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Pensamientos suicidas en adolescentes: preguntar no da la idea

Sofía Gil 10 septiembre, 2026

Psicología de niños y adolescentes adolescente pensativo serio con cara triste vestido con un sueter verde

«Cuando una persona llega a pensar en el suicidio, su pensamiento se paraliza […]. El futuro no puede separarse del presente, y el presente duele más allá de todo consuelo».

Kay Redfield Jamison

Un dato que conviene mirar de cerca

En 2024 se registraron en España 3.953 muertes por suicidio. Son 163 menos que el año anterior, el segundo descenso consecutivo, y es una buena noticia que merece decirse porque casi nunca se dice.

Dentro de esa cifra, sin embargo, hay un movimiento que va en dirección contraria. Entre los menores de treinta años el total también descendió, de 364 casos a 344. Lo que no acompaña es el tramo más joven: entre los menores de veinte años los casos aumentaron, de 76 a 90.

Conviene ser prudentes con la lectura, porque son cifras pequeñas y oscilan de un año a otro. Lo que ese dato sí indica es dónde hay que mirar. Y por eso escribimos esto pensando en ti: si convives con un adolescente, eres quien puede advertir un cambio antes que nadie.

Del conjunto de las cifras y de lo que hay detrás escribimos aquí: el suicidio en España.

Lo primero: se puede preguntar

Empezamos por aquí porque es, con diferencia, la preocupación que más nos traen a consulta cuando un padre o una madre se sienta enfrente. «¿Y si le pregunto y le doy la idea?»

No funciona así, y no es una opinión nuestra. Un metaanálisis publicado en 2018 en la revista Suicide and Life-Threatening Behavior revisó los estudios disponibles sobre esta cuestión y no encontró ningún efecto perjudicial de preguntar, tampoco en personas de alto riesgo. En varios de los estudios revisados, quienes respondían a esas preguntas referían menos malestar después que antes.

Preguntar de forma directa no introduce la idea. Lo que hace es abrir una conversación que esa persona no sabe iniciar sola. Quien no lo ha pensado responderá que no y quedará igual que estaba. Quien sí lo ha pensado lleva probablemente semanas o meses sosteniéndolo en silencio, convencido de que eso no se puede decir en voz alta, y descubrirá que sí se puede.

Qué preguntar, y en qué orden

Esto es lo más útil que podemos darte, porque es el orden con el que se explora el riesgo en consulta. Cada pregunta se hace solo si la anterior obtuvo un sí, y cada sí aumenta la urgencia.

1. ¿Has llegado a pensar que preferirías no estar? Es la puerta de entrada y la más fácil de responder. Aquí hablamos de ideación: el pensamiento, sin más.

2. ¿Has pensado en hacerte daño? Distingue el deseo pasivo de la intención de actuar.

3. ¿Has pensado en cómo? Si aparece un plan, aunque sea impreciso, el nivel de riesgo cambia y la valoración profesional deja de poder esperar.

4. ¿Has hecho algo alguna vez? Una tentativa previa es el factor de riesgo más consistente que se conoce. Si la respuesta es sí, se consulta hoy.

Se pregunta con calma, mirando a la cara y con las palabras exactas. Los rodeos del tipo «no estarás pensando en una tontería, ¿verdad?» comunican lo contrario de lo que se pretende: que ese asunto, en esta casa, no se puede nombrar.

Qué está ocurriendo en realidad

Shneidman dedicó cuarenta años al análisis de notas de suicidio. Documentó que la frase que más se repetía en ellas no era «quiero morir», sino «no aguanto más el dolor». De ahí su conclusión, que a los padres suele reordenarles la comprensión del problema: la mayoría de las personas en esa situación no desean morir. Desean que cese el sufrimiento.

La diferencia es determinante, porque cambia lo que se puede hacer. Ante un deseo de morir, poco cabe desde fuera. Ante un dolor que se ha vuelto insoportable y que la persona no ve terminar, hay mucho: el sufrimiento se puede tratar, y esa sensación de que no acabará nunca es precisamente lo primero que modifica la ayuda profesional.

Añadimos algo que las guías de comunicación piden expresamente y que además es cierto: el suicidio nunca obedece a una sola causa. No es el desamor, ni el suspenso, ni la discusión de esa tarde. Es una acumulación en la que confluyen sufrimiento sostenido, aislamiento, en ocasiones un trastorno sin tratar y casi siempre la percepción de ser una carga. Esa acumulación puede desmontarse por partes.

Las señales, y cuáles pesan más

No todas tienen el mismo valor. Estas son las que en consulta nos llevan a actuar el mismo día:

  • Ha empezado a despedirse. Regala objetos que le importan, deja mensajes de agradecimiento inesperados, cierra asuntos pendientes.
  • Habla de sí mismo como de un estorbo. «Estaríais mejor sin mí» no es una manera de hablar.
  • Ha pasado de la desesperanza a una calma repentina. Es la señal más contraintuitiva y conviene entenderla con precisión: la mejoría real de una depresión es gradual, y eso es una buena noticia. Lo que requiere atención es la calma que aparece de forma brusca y sin explicación tras meses de hundimiento, porque en ocasiones ese alivio procede de haber tomado una decisión.
  • Aparecen lesiones en la piel. Las autolesiones no son un intento de suicidio, y confundirlas es un error frecuente, pero sí multiplican el riesgo y siempre señalan un dolor que no encuentra otra salida.
  • Busca información sobre el tema. En el móvil, en foros, en redes.

