«No es pobre quien tiene poco, sino quien desea más».
Séneca
La vida es como una partida de cartas
La vida puede compararse con una partida de cartas, un juego en el que debemos aprender a desenvolvernos con las cartas que nos han sido repartidas. Es innegable que no todos empezamos con el mismo conjunto de cartas y que algunas personas parten de circunstancias mucho más favorables que otras.
Al observar a nuestro alrededor, probablemente encontremos jugadores que parecen tener mejores cartas que las nuestras y otros que se enfrentan a dificultades mucho mayores. Hay cartas que no elegimos: nuestra historia, determinadas pérdidas, problemas de salud, circunstancias familiares o económicas, o experiencias que simplemente nos han tocado vivir. Negar esas diferencias no sería realista.
Sin embargo, además de las cartas que recibimos, importa qué hacemos con ellas. Podemos pasar buena parte de la partida lamentándonos por no tener otras diferentes, o podemos aprender a jugar lo mejor posible con las que tenemos, intentando cambiar lo que sí está en nuestra mano y aceptando lo que no podemos controlar.
A veces ocurre algo más: estamos tan concentrados en querer ganar que se nos olvida disfrutar del juego. ¿No crees que esto también nos sucede en la vida? En ocasiones estamos tan empecinados en conseguir algo, alcanzar la siguiente meta o llegar a ser una determinada versión de nosotros mismos, que se nos olvida disfrutar del momento presente.
¿Qué es la insatisfacción crónica?
La insatisfacción crónica es esa sensación persistente de que lo que tenemos, hacemos o somos nunca termina de ser suficiente. No es un diagnóstico psicológico, sino una forma de relacionarnos con nuestra vida que, cuando se mantiene en el tiempo, genera malestar, frustración e inquietud.
Cuando nos sentimos constantemente insatisfechos, nos cuesta saborear el presente. Pasamos mucho tiempo visualizando el futuro, pensando en «lo que podemos llegar a ser» o en «lo que podemos llegar a tener», y creemos que cuando consigamos un determinado objetivo nos sentiremos, por fin, en paz con nosotros mismos.
Cuando tenga ese trabajo estaré mejor. Cuando adelgace. Cuando gane más dinero. Cuando encuentre pareja. Cuando tenga una casa mejor. Cuando consiga esto que me falta…
El problema aparece cuando nuestro bienestar queda continuamente aplazado hasta que se cumpla la siguiente condición. Tener objetivos no es negativo: desear, crecer o proponernos nuevos retos puede ser muy enriquecedor. La dificultad está en convertir esos deseos en condiciones necesarias para poder estar bien.
En este proceso suelen intervenir la comparación social, la autoexigencia, el perfeccionismo, la inseguridad y una autoestima demasiado dependiente de los logros.
¿Cómo se manifiesta la insatisfacción crónica?
Hay señales que se repiten mucho:
- Nada termina de ser suficiente. Conseguimos algo que llevábamos mucho tiempo deseando y, en lugar de detenernos a disfrutarlo, nuestra mente empieza casi de inmediato a pensar en lo siguiente.
- Nos cuesta reconocer nuestro propio recorrido. La atención se va a todo lo que aún falta, y los logros pierden importancia con rapidez. Lo que hace dos años habría sido motivo de enorme satisfacción hoy nos parece, simplemente, «lo normal».
- Nos comparamos constantemente con los demás, y necesitamos mucho su aprobación.
- Tenemos la sensación de llegar tarde: pensamos a menudo en lo que deberíamos haber conseguido a determinada edad o en determinado momento de nuestra vida.
La paradoja es que podemos avanzar mucho y, sin embargo, sentir que seguimos en el mismo sitio, porque el punto de llegada también se desplaza.
¿Por qué nada me hace feliz?
Conviene hacer una distinción importante: no es lo mismo vivir con una tendencia a la insatisfacción que perder, durante semanas, el interés o la capacidad de disfrutar de actividades que antes nos resultaban agradables.
Decir «nada me hace feliz» puede expresar experiencias muy diferentes, y no todas se explican por la insatisfacción crónica. Cuando además aparecen un estado de ánimo persistentemente bajo, desesperanza, aislamiento, alteraciones importantes del sueño o del apetito, dificultades para concentrarse o una sensación intensa de vacío, puede haber detrás un problema del estado de ánimo, como la depresión, y es recomendable pedir una valoración profesional.
Y si en algún momento aparecen ideas de no querer seguir viviendo, no esperes: el 024 atiende gratis y a cualquier hora.
¿Por qué hoy en día hay cada vez más personas insatisfechas?
