Tratamiento de la ansiedad social en adolescentes
Ser tímido incomoda. La ansiedad social quita cosas: planes, clases, amigos. Esa es la línea, y sirve para saber si lo que le pasa a vuestro hijo es carácter o es un problema tratable.
Miedo a ser juzgado, no a la gente
La ansiedad social es el miedo intenso a las situaciones en las que puede ser observado o evaluado: hablar en clase, entrar solo a un sitio, comer delante de gente, contestar al teléfono. Afecta a cerca del 7% de la población y suele empezar justo en la adolescencia.
Lo que la mantiene no es el miedo, son tres cosas que hace para sobrellevarlo. Anticipar durante días. Evitar lo que puede. Y rumiar después, repasando durante horas todo lo que dijo mal, que es lo que convierte una tarde normal en una prueba de que no vale.
A eso se suman las conductas de seguridad: mirar el móvil para no tener que hablar, ensayar las frases antes, no mirar a los ojos, quedarse en el borde del grupo. Parecen ayudas y son el motor: le impiden comprobar que sin ellas también habría salido bien.
Sin tratamiento tiende a ir a más, porque cada evitación estrecha un poco el terreno. Con tratamiento responde bien, y de forma bastante rápida.
Cuándo deja de ser ser tímido
La timidez es un rasgo: se puede ser tímido y tener una vida social completa.
Lo que marca la diferencia es la renuncia. Si está dejando de hacer cosas que le apetecen, ya no es carácter.
Contadnos qué habéis notado- Rechaza planes que en el fondo le apetecen.
- Pasa días malos antes de algo que tiene que hacer en público.
- Se pone rojo, suda o le tiembla la voz, y eso le angustia todavía más.
- Evita hablar en clase aunque se sepa la respuesta.
- No pide en un bar, no pregunta en una tienda, no llama por teléfono.
- Repasa durante horas lo que dijo y cómo quedó.
- Se queda en el móvil en las situaciones sociales.
- Ha faltado a clase algún día por no exponerse a algo.
No hace falta que se cumplan todas. Con una que se mantenga y le esté condicionando planes, ya es motivo suficiente para consultarlo.
Comprobar que sin muletas también sale bien
La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento de elección para la ansiedad social, y su parte decisiva es la exposición: acercarse a lo temido de forma gradual y sin las conductas de seguridad.
Suena duro y no lo es: se empieza por lo que hoy puede hacer, se pacta con él y no hay sorpresas.
Dibujar el mapa
Qué situaciones evita, qué piensa antes y qué hace para sobrellevarlas. Ahí aparecen las conductas de seguridad que ni él sabía que tenía.
Trabajar la anticipación
Revisar la sobreestimación del juicio ajeno y de sus propias señales visibles. Nadie mira tanto como él cree.
Exposición gradual
Una escalera de situaciones ordenada con él. Se sube un peldaño cuando el anterior ya no da miedo.
Soltar las muletas
Repetir la situación sin el móvil, sin frases ensayadas y mirando a los ojos. Es donde de verdad cae la creencia.
Cortar el repaso posterior
Herramientas para no pasarse la noche reproduciendo la conversación. Sin esto, cada avance se borra al llegar a casa.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿No es que es tímido y ya está?
¿Le vais a obligar a hablar en público?
Se pone rojísimo y eso le mata.
¿Hace falta medicación?
Le cuesta hasta venir a la primera cita.
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Recuperar los planes que la ansiedad le está quitando
Contadnos qué está evitando y os decimos por dónde se empieza.


