Terapia de duelo en adolescentes
Un adolescente en duelo no llora en el salón. Se encierra, sale más que nunca o se enfada con todo el mundo. Y muchas veces lo hace para no daros más disgusto del que ya tenéis.
El duelo es la respuesta normal a perder a alguien con quien había un vínculo fuerte. No es una enfermedad y la mayoría de los adolescentes lo atraviesan con el tiempo y con la gente de alrededor.
Lo que sí cambia a esta edad es la forma. El duelo adolescente es intermitente: puede estar destrozado media hora y a la siguiente estar riéndose con sus amigos. No es que no le importe. Es que a esa edad el dolor se toma en dosis.
Y suele llegar con dos cosas encima. Una: la sensación de que tiene que sostener a los adultos de casa, así que esconde lo suyo. Dos: la vergüenza de ser el diferente delante de sus amigos, justo en la etapa en la que pertenecer al grupo lo es todo.
Cuando el dolor se queda detenido y sigue impidiendo hacer vida normal muchos meses después, se habla de duelo prolongado, que sí tiene entidad clínica propia y sí tiene tratamiento.
Cuándo el duelo pide acompañamiento
Que esté mal no significa que necesite terapia. Lo que conviene mirar es si el dolor se ha quedado atascado o si le está llevando a hacer cosas que le hacen daño.
Como referencia orientativa: si pasados seis meses el malestar no cede y sigue sin poder retomar su vida, conviene consultarlo.
Contadnos qué habéis notado- Sensación constante de vacío que no afloja con los meses.
- No consigue retomar el instituto ni sus actividades.
- Se culpa de lo que pasó o de lo que no dijo a tiempo.
- Se ha aislado de sus amigos, o ha cambiado de grupo de golpe.
- Duerme mal o ha cambiado mucho de forma de comer.
- Evita por completo hablar del tema, o solo habla de eso.
- Ha empezado a consumir o a asumir riesgos que antes no asumía.
- Pensamientos recurrentes sobre la muerte, la de esa persona o la propia.
Si aparecen ideas de hacerse daño, consultadlo sin esperar. El 024 atiende las 24 horas, y el 112 para una urgencia.
Acompañar el duelo, no abreviarlo
La terapia no acorta el tiempo que necesita. Sirve para que el proceso no se quede bloqueado y para que salga de él con algo más que resignación.
Y para algo muy propio de esta edad: darle un sitio donde poder estar mal sin tener que cuidar de nadie mientras lo está.
Un espacio propio
Poder hablar sin medir cómo va a sentar en casa. A esta edad es la mitad del trabajo.
Poner nombre a lo que siente
Rabia, culpa, alivio, vergüenza. En el duelo adolescente aparecen emociones que le asustan por parecerle impropias.
Trabajar la culpa
Lo que no dijo, la última discusión, no haber estado. Es lo que más se enquista y lo que menos se cuenta.
Recolocar el vínculo
Mantener un lazo con quien ya no está compatible con su vida presente. No es olvidar: es poder seguir.
Volver a su vida
Recuperar instituto, amigos y planes, que es donde se juega su recuperación real.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsAppParece que no le ha afectado. ¿Es normal?
¿Le llevo al funeral o al hospital a despedirse?
¿Cuánto dura?
Nosotros también estamos mal. ¿Podemos ayudarle igual?
¿Y si la pérdida no ha sido una muerte?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Si quieres leer un poco más
Un sitio donde poder estar mal sin tener que cuidar de nadie
Contadnos qué habéis notado y os decimos si hace falta hacer algo.