Vivimos en una sociedad en la que, al menos aparentemente, todo es posible. Nos animan a superar nuestras limitaciones, romper barreras, alcanzar nuestros sueños, ser personas de éxito y convertirnos continuamente en nuestra «mejor versión».
En principio, no hay nada malo en querer crecer. La dificultad empieza cuando interiorizamos la idea de que siempre deberíamos estar mejorando algo. Nuestro cuerpo puede estar mejor. Nuestra casa puede ser más bonita. Podemos ganar más dinero, viajar más, trabajar mejor, ser mejores padres, comer mejor, hacer más deporte e incluso descansar de una manera más productiva. Siempre parece existir una versión mejor de nuestra vida a la que todavía no hemos llegado.
A esto se suma un fenómeno que hoy tiene un peso enorme: la comparación social. Las redes sociales nos permiten asomarnos continuamente a la vida de cientos de personas: sus viajes, sus logros, sus relaciones, sus cuerpos, sus casas, sus momentos felices. Pero solemos comparar nuestra vida completa —con sus inseguridades, dificultades y días malos— con una selección muy concreta de la vida de los demás. Y en esa comparación siempre podemos perder: siempre habrá alguien que gane más dinero, viaje más, parezca tener una relación más feliz o haya conseguido aquello que nosotros todavía estamos buscando. Es el terreno en el que crece la envidia.
La insatisfacción también tiene que ver con la inseguridad y la autoestima. Cuando nuestra valoración personal depende demasiado del reconocimiento externo o de lo que conseguimos, el éxito se convierte en una forma de demostrarnos constantemente que somos válidos. La lógica interna sería algo así: «Cuanto más consiga, más valioso seré». Pero cuando nuestra valía depende del siguiente logro, es muy difícil llegar a sentir que ya somos suficientes.
Insatisfacción crónica y adaptación: ¿por qué nos acostumbramos tan rápido a lo que conseguimos?
Hay otro proceso que explica por qué la satisfacción de algunos logros dura menos de lo que imaginábamos: las personas tenemos una enorme capacidad para acostumbrarnos a los cambios.
Piensa en algo que hoy forma parte de tu vida y que hace unos años deseabas muchísimo: un trabajo, una vivienda, una relación, cierta estabilidad económica, algún logro personal. Es muy probable que, al conseguirlo, sintieras una gran satisfacción. Con el tiempo dejó de ocupar tu atención y pasó a formar parte de lo cotidiano. No significa que ya no tenga valor. Significa que te has acostumbrado a tenerlo.
Por eso depositar toda nuestra expectativa de bienestar en la siguiente meta puede convertirse en una carrera sin final. Cuando conseguimos una, aparece otra. Y después, otra. Y acabamos viviendo en una especie de futuro permanente, esperando llegar a un lugar desde el que, por fin, podremos sentirnos tranquilos.
¿Significa esto que deberíamos conformarnos?
No.
Aceptar nuestra vida actual no significa resignarnos, abandonar nuestros objetivos ni dejar de intentar cambiar lo que no nos gusta. Podemos querer mejorar nuestra situación profesional y valorar lo que hemos conseguido hasta ahora; cuidar nuestro cuerpo sin despreciarlo; aspirar a ganar más dinero sin pensar que nuestra vida actual carece de valor; trabajar en nuestras dificultades sin vivir enfrentados a nosotros mismos.
Aceptación y cambio no son incompatibles. La cuestión es poder decir: hay cosas de mi vida que quiero cambiar y, al mismo tiempo, mi vida no tiene que quedar suspendida hasta que lo consiga.
¿Qué podemos hacer para librarnos de la insatisfacción crónica?
No existe una fórmula para sentirnos satisfechos permanentemente, y probablemente tampoco sería realista aspirar a ello. La insatisfacción también cumple una función: nos señala lo que queremos cambiar y puede impulsarnos a crecer. Se convierte en un problema cuando deja de ser una señal puntual y pasa a ser nuestra manera habitual de mirar la vida.
5 claves para mejorar la insatisfacción con la vida
1. Lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante
Debemos aprender a dar valor a aquello que realmente lo tiene y a organizar nuestras prioridades de forma más consciente. Los vínculos significativos, la salud, el descanso, el disfrute del presente o vivir de acuerdo con nuestros valores pueden quedar relegados mientras perseguimos otros objetivos. Esto no significa que el trabajo, el dinero o nuestros proyectos no sean importantes: significa preguntarnos qué lugar queremos que ocupen.
