«[…] la naturaleza rara vez trabaja con categorías separadas. Solo la mente humana inventa categorías e intenta encajar los hechos a la fuerza en casillas».
Alfred Kinsey
Hablar de parafilias suele despertar curiosidad. Y también bastantes dudas: ¿qué se considera una parafilia?, ¿tener una fantasía sexual poco habitual significa tener un problema?, ¿y dónde está la línea entre una práctica diferente y un trastorno?
Durante mucho tiempo, todo aquello que se alejaba de lo considerado «normal» en sexualidad se clasificó como una desviación. Hoy sabemos que las cosas son bastante más complejas, y que la sexualidad humana es diversa.
Que exista o no un problema tiene más que ver con el malestar, el consentimiento, el impacto en la vida de la persona y la posibilidad de causar daño que con que una determinada práctica nos resulte extraña o poco habitual.
¿Qué son las parafilias?
El término parafilia se utiliza para hacer referencia a determinados intereses sexuales intensos y persistentes que se alejan de las formas de excitación sexual más habituales.
Pero hay algo importante que conviene aclarar desde el principio: parafilia no significa necesariamente trastorno.
Puedes tener fantasías o preferencias sexuales poco frecuentes y no experimentar ningún problema por ello. Puedes vivir tu sexualidad de manera satisfactoria, sin sufrimiento y respetando los límites y el consentimiento de otras personas.
Por eso, actualmente no resulta adecuado dividir la sexualidad simplemente entre «normal» y «anormal».
Parafilia y trastorno parafílico: ¿son lo mismo?
No. Y esta es, probablemente, la diferencia más importante cuando hablamos de parafilias.
El DSM-5-TR, la edición vigente del manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, distingue entre los intereses sexuales atípicos y los trastornos parafílicos. Para hablar de trastorno deben cumplirse unos criterios clínicos, que varían según el diagnóstico, y el patrón tiene que mantenerse durante al menos seis meses.
En algunos casos, el interés sexual provoca un malestar psicológico significativo o interfiere de forma importante en la vida de la persona. En otros, el problema está relacionado con actuar sobre impulsos sexuales que implican sufrimiento, daño o falta de consentimiento por parte de otras personas.
Que algo sea poco frecuente no basta para considerarlo un trastorno. Lo importante es qué ocurre con ese interés y qué consecuencias tiene.
Los ocho tipos de parafilias más comunes según el DSM-5
El DSM-5-TR recoge ocho trastornos parafílicos específicos. Los incluye por ser relativamente frecuentes y porque algunos implican conductas que constituyen delito.
1. Trastorno de voyeurismo
Se relaciona con la excitación sexual derivada de observar a personas que no saben que están siendo observadas, especialmente en situaciones de intimidad o desnudez.
El consentimiento es lo que diferencia esta conducta de otras formas de observación sexual consensuada.
2. Trastorno de exhibicionismo
Está relacionado con la excitación sexual derivada de exponer los propios genitales ante una persona que no lo espera y que no ha consentido esa conducta.
No debe confundirse con la exhibición sexual consensuada entre adultos.
3. Trastorno de frotteurismo
Se refiere a la excitación asociada a tocar o frotarse contra otra persona sin su consentimiento.
4. Trastorno de sadismo sexual
Consiste en la excitación sexual derivada de provocar sufrimiento físico o psicológico a otra persona.
Ahora bien, esto no significa que cualquier práctica sexual relacionada con el dolor o la dominación sea un trastorno. La clave está en diferenciar las conductas no consentidas de las prácticas sexuales consensuadas.
5. Trastorno de masoquismo sexual
Se relaciona con la excitación sexual vinculada a experimentar humillación, sometimiento, dolor o sufrimiento.
Al igual que ocurre con el sadismo, tener estas preferencias no implica por sí solo un trastorno: hay que valorar el contexto y los criterios clínicos correspondientes.
6. Trastorno de pedofilia
Implica un interés sexual intenso y persistente hacia niños o niñas que todavía no han llegado a la pubertad, por lo general de 13 años o menos.
Hay que separar dos cosas que a menudo se confunden: la existencia de una atracción y el abuso sexual infantil. Un niño no puede consentir una relación sexual con un adulto: cualquier acto sexual con un niño es un delito, y desde la reforma de 2022 el Código Penal lo castiga como agresión sexual.