Y estas otras, que aisladas no son urgentes pero que sumadas dibujan un cuadro: aislamiento creciente, abandono de lo que antes le interesaba, cambios bruscos del sueño, consumo que aparece sin antecedentes, un descenso académico que nadie sabe explicar.

Sobre esto último conviene saber algo: en un adolescente, la depresión no siempre se manifiesta con tristeza. Con frecuencia se manifiesta con irritabilidad, y lo desarrollamos en depresión en adolescentes.

Qué hacer si la respuesta es sí

No reaccionar con alarma. Cuesta, y aun así importa: tu expresión en ese momento le está indicando si esto se podrá volver a hablar.

No discutir el dolor. «Con todo lo que tienes, cómo vas a estar así» cierra la conversación en una frase. Aunque sea cierto. Sobre todo si es cierto.

No prometer silencio. Un secreto de esta naturaleza no se puede sostener, y además le deja solo justo con lo que menos puede soportar solo. Se le dice con claridad y sin dramatismo: esto vamos a contarlo a alguien que pueda ayudarte, y te acompaño.

Retirar el acceso a medios de riesgo. Es una medida preventiva bien documentada y suele omitirse por pudor. Se hace sin convertirla en un castigo ni en una vigilancia.

Y buscar ayuda ese mismo día. El 024, urgencias, su médico de familia o un profesional de salud mental. Así abordamos la ideación suicida en la adolescencia, y no es necesario que la situación sea extrema para solicitar una valoración.

Y si se niega a acudir, que es lo más habitual, no es el obstáculo que parece: escribimos sobre qué hacer cuando un hijo no quiere ir al psicólogo. Así acompañamos a los adolescentes en el centro.

Si quien está leyendo esto es él

Este apartado no es para tus padres. Es para ti, y está aquí para que puedan enseñártelo sin tener que explicarte nada.

Si has llegado hasta aquí buscando información sobre esto, ya sabes por qué. No hace falta que lo justifiques, ni que lo compares con lo que le ocurre a otros, ni que sea «lo bastante grave». Eso no se mide.

Tres cosas que conviene que sepas.

Lo que sientes ahora no es permanente, aunque en este momento te lo parezca. No lo decimos para consolarte. Es lo que describe la cita con la que abre este artículo: el dolor intenso borra la distancia entre el presente y el futuro, y hace imaginar que esto será siempre así. Quienes lo han atravesado lo cuentan después casi siempre con las mismas palabras: que en aquel momento eran incapaces de imaginar que algún día dejaría de doler.

Puedes escribir en lugar de hablar. El 024 dispone de chat. No hay que llamar, no hay que poner voz y no queda constancia en la factura del teléfono.

Y contárselo a alguien no va a hacer que pierdas el control de la situación. Es el temor más frecuente. Un profesional no funciona así: en la primera consulta se acuerda precisamente eso, qué se comparte, con quién y qué no.

Lo que casi nadie cuenta

Que la inmensa mayoría de las personas que atraviesan esto salen adelante. Que la ideación suicida no es un rasgo de carácter ni una condición permanente, sino un estado, y los estados se modifican. Y que quienes reciben tratamiento mejoran.

Lo decimos porque en mitad de esto se pierde la perspectiva del tiempo, y porque es verdad.

Y por último…

¿Has llegado hasta aquí porque hay alguien en tu casa que te preocupa y no sabías ni a quién preguntar? Que no sepas cómo abordarlo no significa que lo estés haciendo mal: significa que nadie nos enseña a sostener esta conversación, y aun así has empezado a buscar cómo tenerla.

Si quieres que alguien te acompañe a sostenerla, o a lo que venga después, en nuestro centro de psicología en Murcia, MindUp Psicólogos, trabajamos la ideación suicida en adolescentes en Murcia con la sensibilidad, el rigor y la experiencia que este tema exige. Y en muchos casos se empieza únicamente contigo, sin que él tenga que acudir todavía.

024 · gratuito, confidencial, 24 horas los 365 días del año. Por teléfono y por chat. Atiende a quien lo está pasando mal y también a sus familiares y allegados. En caso de riesgo inmediato, 112.

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sofia gil guerrero

Escrito por

Sofía Gil

Directora clínica · Psicóloga sanitaria · MU-2732

Los trastornos de la personalidad son su terreno desde el principio; también trauma, TOC y adicciones. Dirigir el centro no le ha quitado horas de consulta. Le interesa más la pregunta que todavía no sabe contestar, y de ahí sale casi todo lo que ha estudiado después. Escribe cuando una duda se repite tanto que merece una respuesta por escrito.

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