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Uso problemático de pantallas

Uso problemático de pantallas en adolescentes

La pregunta que hacen casi todos los padres es cuántas horas son demasiadas. No hay una cifra, y buscarla despista: lo que define el problema no es el tiempo, es lo que ese tiempo está quitando.

Psicólogos sanitariosColegiados en Murcia
No es la cifraEs qué está desplazando
Acuerdos, no prohibicionesLo impuesto dura tres días
El sueño primeroEs donde antes se nota
Qué pasa

El problema no son las horas: es lo que desplazan

DesplazamientoConflictoEvasiónSueño
Ver problemas de sueño

Conviene empezar quitando dramatismo: pasar muchas horas con el móvil no es un trastorno. La clasificación internacional solo reconoce como tal el trastorno por videojuegos, y exige que haya pérdida de control, que el juego se anteponga a todo lo demás y que continúe pese a las consecuencias, durante al menos doce meses.

Para todo lo demás, el criterio útil es otro: qué está desplazando. Si el sueño, el estudio, los amigos presenciales y la actividad física siguen en pie, muchas horas de pantalla son un hábito, no un problema. Si han empezado a caer, hay algo que atender aunque las horas no hayan subido.

La otra pregunta clave es para qué le sirve. Muy a menudo la pantalla no es la causa sino la salida: un chaval con ansiedad social encuentra online la relación que fuera le cuesta, y uno con el ánimo bajo encuentra un sitio donde no hay que hacer nada.

Y hay una parte que no es culpa suya ni vuestra: estas aplicaciones están diseñadas para retener la atención, con recompensas variables y sin final. Pedirle fuerza de voluntad contra eso es pedirle bastante.

Señales

Cuándo deja de ser un hábito

No contéis horas: mirad qué ha desaparecido de su semana desde hace unos meses.

Esa comparación es mucho más informativa que cualquier cifra.

Contadnos qué habéis notado
  • Duerme menos, o está con la pantalla de madrugada.
  • Ha abandonado deporte, aficiones o quedadas presenciales.
  • Han bajado las notas, o no llega a las entregas.
  • Se irrita mucho cuando se le interrumpe o cuando se acaba el tiempo.
  • Miente sobre cuánto tiempo lleva o qué está haciendo.
  • Ha dejado de ver a sus amigos en persona.
  • Come delante de la pantalla, o se salta comidas.
  • Cuando no puede usarla, está inquieto y no sabe qué hacer.

Ese último punto es el que más dice: no saber qué hacer sin pantalla suele indicar que ha dejado de haber otras cosas, y eso es lo que se trabaja. Y si el daño está en lo que ocurre dentro del móvil, mirad el ciberacoso.

Quitar el móvil de golpe funciona un fin de semana y deja una guerra abierta durante meses. No porque los límites estén mal, sino porque un límite que él no entiende ni ha ayudado a fijar solo enseña a esconderse mejor. Lo que sí se sostiene: pocas normas y claras, negociadas con él, iguales todos los días, y con el móvil fuera del cuarto por la noche, que es la medida que más cambia las cosas. Y una incómoda: los acuerdos que valen para él valen para toda la casa, incluidas las comidas. Si el resto está mirando la pantalla, la norma no se sostiene sola.
Tratamiento

Devolver a su semana lo que la pantalla se ha llevado

El objetivo no es que use menos el móvil. Es que recupere lo que ha ido soltando, y eso normalmente hace que el uso baje solo.

Se trabaja con él y con vosotros, porque las normas de casa son parte del tratamiento.

Registrar de verdad

Cuánto tiempo, en qué aplicaciones y a costa de qué. Casi siempre la cifra real sorprende a los dos lados.

Ver para qué le sirve

Si detrás hay ansiedad social, ánimo bajo o aburrimiento crónico. Sin esto, cualquier límite es un parche.

Recuperar el sueño

Móvil fuera del cuarto y horarios. Es lo primero que se toca porque es lo que más arrastra todo lo demás.

Acuerdos que se sostengan

Pocos, claros, negociados con él y aplicados igual todos los días. Y con la familia entera dentro.

Llenar el hueco

Actividades que le den algo parecido a lo que le daba la pantalla. Sin sustitución, el hueco se vuelve a llenar solo.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan los padres

Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.

Preguntar por WhatsApp
¿Cuántas horas son demasiadas?
No hay una cifra que sirva para todos, y buscarla despista. El criterio es qué está desplazando: sueño, estudio, amigos presenciales y actividad física. Si eso sigue en pie, muchas horas son un hábito.
¿Existe la adicción al móvil?
Como diagnóstico formal, solo está reconocido el trastorno por videojuegos, y con criterios exigentes. Eso no significa que un uso problemático no merezca atención: significa que conviene no etiquetar de más.
¿Le quito el móvil?
De golpe y como castigo, casi nunca funciona: dura poco y abre una guerra. Funcionan los acuerdos negociados y sostenidos, empezando por sacarlo del cuarto de noche.
Solo juega, no está en redes. ¿Es mejor o peor?
Depende de lo mismo. Los videojuegos online tienen un componente social real que a veces es su única vía de relación, y eso hay que tenerlo en cuenta antes de cortarlo. Se valora qué le aporta y qué le quita.
¿Y si detrás hay otra cosa?
Es lo más frecuente. Muy a menudo la pantalla es la salida, no la causa: ansiedad social, ánimo bajo o acoso. Si hay algo debajo, se trata eso.
¿Cuánto cuesta la sesión?
60 € la sesión de 50 a 60 minutos, con la evaluación y las pruebas incluidas. Las sesiones con vosotros y la coordinación con el instituto no se cobran aparte. Aquí están todas las tarifas.
¿Hablamos?

Que la pantalla deje de ocupar el sitio de todo lo demás

Contadnos qué ha dejado de hacer y os decimos por dónde se empieza.

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