«Las imperfecciones no son insuficiencias; son recordatorios de que todos estamos juntos en esto».
B. Brown.
¿Y si nos dijeran que no necesitamos hacerlo todo bien para que nuestros hijos sean felices y se desarrollen de manera saludable?
Vivimos la crianza rodeados de consejos, opiniones, libros y referentes de maternidad aparentemente perfectos. No es raro sentir que siempre deberíamos saber qué hacer, cómo y cuándo hacerlo.
Cuando no llegamos, algo que ocurre con frecuencia, aparece la culpa, la duda y la sensación de no ser suficientes como madres.
Desde la psicología, sin embargo, el mensaje es distinto y tranquilizador: la maternidad puede vivirse desde la imperfección sin comprometer el bienestar de los hijos ni la salud mental de la madre.
Imagina que la maternidad fuera como aprender a andar en bicicleta: no necesitas pedalear perfectamente todo el tiempo, sino sostenerte, caerte, levantarte y seguir avanzando.
¿Qué significa ser una madre «suficientemente buena»?
Donald Woods Winnicott, pediatra y psicoanalista, introdujo el concepto de madre suficientemente buena para cuestionar el ideal de la madre perfecta.
No se trata de una técnica de crianza, sino de una manera de situarse como madre: estar presente, aceptar la propia imperfección y ser capaz de reparar cuando algo falla.
Una madre suficientemente buena, la mayor parte del tiempo:
- Está disponible emocionalmente.
- Atiende las necesidades físicas y afectivas del hijo.
- Ofrece cuidado y presencia sin intentar evitar todos los errores.
No hace falta hacerlo todo perfecto; lo suficiente es suficiente para un desarrollo emocional saludable.
En una época en la que predominaba la idea de que las madres debían aspirar a la perfección y seguir un conjunto de normas precisas para criar adecuadamente, Winnicott introdujo una mirada renovadora.
Cuestionó ese ideal rígido y defendió que no era necesario ajustarse a un modelo perfecto para favorecer un desarrollo saludable.
Winnicot confiaba en que la madre dispone de una capacidad espontánea para responder a su hijo sin necesidad de apoyarse en reglas externas estrictas. Para él, la imperfección no solo era inevitable, sino necesaria.
Los pequeños fallos de la madre permiten que el niño experimente la realidad de un mundo imperfecto, aprenda a tolerar la frustración y desarrolle recursos propios para enfrentarse a la vida. Esa capacidad de equivocarse y repararlo es, precisamente, lo que fortalece tanto la autonomía del niño como la confianza de la madre en sí misma.
Hoy, aunque el contexto ha cambiado, la exigencia continúa bajo otras formas. La comparación constante y la presión por “hacerlo bien” pueden erosionar la confianza materna y alimentar una culpa persistente que poco tiene que ver con el bienestar real del hijo.
Aceptar la imperfección y confiar en tu intuición como madre es exactamente lo que Winnicott consideraba suficiente para el desarrollo emocional del niño.
¿Cómo ser una madre «suficientemente buena»?
La maternidad no es un estado de perfección constante, sino un proceso lleno de desafíos, emociones complejas y aprendizajes diarios.
Adoptar la perspectiva de madre suficientemente buena significa aceptar que equivocarse y sentirse desbordada es parte de la maternidad, y que eso no reduce tu capacidad como madre.
Fallar sin derrumbarse
Fallar forma parte de la maternidad real. La madre suficientemente buena puede equivocarse sin que su identidad como madre se tambalee.
Puede perder la paciencia, no anticipar todas las necesidades de su hijo, sentirse agotada o frustrada, sin vivir cada error como un fracaso absoluto. La clave está en reconocer los errores, aprender de ellos y, cuando sea necesario, repararlos. Este acto de reparación, según Winnicott, fortalece tanto al vínculo madre-hijo como la confianza de la madre en sí misma.
Fallar no significa descuidar al hijo, sino comprender que la maternidad es un espacio de práctica y aprendizaje, donde la imperfección permite al niño y a la madre crecer juntos.
Separarse sin culpa
Separarse es otro pilar de la maternidad sostenible. Esto no se refiere solo a la distancia física, sino también a la separación emocional y la autonomía personal.
La madre suficientemente buena sabe que permitirse tiempo para sí misma no es egoísmo, sino cuidado personal, necesario para sostener la energía y la paciencia. Cuando la madre se permite este espacio, también enseña de forma implícita que el cuidado no es sinónimo de sacrificio absoluto, sino de equilibrio entre los propios límites y los del hijo.
Separarse sin culpa ayuda a reducir el agotamiento y la sobrecarga emocional, favoreciendo una maternidad más consciente y sostenible a largo plazo.
Poner límites sin sentirse mala madre
Poner límites es un acto de amor y protección. La madre suficientemente buena entiende que decir no, marcar normas o gestionar la frustración del hijo no es señal de carencia de afecto, sino de organización y cuidado de la convivencia.
Cuando los límites se establecen desde la coherencia y no desde la ansiedad o la culpa, fortalecen la seguridad del niño y la confianza de la madre en su rol. Además, permiten que la madre mantenga su propia integridad emocional, evitando el agotamiento o la sensación de sobreexigencia constante.
El límite, entonces, deja de ser un castigo o un conflicto, y se convierte en una herramienta para cuidar tanto al hijo como a la madre.
Tolerar la ambivalencia
La maternidad se caracteriza por ambivalencia: amor y cansancio, entrega y deseo de desconexión, preocupación y necesidad de espacio personal. Reconocer estas emociones como parte natural de la maternidad es esencial para sostener un vínculo saludable y proteger la salud mental de la mujer.
La madre suficientemente buena no niega sus emociones ni se juzga por sentirlas, sino que aprende a convivir con ellas, a regularlas y a integrarlas en su experiencia materna. Esta tolerancia a la ambivalencia permite que la maternidad sea auténtica, flexible y menos agotadora, y refuerza la capacidad de reparar y acompañar a los hijos desde un lugar de presencia consciente.
Y por último…: ¿Cómo podemos acompañarte?
Criar suficientemente bien no exige perfección, sino capacidad de sostener la propia humanidad. Cómo hemos ido viendo a lo largo del artículo, ser una madre suficientemente buena implica:
- Fallar y reparar.
- Separarse y cuidar de sí misma.
- Poner límites con coherencia.
- Tolerar emociones contradictorias sin culpa excesiva.
En nuestro Centro de Psicología en Murcia, acompañamos a madres que enfrentan la autoexigencia, la culpa materna y la presión de la maternidad ideal.
Te ayudamos a encontrar confianza en tu propia manera de criar, a manejar la culpa y a establecer un equilibrio que permita cuidar de ti misma sin sentirte culpable.
Adoptar la posición de madre suficientemente buena no solo favorece el desarrollo emocional de tus hijos, sino que protege tu salud mental, permitiéndote vivir la maternidad con autenticidad y menos presión.
Si la culpa o la autoexigencia te abruman, en nuestro Centro de Psicología en Murcia te ayudamos a encontrar tu propia manera de criar sin descuidarte a ti misma. Te animamos a contactar con nosotras sin ningún compromiso.
Si te ha gustado este artículo y es de tu interés continuar profundizando en el tema de la maternidad, te recomendamos leer este otro artículo: «El equilibrio de la maternidad: cuidarte a ti para cuidar a tu bebé«.




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