A veces dedicamos una enorme cantidad de energía a algo que creemos imprescindible y, cuando por fin lo conseguimos, descubrimos que no tenía tanta capacidad para cambiar nuestra vida como imaginábamos. Por eso puede ser útil que te preguntes: ¿estoy dedicando mi tiempo a lo que de verdad considero importante? Porque una cosa es saber cuáles son nuestras prioridades y otra muy distinta vivir de acuerdo con ellas.
2. No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita
Es importante distinguir entre lo que es una necesidad y lo que es un deseo.
Evidentemente, las circunstancias externas importan. No es lo mismo tener seguridad, salud, vivienda y unas condiciones económicas suficientes que vivir sin tener cubiertas las necesidades fundamentales. Por eso sería simplista afirmar que nuestro bienestar depende solo de nuestra actitud. Pero tampoco todo lo que deseamos es una necesidad.
Podemos querer una vivienda mejor, un determinado aspecto físico, un ascenso, más dinero o viajar más a menudo, y conseguirlo puede aportarnos satisfacción. El problema llega cuando transformamos un deseo en una necesidad psicológica: «Necesito conseguir esto para poder estar bien». Cuantas más condiciones pongamos entre nosotros y la posibilidad de sentirnos satisfechos, más difícil será alcanzar esa satisfacción.
3. Valora quién eres en este momento. No te compares con otras personas
Mantener la atención constantemente en lo que otros tienen o en cómo son genera un profundo malestar. Es más saludable aceptarnos, reconociendo nuestras características, capacidades y limitaciones, sin evaluarlas continuamente frente a las de los demás.
La partida de cartas lo ilustra bien: cada persona cuenta con recursos, habilidades, circunstancias y dificultades diferentes. ¿Por qué pretender entonces que todos juguemos exactamente la misma partida? Comparar solo el resultado, sin tener en cuenta las cartas con las que cada uno ha tenido que jugar, lleva muchas veces a conclusiones injustas.
La comparación más constructiva es con nosotros mismos: observar nuestro recorrido, reconocer lo aprendido y decidir hacia dónde queremos seguir avanzando. El objetivo no tiene por qué ser superar a otros, sino crecer sin convertir la vida en una competición permanente.
4. No te fijes únicamente en lo que no tienes, valora también lo que tienes
Cuando la insatisfacción es alta, ponemos casi toda la atención en lo que todavía no hemos conseguido y dejamos en segundo plano nuestros logros, nuestros recursos y nuestra situación actual. Queremos «llegar a ser…» o «llegar a tener…», y terminamos restando valor a todo lo que ya somos o ya tenemos.
Reconocer lo que funciona no pretende convencernos de que «todo está bien». Sirve para corregir una mirada que se ha acostumbrado tanto a detectar lo que falta que deja de registrar lo que ya existe.
5. Practica la gratitud, pero sin convertirla en otra obligación
La gratitud puede ayudarnos a llevar la atención hacia lo que ya está presente en nuestra vida y que, por haberse vuelto cotidiano, pasa desapercibido.
No se trata de negar los problemas ni de repetirnos que somos afortunados cuando estamos sufriendo. Tampoco de sentirnos culpables porque «deberíamos estar agradecidos», ni de pensar que no tenemos derecho a sentir malestar porque otras personas tienen problemas mayores. Podemos estar agradecidos y tristes a la vez: valorar lo que tenemos y desear algo diferente, reconocer lo bueno de nuestra vida y estar atravesando una etapa difícil.
La gratitud es útil cuando amplía nuestra mirada, no cuando se convierte en otra exigencia. Si miramos solo lo que falta, siempre encontraremos alguna ausencia. Aprender a ver también lo que está presente nos ayuda a recuperar una perspectiva más equilibrada.
Y por último…
Podemos querer otras cartas y aprender, al mismo tiempo, a jugar con las que tenemos. Podemos mejorar nuestra vida sin convertir el presente en una sala de espera. Porque, mientras pensamos en todo lo que todavía queremos llegar a ser o conseguir, ocurre algo que merece la pena recordar: nuestra vida ya está sucediendo.
Si sientes que la insatisfacción está afectando a tu día a día y te cuesta disfrutar de lo que consigues, podemos ayudarte a entender qué la mantiene y a cambiar esos patrones. En MindUp Psicólogos, en Murcia, te acompañamos de forma presencial u online: escríbenos o llámanos al 868 24 08 67.
Si te has quedado pensando en qué es de verdad la felicidad, en ¿Y a ti qué te hace feliz? repasamos lo que han dicho sobre ella los grandes pensadores.




Hola hoy me permití a leer y encontré lo qué si me hizo reflexionar un poquito más de valorar mi vida y aceptar lo que está pasando con mi familia gracias y si quiero seguir leyendo gracias