona.
Si le ha pasado siempre y en todos los ámbitos con mucha intensidad, antes de entrenar conviene una evaluación más completa.
Entrenar como se entrena cualquier otra cosa
Es una intervención estructurada y estudiada desde hace décadas. No consiste en convencerle de que tener amigos es importante, sino en ensayar conductas concretas hasta que le salgan sin pensar.
Es un terreno que conocemos bien: Sofía Gil, directora del centro, es autora de un libro sobre habilidades sociales que usamos en terapia.
Evaluar qué falla
Averiguar qué lo frena: el miedo, la falta de recursos o las dos cosas, y qué habilidades concretas necesita reforzar.
Descomponer la conducta
Unirse a una conversación de grupo tiene varios pasos. Separarlos hace que deje de parecer imposible.
Modelado y ensayo
Ver cómo se hace y practicarlo en consulta las veces que hagan falta, con corrección inmediata.
Práctica en la vida real
Tareas concretas fuera de sesión, con seguimiento. Aquí es donde se convierte en algo suyo.
Asertividad
Pedir lo que necesita, negarse a lo que no quiere y discrepar sin romper la relación. Es lo que más le protege a esta edad.
La persona del equipo que lleva esto
Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con quien te vas a sentar.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Es timidez o le faltan habilidades?
¿Se trabaja en grupo o individual?
Por escrito se relaciona perfectamente.
¿Puede haber algo del desarrollo detrás?
¿Cuánto se tarda en notar cambios?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que relacionarse deje de ser una prueba
Contadnos qué le pasa cuando se relaciona y os decimos por dónde se empieza.



