Terapia por ciberacoso en adolescentes
El acoso escolar termina cuando suena el timbre. El ciberacoso entra en casa, sigue de madrugada y tiene público. Por eso hace falta abordarlo aparte, aunque muchas veces sea la misma gente.
Acoso que no se apaga al llegar a casa
El ciberacoso comparte con el acoso presencial los tres criterios —intención, repetición y desequilibrio de poder— y añade cuatro cosas que lo hacen distinto: no tiene horario, ocurre delante de mucha más gente, permite el anonimato y deja un rastro que puede reaparecer meses después.
Las formas más frecuentes hoy son la exclusión de grupos, los rumores, la creación de perfiles falsos suplantándole y la difusión de imágenes sin permiso, incluidas las que él mismo compartió en confianza.
Hay una diferencia importante a favor: el ciberacoso deja pruebas. Lo que en el patio es la palabra de uno contra la de otro, aquí está escrito. Por eso lo primero es no borrar nada.
Y una advertencia que conviene tener presente: algunas conductas son delito —amenazas, suplantación de identidad, difusión de imágenes íntimas—, y a partir de los 14 años hay responsabilidad penal del menor.
Lo que se nota alrededor del móvil
Aquí las señales giran en torno al teléfono, y son especialmente difíciles de leer porque a esa edad todos están pegados a él.
Lo que marca la diferencia es el cambio: cómo era antes y cómo es ahora.
Contadnos qué habéis notado- Se pone tenso o cambia de cara cuando le llega una notificación.
- Ha cerrado cuentas de golpe, o ha creado otras nuevas.
- Esconde la pantalla, o ha dejado de usar el móvil delante de vosotros.
- No duerme, o está mirando el móvil de madrugada.
- Se ha aislado de sus amigos, también fuera de internet.
- Excusas para no ir a clase, aunque el problema sea online.
- Está irritable o triste desde hace semanas sin explicación.
- Ha borrado fotos o mensajes de forma masiva.
Si aparecen autolesiones o ideas de morir, consultadlo sin esperar. El 024 atiende las 24 horas y el 112 para una urgencia.
Cortar la exposición y reparar lo que deja
La parte técnica —capturas, bloqueos, denuncias, centro— es urgente pero es solo la mitad. La otra mitad es lo que el ciberacoso deja dentro, y eso no se arregla cerrando una cuenta.
Con vuestro permiso nos coordinamos con el instituto, y va incluido.
Frenar la exposición
Documentar, bloquear, denunciar en plataforma y activar el protocolo del centro. Se acompaña esa gestión paso a paso.
Quitarle la culpa
Sobre todo si compartió algo él en su momento. Compartir una foto en confianza no justifica lo que otro hizo con ella, y hay que dejarlo claro.
Recuperar el sueño
El insomnio por vigilancia del móvil es de lo primero que aparece y de lo que más deteriora todo lo demás.
Procesar lo vivido
La sensación de exposición pública deja una huella parecida a la del trauma, y se trabaja igual.
Volver a estar online
Reconstruir su vida digital sin miedo, con criterios propios sobre qué comparte y con quién.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Le quito el móvil?
¿Borro las conversaciones para que no las vea más?
No sabemos quién es, están en cuentas anónimas.
Han difundido una foto suya.
¿Sirve de algo hablar con el instituto si pasa fuera del horario?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que su casa vuelva a ser un sitio seguro
Contadnos qué está pasando y os decimos qué hacer y en qué orden.


