Terapia por acoso escolar en adolescentes
A esta edad el acoso casi nunca se queda en el patio: sigue en el móvil, en los grupos y en lo que se comparte, y por eso cuesta tanto que lo cuente. Saber cómo funciona os ayuda a verlo antes y a pedir que se actúe.
Para que sea acoso tienen que coincidir tres cosas: que haya intención de dañar, que se repita y que quien lo sufre no pueda defenderse en igualdad. Dos compañeros que chocan y se reconcilian están en un conflicto; cuando uno siempre pierde y el resto lo sabe, ya no.
El acoso no ocurre entre dos personas: ocurre delante de un grupo. Los observadores no son neutrales —al reírse, al grabar o al callar están sosteniendo la situación—, y por eso las intervenciones que funcionan son las que trabajan con el grupo entero, no solo con la víctima.
Las formas han cambiado poco en lo esencial y mucho en el formato: además de la agresión física o verbal, lo que más se repite hoy es la exclusión sistemática y la difusión de rumores, que dejan menos rastro y hacen el mismo daño.
Las consecuencias están bien documentadas: ansiedad, depresión, síntomas físicos, rechazo a ir a clase, caída del rendimiento y, si se prolonga, huella a largo plazo en la autoestima y en la forma de relacionarse.
Lo que suele notarse antes de que hable
Casi ningún adolescente lo cuenta al principio, y no por desconfianza: por vergüenza y por miedo a que actuéis y sea peor.
Lo primero que suele verse no es el acoso, sino lo que provoca: el rechazo a ir, el móvil o el silencio.
Contadnos qué habéis notado- Mira el móvil con angustia, o lo esconde en cuanto entráis.
- Excusas repetidas para no ir a clase.
- Ha dejado de subir fotos o ha cerrado alguna red de golpe.
- Ha cambiado de ruta, de horario o de sitio en el recreo.
- Ha dejado de hablar de sus amigos, o ya no queda con nadie.
- Está irritable, se encierra o duerme mal desde hace semanas.
- Se ha salido de los grupos de clase, o le han sacado de ellos.
- Pide dinero de más, o desaparece dinero de casa.
Si aparecen autolesiones o ideas de morir, consultadlo sin esperar. El 024 atiende las 24 horas y el 112 para una urgencia.
Que se acabe, y que no se lo lleve puesto
Hay dos tareas y conviene no confundirlas. Que el acoso termine depende sobre todo del instituto y de su protocolo. Que no le deje huella depende del trabajo terapéutico, y ese sigue haciendo falta cuando el acoso ya ha parado.
Si os parece bien, hablamos con el tutor o con el orientador; eso no se cobra aparte.
Ponerlo a salvo
Primero, que deje de pasar. Os acompañamos para documentarlo y para que el instituto active su protocolo.
Quitarle la culpa
Muchos chicos y chicas acosados acaban pensando que algo de ellos lo provocó. Desmontar esa idea es lo que más protege a largo plazo.
Bajar los síntomas
Ansiedad, insomnio, ánimo bajo y rechazo a ir a clase. Se tratan mientras la situación se resuelve, no después.
Procesar lo vivido
Si el acoso ha sido prolongado, deja huella parecida a la de un trauma y se trabaja como tal.
Reconstruir lo social
Recuperar confianza para volver a relacionarse, y las herramientas que le hagan falta para hacerlo.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Cómo sé si es acoso o un conflicto normal?
Nos ha pedido que no hagamos nada.
Hemos hablado con el centro y no hacen nada.
¿Le cambiamos de instituto?
Terminó el curso y ya no ocurre, pero sigue mal.
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que termine, y que pueda volver a estar tranquilo
Contadnos qué está ocurriendo y os ayudamos a ordenar los pasos.


