Terapia para el perfeccionismo y la autoexigencia
El problema no es tener el listón alto. Es que se mueve: en cuanto llegas, sube. Y lo que queda después de cada logro no es orgullo, es el siguiente pendiente.
Un listón que se mueve contigo
Ser exigente no es un problema: mucha gente hace bien su trabajo precisamente por eso. El perfeccionismo empieza cuando el listón deja de ser una meta y pasa a ser una condición para estar tranquilo.
La señal más clara no es cuánto te esfuerzas, es qué pasa cuando lo consigues. Si al llegar no hay alivio sino un objetivo nuevo, el sistema no está midiendo logros: está midiendo si te libras del malestar. Y eso no se llena nunca.
Suele venir con una compañera que despista: la procrastinación. Quien no soporta hacer algo regular acaba no empezándolo, y desde fuera parece dejadez cuando es justo lo contrario. Aplazar es una manera de no arriesgarse a quedar por debajo.
Con los años cobra su precio en forma de ansiedad, insomnio o un agotamiento que no se arregla durmiendo. Casi siempre se consulta por eso, no por el perfeccionismo, que hasta entonces parecía una virtud.
Cómo se nota en el día a día
Nadie pide cita por ser perfeccionista. Se pide por no dormir, por no poder parar o por un bloqueo que ya está costando cosas.
No hace falta que se cumplan todas. Con tres o cuatro sostenidas en el tiempo, tiene sentido mirarlo.
Cuéntanos tu caso- Revisas cosas que ya están terminadas, más veces de las necesarias.
- Aplazas justo lo que más te importa, y no lo que menos.
- Un error pequeño te ocupa la cabeza días.
- Te cuesta delegar, porque nadie lo va a hacer como tú.
- Cuando algo te sale bien piensas que fue suerte o que era fácil.
- Descansar te genera culpa, incluso cuando has terminado.
- Comparas tu resultado con el mejor que has visto, no con lo que hacía falta.
- Te hablas a ti mismo como no le hablarías a nadie.
Que te haya funcionado hasta ahora no significa que salga gratis. Suele ser lo primero que dice la gente y también lo que más tarde en revisarse.
Separar el listón de tu valor
No se trabaja bajando exigencias por decreto, que además no funciona. Se trabaja cambiando la relación con ellas.
Es el terreno de las terapias contextuales: no discutir con el pensamiento exigente, sino quitarle el mando.
Ver el mecanismo
Qué disparas, qué evitas y qué consigues a corto plazo. La exigencia siempre está resolviendo algo: primero hay que saber el qué.
Bajar del pensamiento
Aprender a notar «esto no es suficiente» como lo que es, una frase que aparece, y no como un dato sobre la realidad.
Aflojar la autocrítica
Cambiar el tono con el que te hablas cuando algo sale mal. No es indulgencia, es dejar de gastar energía en el castigo.
Probar en pequeño
Entregar algo suficientemente bueno, no revisarlo, y comprobar qué pasa de verdad. Casi nunca pasa lo que se teme.
Elegir dónde sí
Decidir en qué merece la pena el nivel máximo y en qué no. Exigirse a conciencia, en vez de por defecto.
Las personas del equipo que llevan esto
Si acabas pidiendo cita por este motivo, es con alguna de ellas con quien te vas a sentar.
Lo que se pregunta antes de llamar
Y si te queda alguna, escríbenos. Preguntar no compromete a nada.
Preguntar por WhatsApp¿No voy a perder nivel si trabajo esto?
Yo no soy perfeccionista, es que lo dejo todo para el final
¿Esto tiene que ver con la autoestima?
¿Y si además tengo ansiedad o no duermo?
¿Cuántas sesiones hacen falta?
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Hacer las cosas bien sin que cueste tanto
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