Uso problemático de pantallas en adolescentes
La pregunta que hacen casi todos los padres es cuántas horas son demasiadas. No hay una cifra, y buscarla despista: lo que define el problema no es el tiempo, es lo que ese tiempo está quitando.
El problema no son las horas: es lo que desplazan
Conviene empezar quitando dramatismo: pasar muchas horas con el móvil no es un trastorno. La clasificación internacional solo reconoce como tal el trastorno por videojuegos, y exige que haya pérdida de control, que el juego se anteponga a todo lo demás y que continúe pese a las consecuencias, durante al menos doce meses.
Para todo lo demás, el criterio útil es otro: qué está desplazando. Si el sueño, el estudio, los amigos presenciales y la actividad física siguen en pie, muchas horas de pantalla son un hábito, no un problema. Si han empezado a caer, hay algo que atender aunque las horas no hayan subido.
La otra pregunta clave es para qué le sirve. Muy a menudo la pantalla no es la causa sino la salida: un chaval con ansiedad social encuentra online la relación que fuera le cuesta, y uno con el ánimo bajo encuentra un sitio donde no hay que hacer nada.
Y hay una parte que no es culpa suya ni vuestra: estas aplicaciones están diseñadas para retener la atención, con recompensas variables y sin final. Pedirle fuerza de voluntad contra eso es pedirle bastante.
Cuándo deja de ser un hábito
No contéis horas: mirad qué ha desaparecido de su semana desde hace unos meses.
Esa comparación es mucho más informativa que cualquier cifra.
Contadnos qué habéis notado- Duerme menos, o está con la pantalla de madrugada.
- Ha abandonado deporte, aficiones o quedadas presenciales.
- Han bajado las notas, o no llega a las entregas.
- Se irrita mucho cuando se le interrumpe o cuando se acaba el tiempo.
- Miente sobre cuánto tiempo lleva o qué está haciendo.
- Ha dejado de ver a sus amigos en persona.
- Come delante de la pantalla, o se salta comidas.
- Cuando no puede usarla, está inquieto y no sabe qué hacer.
Ese último punto es el que más dice: no saber qué hacer sin pantalla suele indicar que ha dejado de haber otras cosas, y eso es lo que se trabaja. Y si el daño está en lo que ocurre dentro del móvil, mirad el ciberacoso.
Devolver a su semana lo que la pantalla se ha llevado
El objetivo no es que use menos el móvil. Es que recupere lo que ha ido soltando, y eso normalmente hace que el uso baje solo.
Se trabaja con él y con vosotros, porque las normas de casa son parte del tratamiento.
Registrar de verdad
Cuánto tiempo, en qué aplicaciones y a costa de qué. Casi siempre la cifra real sorprende a los dos lados.
Ver para qué le sirve
Si detrás hay ansiedad social, ánimo bajo o aburrimiento crónico. Sin esto, cualquier límite es un parche.
Recuperar el sueño
Móvil fuera del cuarto y horarios. Es lo primero que se toca porque es lo que más arrastra todo lo demás.
Acuerdos que se sostengan
Pocos, claros, negociados con él y aplicados igual todos los días. Y con la familia entera dentro.
Llenar el hueco
Actividades que le den algo parecido a lo que le daba la pantalla. Sin sustitución, el hueco se vuelve a llenar solo.
Lo que más nos preguntan los padres
Y si os queda alguna, escribidnos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿Cuántas horas son demasiadas?
¿Existe la adicción al móvil?
¿Le quito el móvil?
Solo juega, no está en redes. ¿Es mejor o peor?
¿Y si detrás hay otra cosa?
¿Cuánto cuesta la sesión?
Que la pantalla deje de ocupar el sitio de todo lo demás
Contadnos qué ha dejado de hacer y os decimos por dónde se empieza.