Y también hay que decirlo: quien siente esa atracción y no ha actuado sobre ella puede pedir ayuda profesional. Pedirla a tiempo es también una forma de proteger a los niños.
7. Trastorno de fetichismo
Se relaciona con una excitación sexual intensa y persistente asociada a determinados objetos inanimados o partes concretas del cuerpo que no son los genitales.
Tener preferencia por determinadas prendas, objetos o partes del cuerpo no significa automáticamente que exista un trastorno.
8. Trastorno de travestismo
Se relaciona con la excitación sexual asociada al uso de prendas tradicionalmente vinculadas a otro género.
Aquí tampoco hay que sacar conclusiones precipitadas: vestirse con ropa asociada culturalmente a otro género no constituye por sí mismo un trastorno. Tampoco implica necesariamente una determinada orientación sexual o identidad de género.
Fantasías poco habituales: cuándo no son un trastorno
Las fantasías sexuales pueden ser extraordinariamente variadas. Algunas personas tienen fantasías que nunca desean llevar a la práctica; otras disfrutan de determinadas prácticas que simplemente no son especialmente frecuentes. Una fantasía no se convierte en un trastorno porque resulte extraña para otra persona o porque no forme parte de lo que solemos considerar convencional.
Cuando lo valoramos en consulta, nos interesa conocer, entre otras cosas, qué importancia tiene para la persona, si le genera sufrimiento, si interfiere en su vida y si existe consentimiento cuando participan otras personas.
Hay además un caso que genera mucha angustia. Quizá tienes pensamientos sexuales que no deseas, que te provocan rechazo y que te hacen temer que signifiquen algo terrible sobre ti. Eso no es lo mismo que una parafilia: a menudo se trata de pensamientos intrusivos propios del trastorno obsesivo-compulsivo, que se valoran y se tratan de otra manera.
¿El BDSM es una parafilia?
Esta es una pregunta que aparece con frecuencia.
El BDSM (bondage y disciplina, dominación y sumisión, sadismo y masoquismo) engloba diferentes prácticas y dinámicas relacionadas con el intercambio de poder o determinadas experiencias de dolor o restricción.
Pero practicar BDSM de forma consensuada entre adultos no significa tener un trastorno mental. Lo relevante es que exista consentimiento, libertad para decidir y respeto por los límites de todas las personas implicadas.
Es también el criterio de la CIE-11, la clasificación de la Organización Mundial de la Salud vigente desde 2022. Ya no recoge el fetichismo, el travestismo ni el masoquismo como diagnósticos con nombre propio, y el sadismo solo tiene diagnóstico propio cuando es coercitivo, es decir, cuando se ejerce sobre alguien que no ha consentido. El foco está puesto, cada vez más, en el consentimiento y en el daño, no en lo poco habitual de la práctica.
Por eso, no es correcto equiparar automáticamente BDSM y trastorno parafílico.
Cuándo conviene pedir ayuda
Puede ser recomendable consultar con un profesional cuando un interés sexual:
- te provoca un malestar importante;
- interfiere de forma significativa en tus relaciones, en tu trabajo o en otras áreas de tu vida;
- te genera una sensación persistente de pérdida de control;
- implica conductas que pueden causar daño;
- supone el riesgo de actuar sexualmente sobre alguien que no puede o no quiere consentir.
En estos casos, pedir ayuda no significa que haya que juzgar o «corregir» tu sexualidad. La intervención psicológica puede centrarse en comprender qué está ocurriendo, reducir el malestar y favorecer una sexualidad segura y respetuosa.
Y por último…
¿Te has hecho alguna de las preguntas de este artículo pensando en ti? Esa duda, por sí sola, no dice nada malo de ti. Hablar de sexualidad desde la psicología exige evitar dos extremos: patologizar cualquier forma de sexualidad que se salga de lo habitual e ignorar las situaciones en las que sí hay sufrimiento, falta de consentimiento o riesgo de daño.
Si sientes que algún aspecto de tu sexualidad te genera malestar, te preocupa o está afectando a tus relaciones, puedes dar el paso. En nuestro centro de psicología en Murcia, MindUp Psicólogos, te ofrecemos un espacio seguro, confidencial y sin juicios para ayudarte a entender lo que te ocurre y a vivir tu sexualidad con más tranquilidad.
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Q significa fetichismo transexual y bisexualidad contacto con hombres durante ese momento y también querer ser heterosexual al momento de buscel clímax, se puede querer ser de dos sexos en una sola noche?